De Tazones a Villaviciosa, el camino asturiano del emperador Carlos V

Seguir los primeros pasos del emperador español tras su llegada a la Península se convierte en una oportunidad de conocer un paisaje y un entorno cantábrico excepcional

30.04.2022 | 00:03
Vista de la ría de Villaviciosa.

Cuando Carlos V de Alemania llegó a España en 1517 para convertirse en Carlos I entró por Asturias, por la localidad de Tazones, una pequeña aldea de la costa asturiana que según cuenta la leyenda creyeron que el desembarco del monarca era una invasión extranjera. Desde aquí el emperador se desplazó a Villaviciosa, al palacio de los Hevia, para pasar su primera noche.

Esta no es la única ruta que en la península dedicada al emperador. La otra más conocida es la que recorre Cáceres entre Tornavacas y Jarandilla de la Vera llegando al monasterio de Yuste, donde fallecería, y que el monarca recorrió en 1557.

Una vista de Tazones similar a la que el todavía Carlos V vio a su llegada a España. Foto: Asturias Paraiso Natural

Volviendo al norte peninsular, el recorrido Tazones-Villaviciosa es de poco más de 11 kilómetros y transcurre por el entorno de la ría de Villaviciosa. Esta ruta une historia, etnografía y naturaleza. Además de disfrutar de uno de sus productos más populares, al sidra y las manzanas, habrá tiempo de conocer un tradicional molino de marea y el principal humedal asturiano en cuanto a la observación de aves se refiere.

Esta histórica ruta comienza en el pueblo de Tazones, en cuyo puerto se encuentra el Hotel Imperial y un panel informativo que explica las ruta, desde los aspectos más técnicos con mapas y planimetría hasta los hitos históricos y culturales más destacados de las zona.

Todo el camino está balizado con placas, postes de madera y las habituales marcas de senda, por lo que salirse de la vía es francamente difícil.

Una vez leídas y fotografiadas con el móvil las principales indicaciones se sale del lugar por el amino empedrado se atraviesa el pueblo disfrutando de los edificios que salen a nuestro encuentro.

El paseante debe seguir la ruta marcada hasta llegar y cruzar la carretera VV-5 para seguir el recorrido por el camino del otro lado, por donde seguiremos hasta el pueblo de Liñero, que dejaremos atrás para llegar hasta San Martín del Mar.

Desde este punto se puede ver ya la ría de Villaviciosa, una reserva natural que sirve de entrada a las península de las aves que migran desde el norte. La marisma ofrece un lugar seguro de descanso y alimentación durante el viaje.

La iglesia de San Martín del Mar y el tejo centenario. Foto: Asturias Paraiso Natural

Los aficionados a la vida rural podrá conocer los porreos, terrenos ganados a la marisma mediante la construcción de diques destinados, principalmente, a usos agrícolas y ganaderos, y el molino de mareas de la Encienona, construido en 1880, que aprovechaba el flujo y reflujo del agua del mar para mover sus muelas y triturar la harina. A su vez, los amigos de la arquitectura y de la botánica disfrutarán, casi simultáneamente de la iglesia de San Martín y del tejo centenario un árbol monumental al que se le calculan 200 años.

Tras caminar brevemente por la carretera AS-256 (recuerde, peatón circular por la izquierda de la vía), cruzarla para seguir en dirección al pueblo de Bedriñana, donde quien lo desee puede visitar la iglesia prerrománica de San Andrés, o seguir todo recto hasta conectar de nuevo con la AS-256 y continuar por ella hasta Villaviciosa.

En esta preciosa villa se encuentran la iglesia de Santa María de la Oliva, templo románico con elementos de transición al gótico declarada Monumento Nacional en 1931; y la casona de los Hevia, que el año 1517 contó con la presencia del ilustre Carlos V de Alemania, quien procedente de Flandes venía a la península para convertirse en Carlos I de España, de ahí su valor histórico y artístico.

Después, solo queda esperar la oportunidad de ir a Extremadura para repetir el último viaje de Carlos I hasta Yuste.

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