El último en pie será el ganador. Podría parecer el argumento de ‘El juego del calamar’ o ‘Los juegos del Hambre’, pero nada más lejos de la realidad. Esa oración resume a la perfección la finalidad de las Backyard Ultra, una disciplina muy exigente de carreras de ultrafondo que tiene una llamativa peculiaridad: se sabe cuándo comienza, pero no cuándo acaba. A partir de este viernes Loiu se convertirá por segundo año consecutivo en el epicentro de esta novedosa modalidad al celebrar la II Euskal Backyard Ultra, que reunirá a más de 200 participantes, y que está organizada por Kukulu Mendi Kluba y el Ayuntamiento de la localidad del Txorierri.
En una Backyard Ultra, al contrario que en una ultra al uso, donde se conoce la distancia a recorrer antes de comenzar, no se sabe cuándo va a finalizar la competición. Esta modalidad la inventó el estadounidense Gary Cantrell con la filosofía de poder organizar una carrera de ultrafondo en el patio trasero de casa.
6,7 kilómetros cada hora de manera ininterrumpida
En esta disciplina el objetivo es recorrer un circuito de 6,706 kilómetros en un máximo de 60 minutos. El participante que termina dispone del tiempo restante para descansar antes de que comience la siguiente vuelta y, por el contrario, el que no consiga completarlo en ese tiempo queda eliminado. Fernando Pérez, miembro de Kukulu Mendi Kluba y director de la prueba, explica que no tienen una distancia concreta, ya que consiste en que los atletas se vayan eliminando hasta que un participante consiga cruzar la línea de meta en solitario dentro de los 60 minutos reglamentarios. “Eso sí, si nadie cruza la meta en el tiempo preestablecido, no hay ganador”, añade Pérez.
Una característica de estas pruebas, que Pérez califica como cruel, es que, quitando el primer puesto, no se contabilizan del segundo para abajo: “Todos los demás en la clasificación figuran como retirados. Sí es verdad que al penúltimo en pie se le denomina asistente, nosotros bideratzailea, porque es el que motiva al ganador a que dé esa última vuelta en solitario”.
Una de las Backyard Ultra referentes a nivel estatal, tanto por su dureza como por ser una de las pioneras, es la Spain Backyard Ultra, celebrada en Castro Caldelas, en Galicia. “En toda la zona norte, exceptuando la zona gallega, no había ninguna Backyard. Cuando empecé a mirar para organizar una aquí hace cuatro años, en la península solo se organizaban una docena de ellas. Este año, sin embargo, ya son 40. Está creciendo a un ritmo exponencial”, explica el director de la Euskal Backyard Ultra. Actualmente en Euskadi se organizan tres pruebas: la de Loiu, una en Usurbil y otra en Murgia.
41 horas ininterrumpidas
La primera edición estuvo marcada por la rivalidad entre el andaluz José Manuel Ruiz, el vigente campeón de España, y el vizcaino Ibon Gamboa. Ruiz, tras 41 horas ininterrumpidas y 275 kilómetros recorridos, consiguió batir por una vuelta al corredor de Mungia. Este año la prueba seguirá contando con unos 50 voluntarios, aunque, con el objetivo de implicar al pueblo, arrancará este viernes a las 21.00 horas. “El año pasado salieron el sábado a las nueve de la mañana, y cuando terminaron la noche del domingo de madrugada aquí estaban los cuatro de la organización y poco más”, concreta el director de la prueba.
El codiciado billete para el Mundial por Equipos
La cita en Loiu es puntuable para el Campeonato Mundial por selecciones que se disputará el próximo 17 de octubre. A diferencia del Campeonato Mundial individual, donde los participantes sí deben viajar hasta Tennessee para competir de manera presencial todos juntos, en el Mundial por selecciones cada combinado corre desde su propio país.
Para poder llevar a cabo el evento, lo primero que hace cada selección es elegir una sede. Este año la de la selección estatal estará ubicada en La Manga del Mar Menor, en Murcia. El día del evento más de 80 selecciones, compuestas por 15 integrantes, empiezan la prueba a la misma hora. La selección cuyos corredores sumen más vueltas saldrá vencedora. “Es bonito porque hay que transmitirlo por internet. Desde Estados Unidos centralizan todo el seguimiento, y van conectando con todos los países", explica Pérez.
Ser uno de los 15 representantes no es una tarea sencilla. “En cada país hay media docena de pruebas que tiene la medalla de plata y que te clasifican automáticamente para la selección, independientemente de que otro haya dado más vueltas en otra prueba”, detalla el director de la carrera vizcaina. El resto de componentes se deciden en pruebas como la Euskal Backyard Ultra, donde lo que computa son las vueltas que dé el ganador. Actualmente, completar 48 vueltas, es decir, correr durante más de dos días de manera ininterrumpida, da acceso a poder vestir la camiseta de la selección el próximo mes de octubre.
La Backyard Ultra tiene la característica de que, además de la preparación física, la gestión es decisiva para decidir quién será el único ganador de la prueba. Ibon Gamboa, bideratzailea de la anterior edición, ha ganado en tres ocasiones la Spain Backyard Ultra, en la cual todavía ostenta el récord de 38 horas. Destaca que, además de economizar y no ir al máximo para no desgastarse, una de las claves es el acompañante que está en la Base de Vida, lugar donde descansan entre vueltas: “En cada vuelta que doy no pienso ni en lo que voy a comer. Mi mujer está allí, y yo me siento, me da la comida, me cambia los calcetines y a seguir. Para mí ese soporte es fundamental en estas carreras”.
‘Cabezadas’ de unos minutos
Además, en una competición que se prolonga durante días, el sueño es un factor decisivo, y los microsueños se convierten en algo clave. Aunque hay recorridos exigentes como el de Castro Caldelas, donde cada vuelta requiere casi una hora y no hay tiempo para dormir, otros circuitos sí que permiten tras la alimentación una cabezada de cinco minutos. “El año pasado en Loiu sí me daba tiempo, pero como vivo cerca, venía mucha gente a visitarme, y era incapaz de dormir”, recuerda entre risas Gamboa.
Aunque oficialmente tanto hombres como mujeres compiten juntos en la misma clasificación, la carrera de Loiu, con el objetivo de promover la participación femenina, otorga a las tres mejores corredoras un trofeo. Además, a la mujer con más vueltas se le entrega un galardón muy parecido al del participante que resulte campeón: un trofeo, una txapela y un premio económico de 300 euros. De cumplirse las previsiones de la organización, Loiu volverá a ser testigo durante dos días seguidos, sin interrupción, de una batalla donde ganar significa, simplemente, ser el último en rendirse.