Filóloga y escritora

Clara Sánchez: "Se nos inculca que si no tenemos hijos no somos mujeres completas"

La intriga 'Infierno en el paraíso' se sostiene en el lado oscuro de la monarquía saudí y, por extensión, de cualquier mundo construido a base de riquezas, privilegios heredados e injustas tradiciones. "Nunca es oro todo lo que reluce como, por descontado, tampoco es envidiable la situación de las mujeres ricas de Oriente Medio", sostiene Clara Sánchez, su autora.

02.06.2021 | 10:05
La escritora Clara Sánchez.

ni siquiera su nivel de vida les proporciona la libertad suficiente para ser, sencillamente, personas independientes. "Casi todo lo que en Occidente es un ejemplo de normalidad a ellas les está prohibido", añade. Clara Sánchez advierte de que su novela se trata de una obra de ficción, al igual que sus personajes y la historia en sí. Pese a ello, los paralelismos entre realidades sobradamente conocidas resultan inevitables, como el estricto régimen de las leyes islámicas, la opresión de la mujer o las historias alrededor de la familia real de Arabia Saudí. "La realidad es una gran fuente de fabulación", apostilla. Su libro coincide con la petición de la ONU al Gobierno de Emiratos Árabes Unidos de una prueba fehaciente de que la princesa Latifa, hija del emir Mohamed bin Rashid Al Maktum, se encuentra viva. La ONU investiga la detención forzosa de la princesa, que ha salido a la luz gracias a la denuncia de su amiga finlandesa Tina Jauhianinen, quien ha publicado un vídeo sobre la dramática situación que atraviesa. Ahora se sabe de su caso, pero no es la única que está pasando por este proceso, ya que hay una larga lista de mujeres árabes adineradas que tratan del librarse del yugo de sus maridos, de sus padres, de sus hermanos... En definitiva, del poder masculino, aunque no lo pueden hacer. "Mi novela incide en la falta de libertad de estas mujeres, de su nula capacidad para poder decidir, desear. A estas mujeres no solo se les coarta la libertad de movimientos, sino también sus deseos", dice la autora. Infierno en el paraíso reflexiona sobre todas esas cosas. Es un thriller psicológico que se basa en el hecho real de la presencia de la familia real saudí y otros jeques del Golfo en un sitio tan conocido como es Marbella (Málaga).

¿Cómo se le coló en su cabeza la idea de escribir este thriller?
Porque Marbella, durante los años 90, formaba parte de nuestro imaginario colectivo como un lugar fascinante, un sitio donde se mezclaba lo cotidiano con el poder y el lujo exagerado, todo acompañado por una impunidad de acciones también exagerada de unos dirigentes de países dictatoriales. Desde hace tiempo me rondaba por la cabeza escribir una fábula o un cuento de las mil y una noches que mostrara la cara B de lo que fue ese mundo marbellí que encandilaba a la sociedad española.

Mientras que la inmensa mayoría de las saudíes no tienen posibilidades de escapar de su yugo.
Las mujeres saudíes pobres, la inmensa mayoría, no tienen recursos ni medios para huir. Las mujeres ricas pueden poner en riesgo su vida y correr aventuras muy peligrosas; a estas puede que les tiente la idea de quitarse el velo, pero a las otras ni se les pasa por la cabeza. Sin embargo, tampoco debemos olvidar que en Occidente, aunque no llevemos velo por fuera, muchas lo llevan por dentro. Las mujeres en el Estado español nos hemos incorporado muy tarde al mundo de las libertades, y todavía queda mucha resignación en la vida de muchas de ellas.

Infierno en el paraíso está ambientada en la época de la corrupción de Gil y Gil como alcalde de Marbella, pero no se le cita. ¿Su mandato no fue clave para que ocurriera todo esto?
Sí, pero a mi narración no le interesa el exalcalde Jesús Gil y Gil; lo que persigue es tener el aspecto de una fábula que habla de unos años dorados en los que esa gente venía, y todavía lo sigue haciendo, aunque mucho menos, a la localidad malagueña. Relato aquellos años dorados en los que llegaban los jeques a Marbella y eran esperados como los Magos de Oriente, porque les aguardaban como al maná. Anhelaban sus propinas, les encantaba su derroche, los empleos que daban a la gente, su consumo desmedido. La gente de allí y del entorno soñaban con todo esto.

