Juan Herrera Guerrero, más conocido como el monje vidente que saltó a la fama tras su paso por el programa de First Dates, de la Cuatro, resultó ser uno de los diez fugitivos más buscados por la Policía Nacional. De 53 años y natural de Puente Genil (Córdoba), Herrera era reclamado por el cuerpo policial por abusos y agresiones sexuales a menores. "Mide 1,73, es de complexión atlética, cabello castaño, piel blanca, ojos marrones y puede utilizar gafas graduadas", se recogía en la ficha policial.
Se trata de un hombre que aseguró en un programa televisivo haber vivido en Bilbao. Fue el programa Código 10, de la Cuatro, el que logró hablar con él después de que un reportero se hiciese pasar por un cliente. Entre los diferentes temas que trataron, el monje vidente le señalaba que estaba a punto de cambiarse de vivienda. Una clave a la que el reportero le indicaba que se mudaba a un piso de la capital vizcaina. "Ah, mira, yo también vivo en Bilbao", le respondió el monje vidente sin pensárselo.
Un dato que no es comprobable, ya que no hay ninguna prueba que le vincule con Bilbao más allá de esta declaración que realizó.
Detención
Juan Herrera Guerrero, reclamado por presuntos delitos de corrupción de menores y extorsión por los que se enfrenta a una pena de diez años de prisión, cuenta con una extensa trayectoria delictiva iniciada en 2003. Desde entonces, ha acumulado un amplio historial de antecedentes por diversos delitos. En el año 2010 simuló, presuntamente, ser agente de la autoridad y, junto a otro hombre, retuvieron en la calle a tres menores de edad a las que realizaron tocamientos de índole sexual con el pretexto de realizar supuestos cacheos de seguridad.
A su vez, a Juan Herrera Guerrero se le atribuye el presunto liderazgo de una red de “sextorsión” relacionada con hechos de índole sexual con menores. Ante el riesgo de fuga, se emitió una orden internacional de detención por delitos de extorsión y corrupción de menores.
Tras diversas gestiones, los agentes determinaron que el prófugo había abandonado el Estado y había diseñado un itinerario por distintos países con el objetivo de dificultar la trazabilidad de su huida. La cooperación internacional volvió a resultar determinante, contando inicialmente con el apoyo de las autoridades estadounidenses, que permitió situarlo en una primera fase en Guatemala.
Posteriormente se realizaron controles fronterizos que permitieron ubicar finalmente al objetivo en Nicaragua en una operación que culminó con la localización y detención del fugitivo, por parte de las autoridades nicaragüenses, en base a su situación irregular en el país. Actualmente, el detenido se encuentra internado en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Managua.