Xabier Barandika y Thibault Basque dieron este lunes un paso adelante en la liguilla de semifinales del Eusko Label Winter Series de cesta punta profesional –puntuable dentro de la Jai Alai League–. No sin sudar. No sin sufrir. No sin exprimir hasta la última gota de lo que tienen dentro. Su destino está abrazado al aguante desde que encajaron la primera derrota en los cuartos de final contra Urreisti-López, lo que les obligó a remar a contracorriente hasta el último aliento de la fase regular, en un encuentro ante Urrutia-Del Río que definió su futuro, jugándose el todo o nada a una sola moneda al aire en la función final. Lo solventaron, con el añadido de los problemas físicos del zaguero de Bidarte, que salió a la cancha arrastrando un esguince de tobillo. Muy cinematográfico todo.
La moneda salió cara entonces, desnivelando por obra y gracia del delantero de Gernika-Lumo. Y la moneda salió cara este lunes en su primera andanada en la fase previa a la final, siendo de nuevo fundamental el puntillero poseedor del gerriko dorado que le acredita como campeón de la Jai Alai League. Barandika desatascó un encuentro que empezó de cara ante Johan y Gorka Sorozabal, quienes acusaron el jet-lag –aterrizaron el domingo desde Dania (Estados Unidos), donde disputan la temporada invernal– en un descorche plagado de errores y con poco ritmo, para acabar contagiándose en el segundo, en el que los hermanos de Biarritz dieron un paso adelante. Especialmente, el delantero. El mayor de la saga no tuvo su día y cometió demasiados fallos, claves a la postre para desarrollo final.
El jet-lag
Si las dudas rondaban la cabeza de Basque por el estado de su lesión, las facilidades de los Sorozabal las disiparon nada más comenzar. A los hermanos les costó dar velocidad a una pelota más tranquila y favorecieron el poder de Thibault, que hace daño con su largo revés en el Jai Alai de Gernika. En ese panorama acompañó el buen momento de forma de Barandika, serio y con las ideas claras desde el primer pelotazo. El vizcaino y el de Bidarte manejaron ventajas amplias y se fueron al descanso 8-4. El cemento de los vencedores obligó a Johan a explorar. Un dato: con el 13-7, los naranjas se habían visto beneficiados únicamente por un error rival.
Cometió dos yerros Barandika que pusieron emoción (13-10). El 14-11 fue un bonito dos paredes de Gorka desde el 12 que no le sacó de pobre. Zanjó Xabier con una apertura.
La incomodidad de Basque
Pero el guion cambió de cabo a rabo después del paso por el vestuario. Los Sorozabal crecieron en ataque y aprovecharon los regalos de Basque, incómodo con una pelota más viva. Pese a todo, los fallos de los de Biarritz –nueve de la docena de tantos en contra– dieron más que oxígeno a sus contrincantes. Johan alternó grandes remates con cruces.
Descontrol
Gorka impuso músculo, pero también asomó con golpeos descontrolados. Así, pese a ir por delante durante todo el parcial, se llegaron a encontrar con una remontada tras el 7-10. Un txiktxak de Barandika y tres errores propios forjaron la voltereta (11-10). Un precioso revés de Johan por la pared puso el abrazo a once. Dos errores de Xabier volvieron a dar alas a los naranjas, que cerraron con dos tantos (12-15).
Resuelve Barandika
Se fue el partido al desempate para poner más emoción al menú, eclipsado el espectáculo por los nubarrones derivados de la tensión. Fue entonces cuando emergió la figura de Barandika, quien, cuando pintaban bastos, asumió galones para cambiar el pulso del destino. Brújula y bisturí, el gernikarra asomó en el último tramo con intensidad y brillo. Rasgó la cinta del tercer joko con un bonito txiktxak, pura inteligencia. El 2-0 fue un dos paredes elegante. Respondió Johan con un derechazo al ancho. Barandika reboteó por la pared y aprovechó un fallo de Gorka, que restañó la herida con un pelotazo atrás. El cierre llegó a cargo de Xabier, que terminó con un derechazo atrás (5-2). Paso adelante.