Y hacíamos la vista gorda a la corrupción y a sus desmanes.
La visión que teníamos la población española de lo que ocurría era muy inocente. En aquellos años aún no se conocía la apabullante corrupción que se registraba en Marbella porque no había llegado a los medios. Además, no se nos informaba como ahora. Por eso, recalco que nuestra mirada era ingenua. Nos alucinaba su oropel, pero era la España de la inocencia.

¿La corrupción era un secreto a voces?
Ahora mismo, el hecho de la corrupción no es ningún secreto; sabemos que existe y que habita entre nosotros, pero en los noventa el papel couché y el brillo que daban estos jeques y su numerosísimo séquito lo tapaban todo. Es ese momento el que me gusta retratar. La historia se cuenta a través de los ojos limpios de Sonia, una joven que se ve envuelta en un entramado en el que peligra su vida. Es entonces cuando se arranca la venda de los ojos sobre los actos de esos saudíes millonarios.

¿Nadie se atrevió a denunciar las miserias y los comportamientos dictatoriales de ciertos jeques?
Era una época en que nosotros, el pueblo, no exigía saber, y los medios de comunicación tampoco informaban con tanta claridad como ahora. De hecho, el Rey emérito iba a visitar al emir de Arabia Saudí al palacio que tiene en Marbella. Nadie lo veía raro ni buscábamos ningún trasfondo extraño.

¿Esto sería impensable ahora?
Los tiempos han cambiado, y ahora muchas cosas tendrían otra interpretación. Sabemos que detrás de ciertas actitudes hacia esta gente hay unos intereses económicos y políticos, y sobre todo lo económico pesa mucho. Eso ha cerrado muchos ojos, y de paso también los de la gente de a pie. Afortunadamente, ahora la ciudadanía tiene su propia visión de los hechos. Por eso me ha gustado escribir este thriller psicológico. Por supuesto que no quería escribir una crónica de Marbella, para eso están los investigadores y los periodistas, que lo hacen genial; yo he querido plasmar en la novela unos años en los que todos veíamos normal el despilfarro de algunos jeques, y lo veíamos con tanto brillo que no nos dejaba observar lo que había detrás.

¿Es apreciable un ligero avance en la situación de la mujer en los países del Golfo?
No se ha avanzado casi cada. En Arabia Saudí han tuneado la situación dejando conducir a las mujeres adineradas, pero en esencia la mujer, incluidas las princesas ricas, sigue siendo absolutamente dependiente de los hombres. Las mujeres de las que hablamos en el libro están rodeadas de riqueza, pero ellas no son las dueñas de esa riqueza.

¿Occidente también mira para otro lado ante el maltrato a las mujeres en estos países?
Los deja vivir, hacer y deshacer, porque son muy ricos y dependemos del petróleo y de todo lo que se ha generado alrededor de él, pero sí, la situación de estas mujeres, que ahora empieza a salir a la luz, es escandalosamente mala. Tenemos que sacudir las conciencias de los mandatarios de los países europeos democráticos. De todos modos, actualmente al menos nos planteamos la situación de las saudíes, cuando en los 90 solo veíamos sus riquezas. Occidente sabe que para no incomodarles no puede tomar medidas drásticas contra ellos, aunque también es cierto que si en los países del Golfo tratan así a las mujeres, eso salpica al resto de la sociedad. Todo el mundo sabe que son países dictatoriales.

¿Qué lleva a mujeres formadas a casarse con un jeque? ¿Solo el dinero y la posición?
Muchas uniones son convenios, y ellas tampoco están en una posición de poder elegir mucho. Entre la realeza, este tipo de matrimonios se dan con frecuencia. Por ejemplo, lo que ha hecho Haya de Jordania, la hermana del rey Abdalá II, que ha iniciado en Londres un proceso judicial para divorciarse del jeque de Dubái por supuesta violencia de género, probablemente lo ha podido hacer porque ha tenido mayor protección por ser la hermana de un rey. Sin embargo, las hijas del jeque se las tienen que ver con su padre y no tienen posibilidades ni de elegir ni de huir.

Además, si lo logran los países de acogida las suelen repatriar.
Cuando han intentado escaparse de la jaula de oro de su padre han sido secuestradas en alta mar. También hay países que las han repatriado, sí, es una aventura muy complicada porque necesitan de apoyos internacionales para llegar a su destino. De por medio hay mucha política y economía. Ayudar a una chica que quiere rehacer su vida no les compensa. El que mujeres poderosas como Haya hayan huido nos tiene que hacer reflexionar; es una llamada de atención muy grande sobre lo que está ocurriendo en esos países.

