Jorge Azcón Navarro (Zaragoza, 1973) va a necesitar de la creatividad y habilidad que su difunto padre, Julio Azcón Asenjo, plasmaba sobre el terreno de juego para, en su caso, poder encauzar la gobernabilidad de Aragón. El progenitor del, por el momento, presidente en funciones de dicha comunidad llegó a militar durante algunas temporadas en el Real Zaragoza a mediados de la década de los 50 del siglo pasado, compitiendo en Segunda División, y pasaba por ser un centrocampista de exquisita técnica y buena visión de juego. El menor de sus cinco hijos celebraba ayer la victoria obtenida en las urnas por el PP que capitanea. Pero es consciente de que el partido no ha terminado y que para repetir en la jefatura del Gobierno de Aragón va a tener que enfrentarse a la prórroga y, posiblemente, la tanda de penaltis que le planteará un Vox crecido para alcanzar un acuerdo de investidura.

Azcón no tiene más que ver lo sucedido en Extremadura con su compañera de partido, María Guardiola, para ver lo que le espera. Pasado mes y medio de los comicios en aquella comunidad, las negociaciones entre PP y Vox siguen allí encalladas. La tensión sube enteros a medida que pasan los días y no se vislumbra un acuerdo entre populares y los de Abascal, que agitan ya el fantasma de la repetición electoral. La adjudicación de la presidencia de la Mesa de la Asamblea, una de las aspiraciones de los ultras, al popular Manuel Naharro, es un síntoma de lo distante de las posturas cuando aún no ha concluido la ronda de consultas previa a la designación de la candidata -o candidato- a comandar la Junta de Extremadura.

Como se temía, a Azcón le va tocar el papel de protagonista de un remake a la aragonesa de las tribulaciones de Guardiola. De hecho, las situaciones en que se han visto inmersos ambos barones populares presentan numerosos paralelismos. Para empezar, los dos accedieron a la presidencia de sus respectivas comunidades tras los comicios municipales y autonómicos del 28 de mayo de 2023, desbancando a sendos dirigentes socialistas fallecidos el año pasado a causa del cáncer: Guillermo Fernández Vara en Extremadura y Javier Lambán en Aragón. 

Tanto a Azcón -con una mayoría insuficiente- como a Guardiola -en segunda posición tras Fernández Vara- les tocó buscar el respaldo de Vox para hacerse con el poder y darle cabida en su Ejecutivo. Eso supuso tener que apoyar exigencias de la extrema derecha como la derogación de las Leyes de Memoria Histórica autonómicas y su sustitución por unas respectivas Leyes de Concordia que diluyen la huella de la represión franquista al equiparar a sus víctimas con las de otras violencias, como las de ETA o incluso la ejercida por grupos de izquierda en la Segunda República. Unas normativas que ponen trabas a la exhumación de fosas comunes del franquismo y eliminan la obligación de la retirada de símbolos del régimen dictatorial.

Aquello no acarreó un gran problema ni para Guardiola ni para Azcón, cuya alianza con Vox saltó más adelante por los aires por el mismo motivo: las cuentas. El bloqueo que los de Abascal ejercieron en la aprobación de los presupuestos se saldó con el golpe en la mesa, primero de la líder extremeña y después del aragonés, dando por finiquitada la legislatura tras poco más de dos años de recorrido y convocando elecciones anticipadas en los dos territorios. Para entonces, Vox ya había salido de ambos Ejecutivos tras el acuerdo alcanzado con el Gobierno español para la acogida de menores migrantes no acompañados.

Las similitudes continúan tras el paso por las urnas, que le depara a Azcón un panorama muy parecido al que le ha quedado a Guardiola. Así, incluso hasta pierde dos disputados respecto a 2023 se ve engrandecido únicamente por un nuevo descalabro del PSOE. Sin embargo, el crecimiento imparable de Vox ensombrece la satisfacción de los populares, a quienes la política del palo y la zanahoria no les está dando resultado a la hora de intentar domesticar a la formación ultraderechista y hacer que coma de su mano. A Azcón, que en esta campaña ha enseñado los dientes contra Vox, le va a tocar recoger el cable y esbozar una sonrisa para convertirlos de nuevo en sus compañeros de viaje. Y él, quien pese al legado futbolístico paterno destacó más en su juventud el baloncesto jugando de escolta, probablemente se verá obligado a anotar un triple sobre la bocina para ganarse la presidencia de Aragón.