Historias de...

Nunca es tarde para cantar en un coro

Son los ‘chicos del coro’, pero en talludito. Empezaron por pura afición, debutaron en el Kursaal donostiarra y hoy son unos consumados maestros del folclore extremeño

08.02.2020 | 23:18
Candi Narciso, con el almirez, Isabel Fernández, con las castañuelas, la cantante del coro, Lucía Bonilla, Sebastián Galán, Máxima Muñoz, Evaristo Portillo, Mari González, con el triángulo, Conchi Moreno, con la pandereta y Juli Peña. Fotografía Borja Gu

Empezaron por pura afición, debutaron en el Kursaal donostiarra y hoy son unos consumados maestros del folclore extremeño

DISFRUTAN de su hobby y alegran a los demás porque son el alma de la fiesta. El coro Aromas del pueblo del Centro Extremeño de Bilbao, que lleva quince años promocionando el folclore extremeño, animó ayer la inauguración de la Semana de homenaje a los mayores organizada por la Casa Misericordia. En un viaje musical a ritmo de pandereta, botella, triángulo, almirez y castañuelas repasaron una selección de canciones típicas, desde la Rondeña Cacereña que abrió la actuación, pasando por la Virgen de Guadalupe, y un gran puñado de clásicos. Todos ellos se estrenaron en esto del artisteo en el Kursaal donostiarra y no se lo podían ni creer. "Debutamos en el certamen de villancicos y además ganamos. Aquello fue increíble", rememoran al unísono. "Con la canción Caravana de gitanos", puntualiza Juli Peña, con su botella. "Es que esa es muy bonita", especifica Isabel Fernández, a cargo de las castañuelas. "Era la primera vez y parecíamos unas estrellas", cuenta Candi Narciso, pizpireta. "Sí, fue un éxito", observa Conchi Moreno con su pandereta. "Casi inauguramos el Kursaal, como si fuéramos el rey", subraya Sebastián Galán. "Fue la bomba", resume Evaristo Portillo.

Ahora esta formación se infla a hacer bolos pero no salen fuera del País Vasco "porque tenemos un caché muy alto", bromean estos artistas amateurs, que lo hacen todo por puro amor al arte. El cancionero que interpretan es muy amplio y son unos maestros en instrumentos de percusión como el almirez, el caldero, las cucharas, la botella de anís, el cántaro, las campanillas, o las castañuelas. "Las letras son muy animadas y nosotros lo hacemos lo mejor que podemos", precisa Mari González, encargada ayer del triángulo. El público suele ser agradecido. "Un año que estuvimos aquí, en la Casa de Misericordia, hay que ver cómo lloraba de emoción un señor extremeño", recuerda Isabel Fernández. "Siempre nos dicen que lo hacemos bien. No sabemos si porque es verdad o por cumplir", afirma Lucía Bonilla, la cantante, con una voz espectacular que entona igual de bien coplas, bulerías o flamenco.

Los hombres del grupo, se sienten muy mimados por las chicas "aunque algo nerviosos", dice irónico Sebastián Galán. "Esto empezó como una cuadrilla de amigos y hasta hoy", subraya. Juan Carlos Rastrollo, el presidente del centro extremeño de Bilbao -creado en 1971-, alaba las voces de este grupo que en su inmensa mayoría está compuesto por las mismas personas que lo fundaron. "Habitualmente suelen ensayar en nuestro local de Santutxu donde ya llevamos instalados 40 años", señala Rastrollo, natural de Almendralejo y desde hace más de cinco décadas afincado en Bizkaia. Sin embargo, varios componentes del coro son de Arroyo de la Luz, un pueblo de Cáceres.

Se calcula que en el territorio viven unos 80.000 extremeños y el centro cuenta con un centenar de socios. "Es que la gente se va jubilando y luego están los nietos que ocupan mucho tiempo a la gente mayor. Algunos también se han marchado a Extremadura, pero todos estamos muy bien aquí. Aunque la tierra tire, los servicios que ofrece la capital vizcaina no tienen ni comparación con los que puede haber en cualquier pueblo extremeño", declara.

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