Los más veteranos, muy ilusionados ante el deseado reencuentro y los dos meses de vivencias que tienen por delante. Los ocho novatos, algo tímidos, asustados y descolocados ante su primera y desconocida experiencia. Y, en general, muy cansados, nerviosos y con un halo aún de tristeza en sus ojos y en sus miradas por dejar atrás su hogar, su familia y sus amigos. Pero, también, con una gran y emocionante sonrisa de agradecimiento.
Así han llegado a Arrigorriaga, pasadas las 16.00 horas de este miércoles, los 32 menores ucranianos que, gracias a la asociación Chernobil Elkartea, van a poder pasar el verano con familias de acogida en Bizkaia. Son un tercio de los 92 niños y niñas que estarán, hasta el 28 de agosto, conviviendo en diferentes localidades de Euskadi y de Navarra puesto que el destino de 36 ha sido Gipuzkoa, otros 7 se quedan en Araba y 17 en Navarra.
Diana Komarenko y su hermano
La espera en Arrigorriaga se ha hecho larga para las familias de acogida vizcainas. En el punto de encuentro estaban ya, desde las 13.30 horas, algunas de ellas, puesto que esa era la hora inicialmente prevista para la llegada del autobús. "Es normal que haya retrasos, lo importante es que ya están llegando", han comentado en corrillos.
De los más tempraneros han sido el matrimonio de Erandio formado por Marian y Jose y la joven ucraniana de acogida Diana Komarenko. "Llevamos dos décadas participando en el programa. Antes de ella, tuvimos de acogida a otro niño y ahora estamos esperando al hermano pequeño de Diana", han explicado.
El caso de Diana es la demostración de los beneficios de la iniciativa impulsada, desde hace 30 años, por la asociación Chernobil Elkartea. "Yo empecé a venir de pequeña, con 7 años la primera vez" y desde 2022 lleva ya residiendo de manera permanente con "mi otra familia" para formarse en Euskadi. "Acabo de terminar un grado medio de Gestión Administrativa y el próximo curso empezaré uno superior de Finanzas".
Mientras lo relata, Marian la mira con orgullo. "Es muy buena estudiante". Y lo está consiguiendo después de sortear numerosas dificultades. Primero, la pandemia que impidió "que viniera dos o tres años" y después llegó una guerra que, cuatro años después de su inicio, ha añadido incertidumbre y una importante carga emocional a la población ucraniana, especialmente a su infancia y a su juventud. "Mi padre está combatiendo", ha contado Diana. Al inicio del conflicto bélico, "nos vinimos mi madre, mi hermano pequeño y yo", mientras que allí se quedaron su progenitor y su hermano mayor.
Pasados unos meses, solo aguantó Diana en Euskadi. "Mi madre no se adaptó y se volvió con Illia", el pequeño de la familia, de 9 años de edad, con el que se ha reencontrado este miércoles porque es uno de los menores que pasará dos meses en Bizkaia. "Es la segunda vez que viene. Para él supone un respiro, disfruta mucho y, además, estamos juntos". Y, como era de esperar, Diana e Illia se han fundido en un fuerte y cariñoso abrazo tras bajar del autobús.
Paseos, juegos, piscina...
Begoña, de Santutxu, es otro ejemplo de compromiso y solidaridad con estos menores. "Ya hemos tenido en casa dos bielorrusos con los que aún tenemos relación y dos ucranianos". Zlata, de 11 años, "es la cuarta vez que viene" y, a pesar de su veteranía como familia de acogida "nos produce, siempre, mucha alegría y satisfacción" aportar su grano de arena al bienestar de y el normal desarrollo de estos niños y niñas. En su caso, "a Zlata le gusta mucho pintar, pasear o ir a la piscina", pero sobre todo "comer croquetas". Es su plato favorito "y cuando vamos de bares se fija en las barras de pintxos para pedir croquetas", ha apuntado el marido de Begoña.
Y son esas pequeñas y sencillas cosas las que más conmueven. "En nuestro caso, lo que más nos pide es playa, piscina y helados", ha comentado otra de las familias. Y, la mayoría coinciden en que lo más duro de la adaptación son las noches. "El año pasado, Illia se asustaba con los ruidos. Espero que este verano lo lleve mejor", desea Diana.
"Yo vivo en Mungia y se oyen mucho los aviones. El año pasado llegaron sobre la una de la madrugada y me pasé la primera noche durmiendo junto a él para que no temiera nada", ha relatado una joven amatxu de acogida. "Ahora me dice que le gusta mucho venir porque aquí se duerme muy bien, sin el sonido de los drones", ha añadido con la voz entrecortada.
Más necesario que nunca
Cuarenta años después del accidente nuclear y en la actual situación de conflicto bélico, para la asociación Chernobil Elkartea el programa de acogida "sigue siendo fundamental" ya que "mientras las consecuencias de aquella catástrofe y de la guerra continúen, este seguirá siendo un viaje necesario". Por ello, ha querido poner en valor y agradecer "el papel fundamental del voluntariado" y de las familias de acogida que durante los dos meses de verano, y también en navidades, comparten "experiencias, fortalecen vínculos y crean una red de apoyo mutuo durante la estancia".
Y para este 2026 ya hay planes conjuntos. Entre las propuestas previstas figuran el encuentro lúdico-gastronómico 'Fusión Ucrania & Euskadi', en Donostia; una caminata por la Vía Verde de Arrazola, en Atxondo; una visita guiada a la Catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz; o una jornada lúdica en el parque Senda Viva (Navarra).