Rincones perdidos en la memoria

Un oasis de la cultura en escayola

Tras sus muros se esconde un rico patrimonio cultural de Humanidad. El Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao nació en los felices años 20 y ha pasado por diversos enclaves hasta ubicarse en la calle San Francisco

05.01.2020 | 06:19
El Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao, nacido en los felices años 20, es una auténtica joya bastante desconocida por los bilbainos/vizcainos.

SE llamaba Secundino Zuazo y pensaba a lo grande en aquel Bilbao de 1922. Era hermano de Severino Zuazo, que fue un reconocido futbolista del Athletic a principios del siglo XX y un arquitecto que pensaba a lo grande. A su imaginación corresponden el edificio de Correos de Alameda Urquijo y el antiguo cine Consulado pero en aquel feliz 1922 presentó su gran propuesta, una reforma urbanística del corazón de Bilbao: el Casco Viejo. Esta reforma hubiera obligado al derribo de bastantes bloques de viviendas de la parte antigua de Bilbao creando un amplio Bulevar que hubiera conectado el actual Arenal con el Puente de San Antón. Además, el proyecto propuso la construcción del entonces nuevo ayuntamiento en el parque del Arenal y, al otro lado de la ría, un edificio de oficinas de 20 plantas. Hubiese sido un Bilbao bien distinto al actual.

En aquel mismo año de 1922, Manuel Ramírez Escudero, prohombre de la cultura vasca, presentó una a propuesta a la Junta de Cultura Vasca y el 1 de octubre de 1927, se aprobó la creación del Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao, una vez que la Diputación y el Ayuntamiento de Bilbao dieron su visto bueno al proyecto. Así pues, nos encontramos ante uno de los museos más antiguos de la capital vizcaina.

Como les decía, en 1927, tras cinco años de vicisitudes desde el momento en el que Manuel Ramírez Escudero presentase la moción para su creación, se constituyó la primera Junta de Patronato de esta institución dependiente, a partes iguales, de la Diputación Foral de Bizkaia y del Ayuntamiento de Bilbao. Queda claro que Ramírez Escudero fue el gran promotor del museo. Tanto, que desde 1928 presidió la Junta del Patronato del mismo, cargo que ejerció hasta 1967. Aquella Junta del Patronato, contó con ilustres personajes del ámbito artístico, profesionales como por ejemplo Ángel Larroque, Ricardo Bastida o Higinio Basterra entre otros. Pero antes de entrar en materia, expongamos los antecedentes. Ahí van.

Ya desde el siglo XVI existió la tradición de copiar las obras del arte clásico, mediante la técnica tradicional del vaciado de escayola. Francia e Italia serán en esos comienzos los principales países donde se darán las reproducciones artísticas. A partir del XIX, comenzarán progresivamente a abrirse diferentes museos de reproducciones ligados generalmente a Universidades y Academias de Bellas Artes, con el objetivo de enseñar historia del arte de una manera práctica y dinámica. Uno de los primeros museos de reproducciones artísticas se abrió en Gran Bretaña en el año 1857.? El objetivo de los gobiernos de la época, en su "afán culturizador" era el mostrar al pueblo llano la "cultura de la Humanidad". La reproducción de obras de arte, ha sido además de útil para la enseñanza de las obras de arte, profundamente valiosa para tener testimonio de muchas obras que fueron destruidas durante la Segunda Guerra Mundial. Esos son sus poderes.

Antes de recorrer su historia hablemos de la ubicación. No en vano, a lo largo de su historia el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao se ha ubicado en tres sedes diferentes, todas ellas edificaciones con un uso previo, reconvertidas en museo: las escuelas de Berastegui, las escuelas de San Francisco y la actual sede, en la Iglesia del Corazón de María. Desde 1930 hasta 1955, el museo se instaló en las antiguas escuelas de Berastegui. Manuel María Smith Ibarra se hizo cargo del acondicionamiento del inmueble y de su decoración, antes de su apertura al público. La decoración de la nueva institución se inspiró en las famosas pinturas de San Isidoro de León.

Pese a las ampliaciones, el museo permanecería poco tiempo más en su ubicación fundacional. En 1955, el Ministerio de Justicia dispuso la eliminación del edificio para la creación, en su lugar, del Juzgado. La premura en el desmantelamiento del edificio fue tal que dio comienzo sin que se hubiera definido una nueva sede para el museo.

En el mismo año de 1955, el museo acabó trasladándose a San Francisco. En concreto al edificio de las antiguas escuelas del barrio, situado en la calle Conde Mirasol. En principio, se trataba de una serie provisional que, a la postre, acabó por hacerse estable hasta 2006.

En esta ocasión, el acondicionamiento fue llevado a cabo por el arquitecto municipal Hilario Imaz. Desde su traslado, el Museo se vio afectado por continuos problemas de humedades y goteras, a lo que hay que añadir una reducción del espacio expositivo a menos de la mitad del que ocupaba en Berastegui. Sin embargo, iban a ser las humedades las que obligasen, en 2000, al traslado de la Colección a un almacén provisional y a la búsqueda de una nueva sede. Finalmente, en 2006, el Museo de Reproducciones de Bilbao reabrió sus puertas en la antigua iglesia del Corazón de María, sede en la que permanece hasta el día de hoy.

Desde un principio, los responsables del museo primaron por encima de todo la calidad de las obras que se quería reproducir, antes que la cantidad. Así, se realizaron gestiones para adquirir obras directamente del British Museum. Los traslados de las piezas a reproducir contaron con la inestimable ayuda del empresario vizcaino Ramón de la Sota. Al mismo tiempo, y por cercanía se pedirán obras al Museo de Bellas Artes de Bilbao. Las primeras obras llegarán al Museo procedentes del taller madrileño de Benito Bertolozzi: Leda, el David de Verrrochio, El Niño de la Espina, El Torso de Belvedere, Esclavo, Torso de Subiaco, Torso, de Fidias, Apolonio. Más tarde, y también de Madrid, llegarán otras obras famosas como el Discóbolo o la Venus de Equino. Por otro lado, se planteará, sin éxito, albergar las obras de sótano del museo de Reproducciones de Madrid.

Desde museos extranjeros como el de Múnich, llegarán obras como Hércules o Guerrero herido. De Berlín Hermes de Praxíteles. De Londres se adquirirán Leona Herida o Tres Parcas. Del Louvre Auriga de Delfos, Venus de Milo o Victoria de Samotracia. Desde los museos Vaticanos llegan a Bilbao Apolo, Laocoonte y sus hijos y un retrato de Demóstenes. Y así, poco a poco, se han ido forjando un tesoro cultural tras sus muros, un patromonio de obras fabulosar para el Bilbao más culto.