Necesitamos nuestros Góngoras digitales

27.06.2021 | 01:14
Elon Musk llegó a compartir en su Twitter que quien controla los memes controla el universo.

eN el colegio estudiábamos cómo el Siglo de Oro español circunscribe un largo periodo de casi doscientos años. Una época que va desde 1492 –descubrimiento de América– hasta 1681 –año en el que fallece Calderón de la Barca–. Un momento de la historia en la que florece la cultura y el arte. Fueron tiempos de literatura, dejando para la historia obras y autores que perviven en la memoria colectiva universal hasta hoy. Es probable que con el nacimiento de la era digital estemos viviendo un momento de cambio como el que introdujo esa época. La cuestión de fondo es si la cultura está siendo inercial. Es decir, si está siendo un reflejo de la transformación digital, o si realmente mantiene su espíritu creativo.

Elon Musk, fundador de Tesla o SpaceX, que cuenta con más de cincuenta y cinco millones de seguidores, es conocido por difundir creaciones visuales de otros. Estas creaciones son los llamados memes, las unidades de transferencia cultural por antonomasia de esta era digital. Es una forma de expresar ideas entre personas a través de la cultura. El equivalente cultural a un gen. Hoy en día tenemos un gran número de personas creándolos por todo el mundo. Pero, como le pasa al bueno de Elon Musk, cuesta saber a quién atribuirlos. No es nuevo que cuando aparece un nuevo medio de expresión cueste encontrar autores. Ya pasó también en el Siglo de Oro.

Por otro lado, hace unas semanas el criptoartista Beeple vendía un lienzo digital de 21.069 x 21.609 píxeles por sesenta y nueve millones de dólares. Se trata de una obra de arte digital encriptada con la firma infalsificable del artista e identificada de forma única en su cadena de bloques. Alguno, alguna, lo llamaría una foto digital. Sin embargo, son los Non-Fungible Tokens o NFT. Activos digitales de valor único y singular (como un libro o un cuadro), expresados sobre una tecnología que permite saber quién es el verdadero autor o autoras. La puja por la obra de Beeple contó con un total de un 65% de oferentes millennials. Una nueva generación que aprecia más el arte digital que el físico. Un 91% de los oferentes eran nuevos en la galería que auspició la subasta. Se trata de una generación que probablemente tendrá antes una cartera de criptodivisas que una cuenta bancaria.

Estas dos historias (la difícil apropiación de las creaciones digitales en la era de las redes sociales y la subasta de NFTs) nos hablan de dos cambios estructurales a nivel de cultura en la era digital. Estamos posiblemente viviendo un momento de transición entre el Internet publicitario de los últimos años al Internet de los creadores. El que cree algo, puede acabar ganando dinero con ello. Elon Musk, una fortuna multimillonaria, podría tener que empezar a citar o pagar todo aquello que comparta. En segundo lugar, la desmaterialización física de la cultura es otro hecho. Que se puje por lo que a buen seguro una generación llamaría una foto digital y otra generación llamaría un NFT nos anticipa el momento de transición en cuanto a formatos y obras se refiere.

Ante estos cambios, y dada la relevancia que tiene la cultura en cualquier sociedad como elemento integrador, cabría preguntarse qué relación existe entre la cultura y la sociedad. Nuestra manera de entender la vida a través de la cultura es de sobra conocida. ¿Está la cultura siendo un espejo de la transformación digital de la sociedad? O, ¿está la sociedad siendo transformada por las expresiones culturales digitales? Cualquiera sea la respuesta, lo que parece claro es que estamos pasando de unas viejas a unas nuevas estructuras. Desintermediar para volver a intermediar.

Cervantes, Góngora, Quevedo o Lope de Vega marcaron la literatura de los siglos posteriores. También llega hasta nuestro día su trascendencia en el desarrollo de aquella sociedad. Ojalá la dirección de impacto sea la misma: que la cultura marque a la sociedad. Y ojalá en Euskadi contemos con nuestra generación de Góngoras digitales.

Estamos posiblemente viviendo un momento de transición entre el Internet publicitario de los últimos años al Internet de los creadores. El que cree algo, puede acabar ganando dinero con ello


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