Historias vascas

Joaquín Egia: El singular jefe de la Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi

El corresponsal británico George Steer le bautizó como el "Almirante Egia". Creador de la Armada Auxiliar, fue hijo de una generación que defendió la libertad en Euskadi y en Europa. Luchó en dos guerras y sirvió en tres ejércitos

31.12.2021 | 00:24
Joaquín (de pie) en sus primeros años de trabajo para la compañía Sota y Aznar. Principios de los años 20.

Nacionalista de raíces arratianas, el sietecallero Egia nació en Bilbao en 1903 y su vida transcurrió entre los puertos de Bilbao y Liverpool. Estudió Náutica en Portugalete y navegó 11 años en la naviera vasca Sota y Aznar. Capitán de la Marina Mercante, opositor brillante, en 1933 era ya delegado marítimo y capitán del puerto de Bilbao. El golpe de estado del 18 de julio de 1936 lo trastocó todo.

Joaquín se ofreció a la Junta de Defensa de Vizcaya y en octubre el lehendakari Agirre le encomendó crear la Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi. En su mayor despliegue tuvo 46 unidades y casi 600 tripulantes, arrantzales y marinos. Su núcleo eran los 7 bous artillados y los 24 dragaminas, pesqueros de altura y bajura transformados. Debían garantizar la seguridad de las aguas vascas, la actividad pesquera y comercial frente a la Armada rebelde con base en Ferrol y Pasaia. Entre sus hechos de armas aún resuena en la memoria vasca el heroico combate de cabo Matxitxako del bou Nabarra con el crucero Canarias.

Desde la sede del Hotel Carlton de Bilbao o a pie de puerto, Egia luchó para que los rebeldes no rindieran por hambre aquel Bilbao sitiado por tierra y sin aviación significativa. La flota de barreminas hizo creíble el desbloqueo del Abra minada por la Armada rebelde invitando a los observadores ingleses a que lo comprobaran in situ. La "modesta flota" auxiliar vasca compartía esta tarea con unidades de la Armada republicana en Bilbao, que contaba también con dos destructores, un torpedero y dos submarinos.

Joaquín denunció repetidamente la indisciplina de sus dotaciones, la dudosa lealtad de sus mandos y su inexplicable inacción en combate. Y antepuso de facto la autonomía vasca a la preceptiva autoridad naval republicana. Poco antes de la caída de Bilbao, el Gobierno vasco escuchó a Egia y tomó por asalto el control de los navíos republicanos.

Joaquín subía a bordo de los buques de la Royal Navy que patrullaban en el Cantábrico y con planos en la mano les explicaba que Bilbao era un puerto seguro. Se granjeó la amistad de oficiales como el capitán Burrough del destructor Exmouth, luego contralmirante de la Royal Navy en la II Guerra Mundial. También la del cónsul británico Ralph Stevenson, tan decisivo en la evacuación de los niños vascos. De las 147 órdenes de operaciones de su Marina Auxiliar 37 fueron de protección de buques. La discreción y el exilio borraron toda imagen de Joaquín en este período. Pero cayó Bilbao en junio de 1937 y el leal Egia, tras redactar al lehendakari un amargo informe sobre la huida de miembros de su departamento, reunió lo que quedaba de su flota en Santander.

Intervino en la fallida evacuación de unidades del Ejército vasco desde la bahía de Laredo. Ante el derrumbe del Frente Norte, el 24 de agosto, partió hacia Francia al frente de varios dragaminas. En un gesto humanitario llevó consigo a varias personalidades franquistas presas a las que protegió de una posible venganza final.

Ya en Iparralde, por encomienda personal de Agirre, recabó información sobre la situación de los barcos y los marinos vascos refugiados en puertos franceses. Rivalizó con los servicios de información franquistas que también pugnaban por recuperar los barcos para su causa e intentaron desacreditarle sugiriendo que era su colaborador. Al tiempo, participó en una red de seguimiento de la flota comercial y militar alemana en aguas del Cantábrico para los servicios de información ingleses.

En plena II Guerra Mundial y con los alemanes ya en Francia, en mayo de 1940, Joaquín pasó por el campo de concentración de Gurs. En junio pudo huir de la ocupación nazi desde Donibane hacia Irlanda en un langostero bretón junto a otros refugiados: Camiña, Egileor, Agirretxe, Lasarte, los Uribe-Etxebarria, Castro-Izagirre... También Cosme Orrantia y su hija Miren –miembro de Eresoinka– la que con el tiempo sería su mujer. El propio Egia dirigió la azarosa navegación de ocho días hasta el puerto de Cobh. En Irlanda les acogió Elías Gallastegi bajo la recelosa lupa de los servicios de información militares.

Obstinado en unirse como fuera a la causa aliada Egia nunca aceptó emigrar a un país sudamericano. Lo intentó en la Armada irlandesa y no pudo. Tanteó la Armada británica y la Marina Mercante aliada. Solicitó ayuda al Consejo Nacional de Londres de Irujo, al contralmirante Burrough, al excónsul Stevenson, o a los contactos que hizo en el Congreso Internacional del Apostolado del Mar de Liverpool del año 1930.

Por fin, en marzo de 1941, logró entrar en el Reino Unido. Había planes para su colaboración con la inteligencia británica pero Luis Ortuzar, el creador de la Ertzaña, le hizo una oferta de trabajo. Apartado en Londres tras ser fusilado por traición su suegro Wakonigg en Bilbao, Ortuzar obtuvo en París de Leizaola poderes para negociar con los británicos. Eran tiempos de zozobra con los alemanes a la puertas y Agirre en paradero desconocido. No obstante, Egia fue siempre más cercano al Consejo Nacional de Londres de Manuel Irujo que a la red de Ortuzar.

