Rincones perdidos en la memoria

Getxo, tierra abonada a la cultura

28.02.2021 | 01:18
Semblanza del elegante edificio de Muxikebarri, atalaya que mira al Abra.

La historia nace en 1928, en Muxike landa, la tierra donde nació el Gran Cinema de Algorta, se encadenó con el Getxo Antzokia, que proyectó 'Cinema Paradiso' en su adiós y hoy se agranda con Muxikebarri, un templo

HAY casi un siglo de cultura a sus espaldas, cerca de cien años que no son pocos. No por nada, en las tierras donde hoy se planta Muxikebarri, el nuevo Centro de Arte, Cultura y Congresos de Getxo, comenzó a proyectarse la vida cultural del municipio. Llega la noticia de la mano de un libro, Getxoko leku-izenak, donde se relata que aquella era la campa en la que se ubicó inicialmente el Gran Cinema de Algorta, allá en 1928, se llamaba Muxike landa. Al parecer tomaba su nombre de la familia Muxike, dueña de las tierras en las que se ubicaron también la Iglesia de San Nicolás y la biblioteca municipal.

Parece un suelo bendecido para la creación o el encuentro del pueblo, den eso no caben dudas. Está registrado que el 21 de junio de 1927 Antonio de Araluze, en representación de Elorriaga y Cia., presentó la documentación y los planos de lo que sería, como se decía entonces, el cinematógrafo. Contaba con 666 asientos (164 de general, con bancos corridos;54 de delantera anfiteatro y 448 de patio de butacas) y se inauguró el 15 de septiembre de 1928, con la proyección de la película Beau Geste. Eran dueños -fundadores del ingenio Florentino Elorriaga, Eugenio Eugía y Carmelo Araluce, dicho sea en la que grafía de la época.

A lo largo de los años Getxo fue acostumbrándose a las celebraciones y espectáculos varios. Concursos de otxotes, kantaldis, exhibiciones de dantza y un sinfín de actos fueron arremolinándose en torno a lo que llegó a conocerse como el cine de Algorta. Tal era la consideración de uso público y patio de encuentros que están registrados, incluso, usos políticos. Como el de aquel 10 de abril de 1931, fecha en la que se celebró un mitin del PNV en la explanada del cine, con oradores de la talla de Jose Antonio Aguirre, Wenceslao de Amezaga y Jose Maria Izaurrieta. A ello hay que añadir actuaciones de compañías de zarzuela, grupos corales y de varietés, y hubo veladas de boxeo, en las que, para instalar el ring, se retiraban las primeras filas de asientos. La explanada exterior se aprovechaba en verano, también, para celebrar verbenas con orquestinas. La vida pública que se desplegaba en aquellas tierras.

Fue Gran Cinema desde 1928 hasta 1992. La crisis que afectó a las salas de cine en la década de los 80 dictó sentencia. Entonces el Ayuntamiento llegó a un acuerdo con los propietarios para alquilarlo durante cinco años, con una prórroga que se extendía a una década. El contrato se firmó el 26 de febrero de 1991 y el Getxo Antzokia se inauguró como tal en julio de 1992, tras una pequeña reforma. Más de 70 años quedaban enterrados y nacía una nueva esperanza.

Cuando el Gran Cinema dio paso al Getxo Antzokia, el coro de Algorta formó parte de la actividad de ese teatro. De aquel tránsito recuerdan los viejos del lugar que hubo dos incendios y el último fue el 16 de enero de 1989. Ese día se proyectó El príncipe de las tinieblas, de John Carpenter. Ahí se quema el cine y fue la última película del Gran Cinema. La última como Getxo Antzokia se proyectó el 30 de mayo de 2008: Los crímenes de Oxford, de Álex de la Iglesia. El cine-club de Getxo, nostálgico y sentimental, organizó una programación especial después para la última sesión del Getxo Antzokia y programó Cinema Paradiso. ¡Qué hermoso adiós para un cine!

Getxo Antzokia fue testigo de un cambio de siglo pero poco a poco fue perdiendo gas y llegó la hora de la remodelación urbanística de la zona de San Nicolás, lo que propició el derribo del viejo Getxo Antzokia, aposentado en el mismo edificio donde había latido el Gran Cinema. El primer cine de España edificado en hormigón armado en aquellos comienzos del siglo XX, por cierto.

¿Se acuerdan del año que les dije? 2008. El derrumbre llegó en pleno estallido de una crisis económica morrocotuda, lo que provocó una respuesta protestona de la ciudadanía, habida cuenta que el plan establecido hablaba de la construcción de un edificio mayúsculo que iba a convertirse en el polo de atracción de la cultura . ¿Invertir ahora en cultura, con una crisis galopante encima?, se preguntaba el pueblo. Todo fue retrasándose en el tiempo.

Disputa tras disputa, fue labrándose un futuro llamado Muxikebarri. Su silueta se recorta en el horizonte de Getxo. Se trata de un edificio emblemático, espectacular y funcional para el desarrollo de la creatividad y la cultura, en el que destaca ingrávido un poderoso foyer ascendente rematado con una espectacular ventana orientada a las vistas del Abra.

Fue diseñado por el equipo de arquitectos liderado por Luis María Uriarte -autor de otras actuaciones reconocidas como la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao-, hasta que el edificio surge rotundo a la vista, superadas ya todas las trabas, de las que les hablaba.

El nuevo complejo escogió un nuevo nombre. Muxikebarri, ya que está considerado como mucho más que un teatro, es un espacio con 12.000 m2 al servicio de las artes y la cultura, provisto con un equipamiento de primer nivel también para acoger congresos de diversa tipología. El nuevo centro de Arte, Cultura y Congresos cuenta con tres auditorios, una sala de conferencias de usos múltiples, vestíbulos con posibilidad de uso como galerías para ferias, congresos, exposiciones, un restaurante y cuatro ambigús. Además, su equipamiento escénico ha sido elogiado por profesionales de distintos ámbitos del arte y la cultura. En total cuenta con 1.300 butacas que pueden estar utilizadas al mismo tiempo, dado que las salas permiten actividades simultáneas.

Veámoslo. La Sala Ereaga, nombre del auditorio principal, con 782 butacas, posibilita la programación de gran y mediano formato. Además, dispone de los medios más avanzados para que eventos que, en la actualidad, organiza el Aula de Cultura, como el Festival de Folklore, la Semana Coral o conciertos clásicos se desarrollen con mejores posibilidades. La Sala Arrigunaga es la polivalente. Tiene 266 butacas retráctiles de forma automática, lo que deja un espacio diáfano para 769 personas de pie. En su acepción diáfana recibe el nombre de Sala Barinatxe. La Sala Areeta, con 218 butacas, está enfocada principalmente al uso de la Escuela de Música Andrés Isasi y la Sala Gorrondatxe, de usos múltiple, acoge a 60 personas y está pensada para conferencias o seminarios. Todo cabe.

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