Caso 'De Miguel'

Gurutz Larrañaga: "Que la absolución sirva para restaurar mi dignidad"

La sentencia del 'caso De Miguel' ha absuelto al exviceconsejero de Cultura Gurutz Larrañaga, que confiesa tener una sensación de "paz y tranquilidad"

18.12.2019 | 11:20
Gurutz Larrañaga.

DONOSTIA. Todavía está asimilando su absolución tras una "pesadilla" de diez años en la que el fiscal llegó a pedir para él 14 años de cárcel, luego rebajados a 17 años de inhabilitación y, finalmente, quedar libre de toda pena. Gurutz Larrañaga, exviceconsejero de Cultura cuando ocurrieron los hechos del caso De Miguel, aprovecha la entrevista con el Grupo Noticias para agradecer el apoyo de su mujer y de sus tres hijos, de amigos y conocidos, y también de su partido. Además, quiere reconocer "la dedicación y el acierto" de su abogado, Miguel Alonso Belza. Ahora, para Larrañaga, lo más importante es que la absolución le valga para "restaurar mi dignidad como una persona que ha ejercido el servicio público con honradez y transparencia. Ejercí 12 años como concejal y quieras o no me conoce mucha gente. A ver si esta sentencia hace posible que se me mire con mejor cara".

¿Qué ha sentido al conocer su absolución?

-Es una satisfacción y una tranquilidad enorme, porque después de una pesadilla de 10 años se ha certificado mi inocencia a través de la sentencia. Es una sensación de paz y tranquilidad.

¿Albergaba alguna duda de este, para usted, feliz desenlace?

-Aunque tenía alguna duda respecto al mantenimiento del único delito que me quedaba, el de prevaricación, en mi interior sí esperaba la absolución porque creía en los argumentos y en la manera en que hemos llevado la defensa.

Fue imputado hace diez años. ¿Cómo ha sobrellevado todo este tiempo?

-El proceso judicial ha tenido repercusiones sociales muy negativas para mí y para mi familia. La presencia de mi persona en los medios ha sido larga y continuada y también me ha provocado un desgaste personal muy importante. Ha habido una condena social previa, desde que te declaran culpable antes del juicio. Es una condena que ha mermado mi honor. Todo esto forja una imagen de ti que es muy difícil de revertir y de sobrellevar. Es una imagen negativa de ti en la ciudad en la que vives, donde te conocen, en el barrio, en la calle, en el supermercado. Ha sido una experiencia angustiosa y muy difícil de sobrellevar.

¿Qué opinión tiene del proceso judicial?

-Me gustaría apuntar tres aspectos. En primer lugar, creo que ha sido excesivamente largo, lo que ha supuesto una pena añadida. No es razonable que un proceso judicial dure tanto, han sido 10 años. Se debe reflexionar profundamente sobre ello. En segundo lugar, creo también que ha habido una desproporción entre las penas solicitadas por la Fiscalía y los hechos encausados. En mi caso, la solicitud del Ministerio Fiscal fue 14 años de prisión, era una alucinación. Con el tiempo, esta desproporción se ha visto en el decrecimiento cuando se elevaron a definitivas. Y un tercer tema importante: ¿Ahora quién paga las costas económicas, quién paga el sufrimiento familiar, los insomnios, la mala imagen, la asociación con un caso como este?

¿Ha calculado el coste económico que ha tenido para usted?

-No, pero puedo asegurar que son muchos miles de euros. Debería existir alguna solución a este tema. La función del fiscal es investigar, solicitar penas... pero en caso de absolución debería de haber algún instrumento que protegiese a las personas absueltas. Diez años, con las costas de defensa, toda ese ida y vuelta por los juzgados, es una cantidad de dinero enorme para una persona que, como yo, vive de su pensión. Es algo difícil de soportar. Y me gustaría apuntar otra cosa respecto a la presunción de inocencia, que es un principio básico de la judicatura. Pero en la práctica, en nuestra sociedad, a uno le declaran culpable previamente y la presunción de inocencia se evapora. Esa conciencia de que no eres presuntamente culpable y tienes que demostrar tu inocencia es bastante dura.

Ha sido un caso de mucha repercusión mediática.

-La presencia en los medios ha sido continuada, tanto en los escritos como en los visuales. Esa imagen repetida de forma recurrente muchas veces hace un daño importante y hace que la gente te asocie en una determinada situación. Apareces más de lo debido, creo que llega a ser abusivo.

Aunque al final no haya habido reproche penal, ¿ha tenido tiempo de reflexionar sobre su etapa en la viceconsejería de Cultura? ¿Cambiaría algo de lo realizado?

-Yo actué dentro de la legalidad y la normalidad, y actué como se hacía en la época anterior a mi llegada y también en la posterior en lo que respecta a contratos mayores. Y en cuanto a los contratos menores, también han sido legales. Otra cosa es que en las fases posteriores haya habido problemas detectados por la justicia. Y un viceconsejero que tiene cuatro direcciones tiene que confiar plenamente en la actuación de sus direcciones. Solo contaba con una secretaria y no tenía los medios suficientes para controlar la ejecución de los contratos. Actué con plena confianza hacia los directores, como no podía ser de otra forma. Pero como después de visto todo el mundo es listo, quizá pediría algún recurso más, pero claro, todo esto ya es agua pasada.