¿La libertad es la oportunidad de decidir?
En los países de los que hablamos no es tanto el llevar o no llevar velo, sino el poder tomar decisiones. Habrá mujeres que ni se planteen la libertad de querer tomar decisiones, porque sienten que eso está vetado para ellas. En el caso de la princesa de la novela llega un momento en que quiere tomar sus propias decisiones. Lo que le ocurre es que sale a un mundo exterior cuyos resortes y claves desconoce. Ser libre no suele salir gratis, ni aquí ni allí.

Pero también en nuestro mundo muchas mujeres sufren esa falta de libertad.
En mi historia vemos que no solo las mujeres árabes tienen falta de libertad, también muchas occidentales. Aunque hemos alcanzado importantes cuotas y podemos hacer lo que nos da la gana, con las limitaciones que nos marcan la maternidad y las obligaciones normales todavía no somos libres al cien por cien. Ahora nos encontramos en lo que yo llamo la conquista de la libertad sentimental, que es un tema que me importa mucho. Las mujeres árabes de las que hablamos no han llegado todavía a esa preocupación, porque con tener libertad de movimientos ya tienen bastante. Nosotras tenemos libertad de movimientos, pero aún se nos inculca por ejemplo que, si nadie se enamora de nosotras, o si no tenemos a un hombre a nuestro lado, o si no tenemos hijos, no somos mujeres completas y emocionalmente no estamos realizadas. Y eso es una barbaridad, porque perfectamente puede que no tengamos ninguna de esas cosas y nuestra vida sea maravillosa.

¿Nos falta todavía mucho camino por recorrer?
Tenemos una presión tremenda para ser madres. Se nos dice que se nos pasa el arroz, que si vivimos solas es porque nadie nos quiere, y todas esas cosas puedan hacerle pensar a una mujer que su vida es una porquería. Y eso es mentira.

Otra vez volvemos a la oportunidad de decidir.
Sí. En la capacidad de elección y decisión está la libertad. La narradora de Infierno en el paraíso aprende al final de toda la aventura tremenda que corre que la capacidad de decisión estaba en ella misma. En este sentido, las mujeres occidentales tenemos que ser conscientes de que nadie es nuestro dueño. Esto está todavía por conquistar, porque hay mujeres asesinadas un día sí y otro también, hay miles de maltratadas... Por supuesto que si nos comparamos con las árabes, con las africanas que no tienen derecho a nada, pensamos que hemos conseguido todos los derechos, pero la lucha debe continuar.

Y en esa lucha por la libertad de las mujeres no se puede bajar la guardia.
No, porque si nos descuidamos hay retrocesos, por eso emocionalmente tenemos que reafirmarnos mucho y que nadie nos dicte no solo cómo tenemos que vivir, sino cómo debemos de ser felices. Cada una tiene que disfrutar a su manera.

En el fondo, ¿qué ha buscado conseguir con su novela?
Fundamentalmente la finalidad es entretener; seducir al lector a través de un thriller psicológico. Lo que ocurre es que para hacer eso me he valido de cosas que a mí me preocupan, como la manipulación, la falta de libertad, la dependencia de unos seres sobre otros... No he pretendido hacer una novela militante. Pero hay un fondo de reflexión importante, sobre todo la falta de libertad de las mujeres. 

PERSONAL
Nacimiento: Madrid, 1955.
Formación: Estudió la carrera de Filología Hispánica y durante bastantes años enseñó en la Universidad.
Trayectoria: Hasta ahora tiene quince novelas publicadas, entre ellas Últimas noticias del paraíso (2000), Un millón de luces (2004), Presentimientos (2008), que fue llevada al cine por el director Santiago Tabernero, Lo que esconde tu nombre (2010), Entra en mi vida (2012), El cielo ha vuelto (2013), Cuando llega la luz (2015) y El amante silencioso (2019).
Premios: Ha recibido los premios Mandarache (Cartagena), Cartelera Turia (Valencia), Premio de los Libreros de Bilbao, el Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo literario, el Premio Alfaguara por Últimas noticias del paraíso (2000), Premio Nadal por Lo que esconde tu nombre (2010), que la lanzó con gran éxito al mercado internacional, Premio Planeta por El cielo ha vuelto (2013), y en Italia el Premio Roma y el Premio Nazionale Vincenzo Padula, entre otros.
Ventas: Su obra ha sido traducida en veinte países y ha vendido más de dos millones de libros.
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