Historias vascas

80 aniversario de la ocupación de Iparralde por los nazis

La ocupación por parte de los nazis del territorio del Estado francés supuso la partición de los herrialdes del norte y el surgimiento de iniciativas que buscaban proteger e impulsar la cultura vasca y el sentimiento de pertenencia al país

27.06.2020 | 00:34
Entrevista entre los dictadores Franco y Hitler en la Hendaia ocupada por el ejército alemán

Hace ochenta años, a finales de junio de 1940, los alemanes entraban en Iparralde. Fue el principio de una larga y triste historia de cuatro años, hasta finales de agosto de 1944. Durante este período, conviene subrayar dos iniciativas vascas: la revista Aintzina y Euskaldun Gazteen Batasuna.

Los historiadores franceses identifican 1940 como "terrible". Y es que ese año, los acontecimientos dramáticos se sucedieron sin cesar.

Cuando desde el inicio de la contienda, a principios de septiembre de 1939, no se había producido en Europa occidental ninguna operación militar (la guerra fantasma), el 10 de mayo de 1940, Hitler inició una gran ofensiva militar contra Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Esta última fue derrotada en cinco semanas. El 17 de junio, el mariscal Pétain, jefe del gobierno, decidió cesar los combates y pedir el armisticio, que firmó el 22 de junio.

El acuerdo estableció el reparto de Francia en dos zonas: al norte, un 55% del territorio quedaría como una zona ocupada por los alemanes, incluyendo toda la costa atlántica, y al sur, se establecería una zona denominada libre, bajo la autoridad del mariscal Pétain, al cual se había dotado de plenos poderes el 10 de julio de 1940, con gobierno en Vichy. Ello supuso el fin de la Tercera República y el comienzo del Estado Francés. La zona libre desaparecería en noviembre de 1942, consecuencia de su invasión por los alemanes.

En este contexto, desde el 25 de junio de 1940, una línea de demarcación separaba las dos zonas: en Iparralde, Lapurdi y Baxe Nafarroa quedaron en zona ocupada y Zuberoa, en zona libre. Como consecuencia de ello, Iparralde se encontraba también dividida por la línea de demarcación, estrechamente vigilada por los alemanes.

Esta línea arrancaba en Arnegi, frente a la frontera de Luzaide, y continuaba por Donibane Garazi, Larzabale y Donapaleu, llegando, en Bearn, a la ciudad de Salies-de-Béarn.

Entre el 18 de mayo y el 1 de junio, un episodio trágico ya había afectado a los vascos de Hegoalde. Centenares de ellos –he contado 570 apellidos en los Archivos Departamentales de Pau– sufrieron una redada en la Costa Vasca, entre Hendaia y Boucau, siendo internados en el campo de concentración de Gurs, en Bearn, cerca del límite con Zuberoa. Esta redada se puede calificar de "étnica", puesto que se aplicó exclusivamente a vascos opuestos al régimen franquista. Su detención fue breve, pero provocó una tremenda angustia en todos, puesto que temieron ser entregados a Franco. Afortunadamente, pudieron salir antes de la llegada de los alemanes. En efecto, estos llegaron el 27 de junio de 1940 y se desplegaron rápidamente en toda la costa y el interior de la zona.

El 23 de octubre de 1940, Hitler se entrevistó con Franco en la estación de Hendaia con el objetivo de persuadirle de que entrara en guerra a su lado. Prudente, el caudillo escogió la neutralidad a pesar de sus simpatías ideológicas tanto hacia los nazis alemanes como a los italianos fascistas.

Al día siguiente, Hitler se entrevistó con Pétain en la estación de Montoire, en el departamento de Loir-et-Cher. Tras esta reunión, Pétain declaró que se posicionaba "en la vía de la colaboración" con los alemanes.

La revista 'Aintzina' En 1941, unos jóvenes nacionalistas vascos fueron a ver al padre Pierre Lafitte (Luhuso, 1901), quien tuvo la idea de hacer reaparecer Aintzina, una revista vasquista (1934-1937) próxima a las ideas del Partido Nacionalista Vasco. Esta estrategia presentaba la ventaja de facilitar la autorización de la potencia ocupante, ya que no se trataba de una nueva revista. El número 1 del mensual Aintzina vio la luz en enero de 1942. La revista se publicó bajo las directivas del joven Marc Légasse (París, 1918), que la financiaba en su totalidad. En su comité figuraban responsables de asociaciones culturales, pero ninguno del semanario Eskualduna, muy tradicionalista francés, con el que las relaciones no fueron buenas.

Por el contrario, el joven seminarista Roger Etchegaray (Ezpeleta, 1922), después cardenal, era muy entusiasta, así como su amigo, otro seminarista, Piarres Charritton (Hazparne, 1921), futuro académico vasco, o Michel Labèguerie (Uztaritze, 1921), futuro diputado y senador.

El número 1 de Aintzina señalaba sus objetivos: Conocer y reunir a todos los jóvenes vascos y formar en cada pueblo núcleos de chicos (eskualzale) y de chicas (begirale).

En agosto de 1942, se decidió la constitución de un Consejo de Dirección con lapurtarras y baxe-nafartarras, pero no por zuberotarras que no podían estar representados, puesto que la línea de demarcación colocaba a Zuberoa en la zona libre.

Pero en 1943, un grave conflicto surgió entre Marc Légasse y el padre Piarres Larzabal, aunque treinta años más tarde serían los mejores amigos del mundo, ambos fervorosos partidarios del movimiento ETA. En enero de 1943, el padre Larzabal (Azkaine, 1915) había sido nombrado jefe de redacción de la revista. Pero el ejemplar que preparó y envió a imprimir, en el cual figuraba el editorial titulado Nuestro programa, no gustó nada a Marc Légasse, quien cortó todo crédito al padre Larzabal; este quedó destituido de sus funciones.

