Cuéntame una historia querida app

13.09.2020 | 01:18
Cuéntame una historia querida app

CUANDO aparecieron las primeras pulseras inteligentes, nos ilusionamos con pensar que esta era nuestra ocasión. Creímos que iban a ser la panacea para nuestra dieta. Lo mismo ocurrió con los relojes inteligentes. Con las aplicaciones que socializaban la actividad –que nos permitían sincronizar nuestra carrera con la de otras personas de forma virtual–, más de lo mismo. Pero ninguna de estas soluciones realmente lo consiguió de una manera sólida y sostenida.

El motivo por el que un dispositivo electrónico nunca será nuestra solución radica en un simple hecho: nos recuerdan lo que no estamos haciendo. Cuando nos ofrecen datos fríos y argumentos objetivos, se encienden zonas de nuestro cerebro muy limitadas, que procesan esa información concreta. Pero la mente humana es bastante más compleja que eso. Un recordatorio nos puede hacer sentir mal. Pero nunca será un estimulante.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford liderados por el profesor James Landay ha estado investigando este hecho. Y ha llegado a una conclusión clara para que mejoremos nuestra actividad física: las aplicaciones basadas en historias –o lo que hoy muchos y muchas llaman storytelling)–, pueden ser la solución. Este grupo de investigación ha creado WholsZuki, una aplicación que utiliza la motivación que dan las historias para persistir en el incentivo al usuario. Si cada semana, el usuario alcanza sus objetivos, la historia avanza al siguiente capítulo. Una historia en la que Zuki, un extraterrestre, viaja a nuestro planeta para encontrarse con su hermano perdido. Esta historia, para que forme parte del día a día del usuario, es vista cada vez que se desbloquea el terminal. Si quieres saber cómo sigue la búsqueda de Zuki en el planeta Tierra, deberás ponerte a correr o nadar.

Más allá del hecho concreto, la historia de Zuki nos debe llevar a preguntarnos sobre el poder de las historias para inducir cambios en el comportamiento humano. Una narrativa atractiva con unos personajes sólidos, que entran en conflicto a través de un conjunto de acciones bien diseñadas, es la mezcla perfecta para hacer que el cerebro permanezca atento. Los investigadores llevan décadas citando los efectos químicos que produce esto en el cerebro: liberación de dopamina –que genera concentración y motivación–, endorfinas –concentración y positividad– y oxitocinas –vínculo emocional y generosidad–. Ante esta combinación química, nos ponemos a correr, nadar o subir montañas.

Ahí no termina la historia de esta aplicaciónque cuenta historias. En una entrevista, el autor de la aplicación señala que para encontrar a su hermano, el bueno de Zuki debe escalar, nadar o saltar por este mundo que habitamos los humanos con tantos elementos naturales en su contexto. Esto no es más que un "efecto espejo" sobre el usuario de la aplicación. Si veo que a mi personaje favorito, Zuki, correr o nadar le acerca más a su objetivo, el usuario piensa que no va a ser menos. Es el efecto que crean en nosotros y nosotras los estereotipos.

La mente tiene desde hace siglos una estructura narrativa. La forma de dotar de significado a la experiencia del mundo se ha hecho históricamente contando historias. La principal herramienta de transmisión del conocimiento también han sido las buenas historias. Las pinturas rupestres, las narraciones orales indígenas, los cantos de los juglares y las historias heroicas o mitológicas son buen ejemplo de ello. Estamos biológicamente programados para escuchar historias y emocionarnos con ellas. De ahí que haya sido un recurso utilizado por todas las culturas y sociedades para explicar los cambios que ocurrían en el universo que les rodea. El relato tiene un efecto remanente que facilita entender la complejidad del mundo que nos rodea.

Al igual que la escritura y la revolución tecnológica y social de la imprenta, que difundió los libros de una forma impensable hasta ese momento, las aplicaciones son herramientas de nuestro día a día. En una era de tanta abundancia de las mismas, conseguir que sean usadas recurrentemente (que es lo que siempre quieren), es cada vez más complicado. Salvo que consigas motivar al usuario.

El motivo por el que un dispositivo electrónico nunca será nuestra solución radica en un simple hecho: nos recuerdan lo que no estamos haciendo. Y no es nada estimulante; nos puede hacer sentirnos mal