Se hizo cargo en Gibraltar del mercante Trinidad de Luis Ortuzar; en realidad un navío fletado por la inteligencia británica para el rescate de aviadores ingleses en el Mediterráneo. Al margen del acuerdo inicial, Ortuzar intentó que Egia navegara temerariamente y sin escolta por nuevas rutas. Egia, que también tenía sus contactos en la inteligencia naval británica, se negó y llegó a Dublín amparado en un convoy. Ortuzar le despidió. Egia reclamó los salarios impagados. Ortuzar quiso reconvertir la reclamación salarial en una contienda política.

Le acusó de delatar sus planes al grupo de Manuel Irujo y a las autoridades franquistas frustrando así un supuesto rescate de personalidades vascas y aliadas. Joaquín esgrimió ante el tribunal dublinés el aval del EBB del PNV en el exilio. A la acusación de felonía opuso su posterior paso por las Fuerzas Navales de la Francia Libre y por la RAF. El fallo judicial fue favorable a Egia.

En diciembre de 1941, tras el revés con Ortuzar, Joaquín se integró en las Fuerzas Navales de la Francia Libre gracias al acuerdo de las autoridades de la Francia Libre con el Consejo Nacional de Euzkadi de Londres que propició el efímero Tercer Batallón de Fusileros marinos vascos. Con el carnet Nº 04059 de oficial extranjero, Egia debía reclutar marinos vascos para la Marina Mercante de la Francia Libre y constituir de paso una Federación de Marinos vascos reconocida internacionalmente. En mayo de 1942 se disolvió el Batallón vasco pero Egia continuó hasta el desmantelamiento de la unidad en febrero de 1943. No pudo, aunque lo intentó, continuar con la Francia combatiente.

Joaquín con sus compañeros de la RAF (cuarto a la izquierda). Circa 1944.

Tampoco se rindió cuando en mayo el Almirantazgo británico le rechazó definitivamente para el Servicio Naval. Insistió, buscó otra alternativa y logró del aire lo que la mar le negó. Le aceptaron en la Real Fuerza Aérea del Reino Unido, la RAF, a la que se incorporó el 14 de febrero de 1944. Seguramente no pudo saber que ocho días después el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas inició en Madrid un expediente para juzgar su actuación como jefe de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi.

Doblaba en edad a sus compañeros y le resultó durísima la instrucción. Obtuvo las mejores calificaciones y dada su experiencia profesional quiso ser navegador, pero quedó en ingeniero de vuelo. Le seleccionaron para oficial pero no ascendió. Le ofrecieron entonces ser oficial de mando en las lanchas rápidas de la RAF especializadas en el rescate de pilotos derribados en el mar. Prefirió seguir como ingeniero de vuelo. En agosto de 1945 finaliza la II Guerra Mundial, se redimensiona la RAF y le destinan a tierra. Una gran decepción para sergeant Egia. Consta su participación en vuelos de reconocimiento en suelo europeo. Le concedieron la condecoración Atlantic Star británica. Le dieron de baja en la RAF ya que se había "alistado individualmente en la Royal Air Force y no como miembro de una Fuerza Aérea Aliada". Fue desmovilizado el 7 de enero de 1948, un mes antes de que el juez Kingsmill de Dublín fallara a su favor en el largo y áspero pleito contra Ortuzar.

Es el momento de rehacer su vida profesional y personal. Tramita desde Dublín la nacionalidad británica, donde está empleado en la compañía Overseas Produce Trading Company Ltd. Envía dinero a su madre refugiada en Iparralde y le preocupa la situación de Miren Orrantia. Su padre Cosme había fallecido en Irlanda en marzo de 1944 y fue acogida hasta el final de la guerra por Eli y Margari Gallastegi en Donaghpatrick.

Joaquín (primero a la izquierda) con colegas de trabajo en el muelle Kings. Liverpool, marzo de 1953.

En julio de 1946 Miren se reúne con su hermano Ander en Biarritz y en agosto de 1947 vuelven a Bilbao. Entre 1948 y 1949 Joaquín, con pasaporte inglés, se acercó furtivamente hasta Donostia e incluso a Bilbao para confirmar su relación con Miren. Joaquín vivía en Liverpool desde diciembre de 1948 tras la apertura de una sucursal de su compañía.

El 15 de marzo de 1950 se casaron por poderes en la iglesia del Carmen de Indautxu de Bilbao. Ander, hermano de Miren, representó a Joaquín. El 24 de marzo Miren llegó a Liverpool desde Santander y se asentaron en el barrio de Woolton, al sur de Liverpool, donde se integraron en la vida inglesa. Esperaban felices el nacimiento de una hija que Joaquín no pudo conocer. Falleció de un fallo cardíaco el 23 de febrero de 1956 con 52 años. Miren Jane Jokiñe nació el 10 de abril. Miren Orrantia falleció en 2004 a los 89 años. Joaquín y Miren descansan en el cementerio de St Mary's en Woolton. Una cruz celta recuerda su admiración por Irlanda y una inscripción en euskera, su patria. Junto a ellos un puñado de tierra vasca que Miren cogió antes de salir hacia el exilio.

Los autores

Miren Egia Orrantia. (Liverpool, 1956). Hija de padres vascos exilados. Estudió en la Universidad de Liverpool. Profesora de idiomas en la Universidad John Moores de Liverpool.

Jesús Etxezarraga Zuluaga. (Bilbao, 1953). Escritor. Periodista jubilado: Bilbo Herri Irratia, DEIA, Radio Euskadi y Euskal Telebista en áreas de Cultura y Economía. A iniciativa de Xabier Irujo han escrito en colaboración la biografía de Joaquín Egia Unzueta.

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