Respeto y comparto la decisión de RTVE de plantarse para no seguir pagando la fiesta, entre todos, al blanqueo de Israel. En esta humilde página también hemos pedido, desde que empezó el exterminio de Gaza, la expulsión de Israel de Eurovisión (y de todas las demás competiciones culturales y deportivas), como se hizo con Rusia cuando atacó Ucrania. Y que de no hacerlo, como no lo han hecho, lo más sensato era abandonar la fiesta para no ser cómplices. Nada que objetar, por lo tanto.

Pero no me parece acertada la alternativa de montar para esta noche, 16 de mayo, una segunda parte del programa nocheviejuno en versión extralarga con otras tantas actuaciones musicales enlatadas a las que solo les faltarán las doce campanadas desde la Puerta del Sol. 

Lo que hace TVE es buscar un efecto placebo para la audiencia, en lugar de mojarse, que es lo que le toca hacer una noche como la de hoy: un especial que explique qué está haciendo Israel en Gaza y por qué no podemos bailar y cantar a su son, como si nada. Y esto lo acompañas de canciones por la paz, de un festival alternativo con los otros países desertores, de mensajes en negro con datos e imágenes relevantes de la masacre propiciada por Israel o de lo que sea, pero algo con empeño de justificar el no ir a Eurovisión y no una segunda parte enlatada del especial musical de Nochevieja, por favor.

Cinco países (España, Irlanda, Eslovenia, Islandia y Países Bajos) no estarán presentes ni lo emitirán. Jens Büttner / EP

Me parece mucho más acertada la propuesta de la televisión eslovena que ha decidido que su sustituto de Eurovisión no podía ser “un programa superficial, porque no tendría sentido”. Y en su lugar, ha montado una serie de especiales sobre Israel y Palestina, pero también sobre el papel que la política juega en Eurovisión, los dilemas éticos de quienes participan y cómo debería ser el futuro del certamen. Buscan ser didácticos para llevar a la audiencia a su terreno en lugar de que se les dispersen por internet buscando una alternativa para ver la redonda y polémica final de la 70ª edición de Eurovisión.

Pese a las enormes medidas de seguridad, espero que esta noche haya quien consiga colar su protesta pacífica, pero burlona, delante de las narices de quienes bailan el agua a Israel. Ya sea subiéndose al escenario para hacer el ganso, robando el micro a la cantante en plena actuación o bajándose los pantalones para hacer un calvo, tres ejemplo reales de los últimos años. O incluso un cantante cambiando la letra de su canción para condenar la guerra. Porque, aunque haya países que no estarán, los que están también tienen que saber protestar, y eso hay que verlo.