Cables en las costas vascas para comunicarnos

30.05.2021 | 01:16
Cables en las costas vascas para comunicarnos

EL cable submarino Grace Hopper de Google fue noticia el pasado verano de 2020. Se trata de un cable que desde Shirley, New York, se conecta con Bude (Reino Unido) y con la playa de Sopela. En 2017, la misma playa fue también noticia. Microsoft, Facebook y Telefónica instalaban otro cable (que bautizaron como Marea) entre la costa de los Estados Unidos y Sopela. En ese momento, Marea marcó un hito histórico: ocho pares de fibra óptica dieron la mayor capacidad de comunicación que nunca había cruzado el Atlántico.

Cuando decimos que aumentaban las capacidades de comunicación, debemos entender que lo que nos proveen es caudal. Como si de autopistas se trataran, a mayor anchura, más rápido y más información podremos trasladar. La pregunta que siempre nos hacemos cuando escuchamos estas noticias es por qué es la playa de Sopela y no otras la elegida. La explicación, como muchas otras veces, suele ser la propia historia.

Y es que como cuando se hacen carreteras, aprovechar infraestructuras que ya existen, suele ayudar a abaratar y hacer más eficientes las grandes obras. En el caso de la playa de Sopela, por debajo de su arena que seguro muchos y muchas tantas veces habéis disfrutado, hay una compleja red de tuberías de fibra óptica que conecta Euskadi con el Reino Unido. Por ahí se encauzan, para ser enviados y recibidos, los documentos que enviais por email adjuntos, los mensajes de Whatsapp que compartís, o las fotografías que descargáis. Tyco, una empresa dedicada a construir esas infraestructuras, decidió en 2001 utilizar la costa vasca como puerta de entrada y salida de estas autopistas de la información. Euskadi tiene una situación geográfica espléndida a estos efectos y además contaba ya por aquel entonces con un importante número de empresas tecnológicas para dar soporte a estas instalaciones. Con esa primera gran autopista, Euskadi se conectó tanto a Gran Bretaña como a Estados Unidos.

Cualquier tubería subterránea y las que hoy en día habilitan Internet no tienen mucha diferencia. Requieren de infraestructuras de comunicaciones imponentes, con decenas de materiales aislantes, y con dotaciones para ser flexibles. Las corrientes marinas son fuertes, y además, suelen tener oscilaciones climáticas. Por ello, suelen ser infraestructuras donde la instalación subterránea se hace para protegerlas de estas contingencias. ¡Imaginaros lo que sería dejar sin Whatsapp a Euskadi una mañana entera!

Esta situación geográfica de Euskadi para las comunicaciones con el mundo no es la primera vez que se explotan. Un predecesor de estos instrumentos de comunicación, el telégrafo, ya había explotado nuestra ubicación anteriormente. España estuvo unida a Gran Bretaña en el siglo XIX, y por transitividad, con Europa, gracias a las comunicaciones que permitía las instalaciones del telégrafo de Arrigunaga. En 1873 España consiguió establecer su primera comunicación internacional submarina cruzando un cable por el Canal de la Mancha y llegando a Bilbao. La soberanía energética que también gozamos por estos lares nos ha ayudado en estos momentos de la historia. Y es que los sistemas de comunicaciones, por mucho que pensemos en ocasiones lo contrario, suelen demandar muchos KWh. Estar en una región con un mix energético tan distribuido como el nuestro ayuda. Se puede apreciar que son un cúmulo de circunstancias las que ayudan a tener infraestructuras tan poderosas.

Una última curiosidad sobre nuestras playas. No sé si se han fijado alguna vez en alguna playa en largas filas de roca que parece que la naturaleza ha tenido por capricho poner en medio. En realidad se trata de los cimientos y canalizaciones que antiguamente llevaban el cable hacia el interior desde las torres instaladas mar adentro. Es decir, son las antiguas infraestructuras que en su día permitieron comunicar a toda la península con el mundo. Y es que el telégrafo sí que era muy demandante de este tipo de comunicaciones. Hoy en día nos preocupa la velocidad para la comunicación. En aquel entonces la preocupación era al menos poder comunicarse.

En el caso de la playa de Sopela, por debajo de su arena que seguro tantas veces habéis disfrutado, hay una compleja red de tuberías de fibra óptica que conecta Euskadi con el Reino Unido


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