Bilbao. Un contrabajo dio ayer la despedida a Alberto López en la misa de salida oficiada en su recuerdo en la iglesia de El Salvador de la calle Fontecha y Salazar. Los sones de la histórica canción Txoria txori, de Mikel Laboa, tocada por su sobrino Patxi Almenara, recordaron al expresidente del ba-tzoki de Matiko. "Hegoak ebaki banizkion…", que decía la canción favorita de Tito, como le conocían todos. Al mismo tiempo, la ikurriña permanecía a media hasta y el crespón negro en el batzoki bilbaino.

Alberto López Rodríguez nació el 3 de diciembre de 1934 en Bilbao. Estudió en las Escuelas del Tívoli, gracias a unas becas de aquella época. Más adelante, finalizó la carrera de Facultativo de Minas y realizó sus prácticas en las minas de Gallarta. Sin embargo, más adelante no llegó a ejercer su profesión. Ya estudiando, complementaba sus estudios con el trabajo en la Editorial Fher, donde llegó a jefe de producción y a partir de entonces toda su vida la dedicaría a este oficio. Trabajó en Madrid, en Donostia y volvería a Bilbao a una editorial en la zona de Gallarta.

Tito era hijo de gudari, de Emilio López, sin embargo, su sentimiento abertzale le llegó en sus años jóvenes participando en los movimientos de aquellos tiempos. Alberto perteneció a Acción Católica y fue dantzari de grupos como Aurrera y Dindirri. Más adelante apuntaría a sus hijos al grupo que fundó su mujer Begoña Arroyo en 1978, Salbatzaile Dantza Taldea en la calle Castaños.

trabajo en la clandestinidad Durante su noviazgo con Bego, Alberto estuvo haciendo labores de propaganda en la clandestinidad. "Si me decía, ayer estuve por el Campo Volantín, por ejemplo, ya sabía que había ido a tirar octavillas o poner alguna ikurriña. Recuerdo que por San Ignacio íbamos al Gorbea y se pintaban ikurriñas que iban los otros y las borraban, pero volvían a aparecer", sonríe Bego evocando tiempos de la dictadura franquista.

Tito era un hombre mendizale. De joven jugó al fútbol y como defensa que fue militó en un filial del Burgos, ciudad castellana donde estuvo cumpliendo el servicio militar. También jugó a pala y era un fijo en los partidos de esta herramienta primero en el Euskalduna y luego en el Deportivo. Era socio, acérrimo, del Athletic.

Se afilió al PNV en 1978 cuando la zona de Matiko dependía de la organización municipal de Begoña. Más adelante fue presidente en, al menos, dos ocasiones de la Junta de Matiko.

Por su trabajo conoció mucho mundo. Viajó a Finlandia, Italia, Holanda... Además, fue un txikitero de los que no podía pasar sin la ronda con los amigos, según cuenta su mujer. "Era un marido muy cariñoso, de saber escuchar, de dar consejos, muy pacífico", resume Bego. Su hijo Gontzal le recuerda como "un fenómeno. ¿Qué voy a decir yo? Fue un tipo súper honrado y recto".

El primer lehendakari de Matiko, Pepe Rubalcaba, le define como un hombre "tranquilo, buena persona, apaciguador, de consenso, apreciado por todos", valora quien conocía a Tito desde los tiempos en los que este último estaba en Acción Católica en su querido La Aneja. "Siempre trabajó por el PNV y sin darse importancia, ese tipo de persona era él", agrega.

Ana Castro también tenía ayer palabras para su persona y familia. "Destacaría de él que era un hombre paciente, muy paciente, un nacionalista acérrimo. En sus tiempos fue un claro referente, en los últimos años había pasado a un segundo plano en cuanto a labor política".

Con todo, a Tito hubo años que como al pájaro creado por Laboa le cortaban las alas, pero luchó porque Euskadi siguiera desplegando las suyas. El pasado viernes soñó con que había sido un pájaro, su sueño que él cantaba como amaba: Eta nik txoria nuen maite.