Juan Martínez de Recalde, un almirante que reinó sobre las aguas

Fue el bilbaino más ilustre del siglo XVI por su novelesca vida en los mares

06.06.2021 | 01:25
Cuadro de Juan Martínez de Recalde, cuyo busto también está ubicado en la fachada del Ayuntamiento de Bilbao.

FUE la suya una vida novelesca, una travesía por los mares de medio mundo en el siglo XVI, tiempo en el que Juan Martínez de Recalde se consagró, a falta de informaciones más profundas de aquellos días, como el bilbaino más ilustre de su época. Fue hijo de Juan Martínez de Recalde Sáez de Vasoçavala y de Sancha de Larrinaga. Nació en Bilbao, en el seno de una familia de armadores, en torno a 1540 aunque no está clara la fecha de su nacimiento y de esa cuna le vino su vocación por los navíos y los mares.

Digamos que la primera referencia al futuro almirante se encuentra en el listado de combatientes aportados por la villa de Bilbao al contingente con que el Señorío socorrió a la plaza de Fuenterrabía, en 1558, donde aparece anotado como "Joan Martinez de Recalde el moço".

Según la información facilitada para su cruzamiento como caballero de la Orden de Santiago, sirvió en las tropas de Flandes, primero en Infantería y luego en Caballería, alcanzando el grado de capitán. En 1572 mandó la flota que llevó a Flandes al duque de Medinaceli, nuevo gobernador general de los Países Bajos, y sus tropas.

Apreciado como uno de los mejores conocedores de las rutas atlánticas y de los derroteros del litoral europeo, se le encomendó (1579) el transporte a Irlanda de un contingente hispano-italiano que, bajo los auspicios de Gregorio XIII, habría de comenzar la conquista católica de la isla.

Navegó en los buques de la escuadra de Vizcaya y participó en la protección de las flotas de Indias. En 1583 acudió con su escuadra a la expedición a las islas Azores. Destacó también en el terreno de la construcción naval, dirigiendo la construcción de buques reales en Gipuzkoa, Bizkaia y Cantabria y escribiendo algunos trabajos sobre el tema.

En 1581 era general de Mar y, en tal calidad, recibió el encargo de comandar la escuadra naval que, desde Andalucía, había de apoyar a la armada de Álvaro de Bazán en el episodio final de la incorporación de Portugal a la Corona de España: la conquista de las islas Terceras. Su nombre ya era conocido en las aguas.

Contrajo matrimonio el 8 de enero de 1585 con Isabel de Idiáquez e Idiáquez (perteneciente a una destacada familia del patriciado guipuzcoano y sobrina del secretario de Felipe II Juan de Idiáquez), en la iglesia de Nuestra Señora de Begoña (Bilbao), matrimonio sin descendencia.

El 8 de junio de 1586 se le otorgó el mando de la nueva Escuadra de Vizcaya, para la proyectada "empresa de Inglaterra" (empeño en que comprometió su fortuna personal, según manifiesta su testamento, llegando a adeudarse por valor de 1.500 ducados) y, al frente de sus galeones, llegaba a Lisboa el 2 de mayo de 1587. Álvaro de Bazán le tuvo como segundo al mando en mar, función tras la que recibiría nombramiento oficial, con título de almirante general, expedido por Felipe II el 24 de marzo de 1588, al tiempo que conservaba la jefatura de la Escuadra de Vizcaya.

Participó activamente en los combates mantenidos con la flota inglesa entre el 31 de julio y el 10 de agosto, en los que su navío sufrió daños de consideración por la acción artillera de las naves contrarias. Falleció en La Coruña unos días después de su arribada: el 23 de octubre. Su galeón insignia le sobreviviría hasta la incursión de sir Francis Drake del año siguiente, en que fue incendiado.

La alameda de Recalde de hoy debe su nombre a este marino vasco del s. XVI, almirante de la Armada Invencible, que propuso el periodista Camilo de Villavaso a mediados del siglo XIX en el momento de rotular las calles del Ensanche de Abando: Juan Martínez de Recalde, "el bilbaíno más ilustre [del siglo XVI] y el más esclarecido y grande de todos los tiempos", decía.

Al frente de la escuadra de Vizcaya, se incorporó a la 'Armada Invencible' como almirante general y segundo jefe

Su nombre fue propuesto por el periodista Camilo de Villavaso en el momento de rotular las calles del Ensanche

 
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