El padre Larzabal, siguiendo la política del mariscal Pétain, quería, según Marc Légasse, hacer una revista únicamente regionalista y había atacado en su editorial a los nacionalistas vascos. Eso no lo pudo aguantar Marc Légasse, quien aceptó la dimisión del padre Larzabal.

De hecho, el padre Larzabal, en su editorial Nuestro programa había escrito: Francia y España no tienen que temer nada de nosotros. Los enemigos de la verdadera Francia y de la verdadera España son los nuestros. Marc Légasse decidió pues a principios de 1943 hacer de Aintzina una revista únicamente folclórica; el título de su editorial del número siguiente es revelador: Cantemos€ y bailemos. En definitiva, la solución que aplica para Aintzina a principios de 1943 es la siguiente: no conviene hacer política de manera abierta; hay que hacer solo cosas histórico-folclóricas; hay que dar la impresión de hacer una revista literaria, al estilo de Gure Herria de entre las dos guerras mundiales, en espera de la victoria de los aliados. Hay que decir que Marc Légasse podía decidir puesto que era el único que podía financiar la revista: acababa de heredar una gran fortuna de su padre, Louis, un industrial propietario de una importante conservera de bacalao.

Eskualdun Gazteen Batasuna La idea de la creación de Eskualdun Gazteen Batasuna (EGB-Federación de los Jóvenes Vascos) surgió del grupo de danzas de París Errepika durante una reunión celebrada el 12 de abril de 1943. Estos jóvenes trabajaron para organizar una gran reunión de la juventud vasca el martes de Pascua de 1943, 27 de abril, en Uztaritze.

La manifestación tuvo un gran éxito: después de la misa y de la comida, hubo una reunión en la que se decidió la creación de la Federación de los Jóvenes Vascos para la defensa de la cultura vasca. 150 representantes de la juventud vasca adoptaron las siguientes resoluciones:

—Se considera necesario adoptar diversas medidas para la enseñanza y fomento de la lengua vasca;

—Se solicita que el País Vasco se configure como una unidad dotada de región administrativa única y diferente de las otras regiones;

—Los jóvenes vascos proclaman su adhesión a la divisa tradicional de los Vascos Zazpiak-bat.

Se formó un Comité Provisional que comprendía un Secretariado. La EGB se reunió siete veces –seis en Baiona y una en Uztaritze– entre mayo de 1943 y septiembre de 1944. Organizó dos espectáculos de bailes: en agosto de 1943 en Uztaritze para conmemorar el tricentenario del Gero de Axular y en septiembre de 1944 en Milafranga bajo la presidencia del obispo, monseñor Jean Saint-Pierre.

En marzo de 1944, una quincena de grupos de danzas, que reunieron a más de 150 bailarines, se federaron en EGB. Además, diversas corales funcionaban en Baiona, Biarritze, Kanbo, Baigorri, Burdeos y París. Se reorganizaron los cuatro comités técnicos: Lengua e Historia, Coreografía y Música Instrumental, Organización de los Coros, y Conferencias y Estudios.

Pero en una reunión de mayo de 1943, dos posturas bien definidas se enfrentaron:

Marc Légasse consideraba, "dadas las circunstancias políticas" extremadamente graves, "inoportuno" y "perjudicial para el objetivo propuesto" solicitar la aprobación oficial de la Federación de los Jóvenes Vascos por parte del gobierno de Vichy y de las autoridades alemanas de ocupación, y que se debía trabajar de forma oficiosa y discreta.

Eugène Goyheneche (Uztaritze, 1915), por su parte, sostenía que las consideraciones políticas no tenían nada que ver con la Federación, ya que su solo objetivo era cultural, que la guerra podía durar mucho tiempo todavía, y que lo oportuno y necesario era contar con una federación reconocida de manera oficial y que trabajara a plena luz del día.

Finalmente, en una reunión de abril de 1944, se dio lectura a los estatutos. EGB ya no se presentaría como una federación de grupos folclóricos.

Las adhesiones serían individuales; cada adherente podría formar, junto con otros de su pueblo, un grupo que gozaría de una amplia autonomía; la federación se limitaría a orientar la actividad de los diferentes grupos. Se tomó la decisión de presentar los estatutos en la Subprefectura de Baiona, pero he podido comprobar que no fueron presentados.

Durante esos años de la guerra y de la ocupación alemana, EGB había sido bastante más que una federación de grupos folclóricos; en esas circunstancias particulares, había sido un lugar de encuentro de responsables políticos y culturales vascos. No se trataba solo de folclore –danzas y canto–, sino también de lengua vasca, de historia, de teatro, de conferencias; en una palabra y a pesar del periodo especial, de aber-tzalismo.

En estas horas oscuras, mientras toda actividad política estaba prohibida, EGB había dado testimonio, al igual que Aintzina, de la permanencia y de la vitalidad de la cultura vasca.

El autor

Jean-Claude Larronde

(Baiona, 1946). Es abogado emérito del Colegio de Baiona, doctor en Derecho por la Universidad de Burdeos, diplomado por el Instituto de Estudios Políticos de Burdeos y licenciado en Historia por la Universidad de Pau. Desde la época de su tesis doctoral en Derecho, defendida en 197,2 sobre el nacimiento del nacionalismo vasco en la obra de Sabino Arana Goiri, se interesa profundamente por la historia contemporánea del País Vasco y, más en particular, por la historia del nacionalismo vasco, tanto al norte como al sur del Bidasoa.