Para quien no tema al frío ni a la nieve y busque gozar de unos días de caminatas en la naturaleza, aislado de la urbe y alejado de sus congéneres, la pequeña localidad de Bulnes, sita en Picos de Europa, es un secreto escondido que aumenta su belleza en el periodo invernal.
Agazapada entre montañas y a menudo bajo un manto de nieve te puedes encontrar en invierno esta localidad asturiana que apenas cuenta con varias decenas de habitantes. A este coqueto pueblo no se puede acceder en vehículo a motor, solo caminando durante unas dos horas o usando un funicular. Muchos montañeros lo usan como punto de partida para explorar el célebre Pico Urriellu o Naranjo de Bulnes.
Pueblo dividido en dos zonas, una alta y otra baja, y parroquia del concejo asturiano de Cabrales, forma parte de la Red de Pueblos más Bonitos de España, así que el visitante disfrutará recorriendo sus pocas calles, con casas de piedra caliza con tejados de color rojo, un puente de madera y la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, que fue restaurada en 2014. Esta capilla, en ruinas durante décadas, está anexa al cementerio, con sus lápidas de piedra.
Si no quieres escuchar más que los sonidos del agua y del canto de los pájaros, Bulnes es un destino ideal, más en época invernal. Especialmente su zona alta, ya que al estar más elevada que el resto de la aldea, te permite vistas impresionantes en plena soledad. Las mejores, desde el mirador de Lallende, donde se puede divisar la mayor parte del Canal del Teju, la Peña Maín y el Collado Pandebano.
Ubicado en Picos de Europa, un espacio natural protegido de 650 kilómetros cuadrados, en su interior discurren unas 30 sendas cortas homologadas para disfrutar de valles y lagos glaciares, hayedos, robledales, bosques mixtos, avellanares, encinares, prados de fondo de valle, pastizales alpinos, crestas, peñas, picos...
Oferta gastronómica
La zona baja del pueblo, la más animada y con servicios destinados al turismo, ofrece alojamientos y una muestra amplia de la gastronomía local: desde ricas croquetas a patatas al Cabrales, cachopines de ternera y de pollo, sus demandadas tablas de quesos y la siempre socorrida fabada asturiana, entre otros platos.