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El despertar blanco del valle de Arlanza: un festín de historia y lechazo

La floración de los gamones en la comarca burgalesa modifica los paisajes en los que el verde de las sabina hace de telón de fondo

El despertar blanco del valle de Arlanza: un festín de historia y lechazoTurismo de Burgos

El nombre de Arlanza suena a vino (con una Denominación de Origen cada día más potente), a pueblos llenos de historia y a naturaleza extrema, pero en primavera, esta comarca del sur de Burgos dobla su apuesta gracias a los colores que brillan más en su cuidado paisaje. Entre finales de mayo y principios de junio tiene lugar la floración de los gamones, por lo que el horizonte se llena de pequeños ramos de flores blancas. Un color que contrasta con la intensidad del verde de sus sabinas, árbol protagonista de los densos bosques de la zona.

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Dos plantas con mucha personalidad

El Asphodelus albus, más conocido como gamón, es una esbelta planta herbácea que puede superar el metro de altura y se caracteriza por una llamativa inflorescencia simple de flores blancas con líneas marrones y que tiene, además, valor gastronómico. Crece en los claros de los bosques y en zonas de praderas pastoreadas y es muy abundante dentro del Parque Natural Sabinares del Arlanza – La Yecla.

Por su parte, el sabinar albar oJuniperus thurifera es un árbol de hoja perenne, con hojas escamosas, que puede alcanzar hasta 12 metros de altura. Prospera en suelos calizos y se adapta perfectamente al clima continental extremo, el mismo que tiene gran parte de la provincia de Burgos. Es tan resistente que puede considerarse una auténtica reliquia del Cenozoico (época posterior a la extinción de los dinosaurios). Los sabinares del Arlanza están considerados como los más extensos y mejor conservados del planeta.

Uno de los mejores lugares para admirar la belleza de esta floración y mezcla de colores es el Desfiladero de la Yecla. En pleno Parque Natural, destaca esta profunda y estrecha garganta excavada en los espesos bancos de caliza que caracterizan el relieve de las Peñas de Cervera. Una serie de puentes y pasarelas colgantes permiten recorrer andando esta maravilla de la naturaleza y disfrutar de vistas impresionantes.

Un recorrido con una larga historia

Gamones, sabinas, encinas, quejigos, hayas, fresnos, rebollos y arces forman un verdadero paraíso de la biodiversidad, pero, además, esta comarca es rica en historia y patrimonio. Habitada desde la prehistoria, son muchos los restos arqueológicos que hoy se pueden visitar, así como pueblos que son hoy un libro abierto de historia.

Tras empaparse de naturaleza en la zona de La Yecla, el recorrido puede continuar hacia Santo Domingo de Silos, un lugar reconocido mundialmente gracias a la belleza de su abadía benedictina, su claustro del siglo XI y, como no, por los cantos gregorianos de sus monjes.

Atravesando bellos paisajes y, en muy pocos kilómetros, se llega a Covarrubias, otro de los puntos destacados de la zona. Considerado uno de los pueblos más bonitos de nuestro país, Covarrubias enamora por sus casas con fachadas de entramado de madera, sus coquetas plazas y la historia que relaciona a este pequeño pueblo burgalés con una princesa noruega.

Covarrubias crece a la orilla del río Arlanza.

Para digerir con calma lo visitado en Covarrubias, el alto en el camino se puede hacer en algún local hostelero y disfrutar de uno de los dos platos que mejor acompañan este entorno medieval. Más medievales, la olla podrida, uno de los platos más tradicionales de la gastronomía burgalesa. Este plato de cuchara integra la alubia roja de la comarca con cerdo adobado, costilla, pata, oreja y otros derivados del mismo animal.

La siguiente parada también aúna historia, patrimonio y gastronomía. Cerrando el que llaman Triángulo de Arlanza, Lerma ofrece un cambio de estilo, época y producto gastronómico. Levantado en el siglo XVII, el estilo herreriano del Palacio Ducal, de líneas sobrias y elegantes, se impone en toda la localidad, como se puede comprobar y disfrutar en un recorrido desde la Plaza Mayor hasta el convento de Santa Clara.

Quienes elijan Lerma para comer deben saber que la estrella es el lechazo asado en horno de leña, el cordero de la raza churra, animal muy venerado en la zona y que el duque de Lerma ofrecía al rey en cada visita. Quizá para hacerse perdonar la mentira con la que le engañó al solicitarle permiso para levantar cuatro torres en lugar de solo las dos previstas.