ALGUNAS enfermedades borran los caminos que conectan las palabras con los objetos y los rostros con los nombres. Son enfermedades que las personas adultas temen como al Hombre del Saco de la infancia. Porque humedecen los mapas, borran las huellas y apagan los faros.  El bailaor Paco Mora descubrió que con los pies, el oído y las manos, de repente, sin saber por qué, se prende una candela en la memoria oscurecida por las enfermedades neurodegenerativas. Sucedió en 2013, poco después de asumir la dirección del Centro Artístico de Badajoz, cuando decidió aparcar su carrera artística para dedicarse al cuidado de su madre, enferma de Alzheimer. Obtuvo el título de auxiliar sociosanitario y el grado de musicología. Y trató de encontrar nuevas formas de acompañar a Carmen y mantener activa su mente. Ese proceso se convirtió en el proyecto terapéutico ‘Flamenco para recordar’, que comenzó a aplicarse en centros asistenciales y recibió diversos reconocimientos en el ámbito geriátrico. Esta semana, Paco Mora expuso su experiencia en la Sala BBK de Bilbao.

Igor Yebra acompañó en el escenario al bailaor. Pero, aunque llevaba al cuello un fular azul oscuro con lunares fucsias para la ocasión, el reconocido bailarín bilbaino no dió muestra de su arte, sino que actuó como presentador y entrevistador de Paco Mora. Otra personalidad de nuestro baile, la directora artística de los Ballets de Olaeta, Jone Goirizelaia, quedó tras las bambalinas.

Hay que decir de Mora que comenzó en el flamenco muy joven. A los 12 años actuaba en tablaos de su costa malagueña natal. Se formó con Rafael Aguilar, Antonio Gades o Mario Maya. Con solo 24 años formó su propia compañía, realizó giras por América y debutó en el cine de la mano de Carlos Saura.

Su madre, Carmen, que siempre soñó con ser bailaora, debutó en Almendralejo con el espectáculo ‘Flamenco para recordar; coplas de un recuerdo’.  Sentada en una silla de ruedas y con un brazo paralizado, Carmen bailó, rió y disfrutó con Paco. Fue en 2018. Un 21 de septiembre, fecha en la que se celebra el Día Internacional del Alzheimer.

El espectáculo, mezcla de teatro, flamenco, danza, copla e improvisación, narraba la enfermedad desde la perspectiva del cuidador, con una mirada honesta, dura y esperanzadora a la vez. Contra pronóstico, estuvieron de gira por numerosos teatros de todo el Estado.

El modo en que compartir la danza sirvió para estimular la memoria de su madre es lo que Paco Mora contó a Igor Yebra y al público de Bilbao. Ahora, además, mantiene vivo el recuerdo de Carmen, que falleció a principios de esta década. 

Acudió al evento Koldo Bilbao, coordinador de cultura, familias y mayores de BBK, además de Adolfo Yebra, padre del bailarín. 

Asistieron, entre otras personas, Mikel González de Durana, Ana Estepa, Marta Tuero, Raquel y Ana Gómez, Adela Tascón, Natividad y Marta Porto, Maite Caño, Begoña Alvarez, Raquel Bustinza, Pilar Jauregibetia, Mercedes Vallejo o Amaya Uña

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La función se enmarcaba en las actividades previas al II Concurso Internacional Developpe Dantza, que se desarrollará la próxima semana en la misma sala, con el apoyo de la BBK, el ayuntamiento de Bilbao y la diputación foral de Bizkaia. El certamen tiene como objeto reunir escuelas de danza, grupos de baile y personas que compitan de manera independiente para demostrar la fuerza cultural de este arte, así como para buscar jóvenes talentos y ayudarles a impulsar su carrera en el mundo de la danza.

La danza es un lenguaje universal y unitario. Por eso posee la capacidad de emocionar aunque no se sepa leer una partitura o se ignoren los secretos de su técnica. Por eso la danza permite evocar aquello que permanecía olvidado.