Alex Honnold desafía los limites del ser humano: escala en directo un rascacielos sin cuerdas ni arnés
El escalador estadounidense asciende el Taipei 101, el undécimo edificio más alto del planeta con sus 508 metros, en apenas hora y media en una ascensión retransmitida por Netflix que acrecienta el debate ético
Los límites de la capacidad del ser humano los establecen personajes como Alex Honnold. Hace una década, el escalador estadounidense que adquirió popularidad mundial con el documental Free Solo, ganador del Oscar en 2019, en el que se reflejó su ascensión a El Capitán, en Yosemite, en estilo solo integral, atisbó la posibilidad de abandonar las rocas durante unos días para elevarse hacia la cima de un rascacielos. Diez años después de aquella visión, Honnold alcanzó la pasada madrugada la culminación del sueño. En un evento retransmitido en directo por Netflixy que tuvo que ser pospuesto un día por la lluvia y los fuertes vientos, escaló sin cuerdas ni arnés el Taipei 101, un coloso que se alza 508 metros en Taiwán, que fue el edificio más alto del mundo desde 2003 hasta 2009 y actualmente ocupa la posición número once entre los rascacielos más altos del planeta.
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Un reto físico más que técnico
Después de casi tres meses de preparación realizando ejercicios específicos para afrontar el reto, Honnold inició la escalada a las 9 de la mañana hora local. La ascensión, como comentó antes de acometerla, era una propuesta de exigencia física más que técnica. “El movimiento sí es un poco diferente, porque los edificios son mucho más repetitivos: es el mismo patrón de movimientos una y otra vez. Eso también significa que, en general, los edificios son un poco menos complejos técnicamente. No es como en la roca, donde a veces puedes olvidar una presa clave o no recordar exactamente cómo se hace un paso. En un edificio sabes cómo escalarlo, pero es más exigente físicamente, porque repites lo mismo constantemente y los músculos se fatigan”, adelantó.
Provisto de una camiseta roja, el color que le suele acompañar, pantalón largo, una bolsa de magnesio, unos pies de gato, un audífono que le mantenía comunicado y un teléfono móvil para inmortalizar la gesta con un selfie en la cúspide, Honnold comenzó a elevarse ante la atenta mirada de centenares de personas que rodeaban el edificio, los únicos que seguían en riguroso directo el proyecto, ya que la retransmisión tenía un retardo de 10 segundos en previsión de un posible fallo en el intento. Por momentos, también interactuaba con los presentadores del evento. “Cada movimiento cuenta y así tengo que estar para escalar bien”, comentó Honnold durante la ascensión. Escogió una de las aristas de la estructura, que presenta un diseño que evoca a un tallo de bambú, en forma de pagoda, como vía hacia esta cumbre artificial con aspecto de aguja que araña los cielos.
Viento y suciedad
Alguno de los momentos más comprometidos llegó cuando debía superar unos dragones decorativos que se encontraban en cada uno de los ocho segmentos que componen el rascacielos. “Hace mucho viento”, reportó Honnold durante la escalada, mientras la cual también tuvo que limpiar la suciedad que se impregnaba en las suelas de su calzado con las manos. El estadounidense de 40 años iba saludando a los espectadores agolpados junto a las ventanas, en el interior del edificio, dotado de una concentración absoluta. Uno de ellos era su mujer, que fue elevándose hasta diferentes plantas a través de los ascensores convencionales para seguir la hazaña desde cerca. Imágenes surrealistas y sobrecogedoras a la vez.
“No es a lo que estoy acostumbrado, pero es gente que trabaja aquí y seguro que les ha cambiado la perspectiva del edificio”, comentó en tono jocoso Honnold a la vez que era objeto de cientos de fotografías y vídeos. Entre segmento y segmento se daba unos segundos de descanso, aprovechando para disfrutar de las vistas y saludar al público. Otro de los momentos más espectaculares llegó en el tramo final, cuando Honnold hizo presa con sus piernas para descansar los brazos, quedando suspendido sin agarre de manos.
Casi una hora y media de ascensión
Después de 1 hora, 31 minutos y 40 segundos, casi sin respiro, apenas segundos de descanso después de superar cada uno de los tramos, Honnold pisó el punto más alto del Taipei 101, superando con un margen holgado las dos horas que la producción de Netflix había estimado para esta transmisión especial denominada Skyscraper Live. Coronó, sacó su dispositivo móvil y se tomó una foto. “De locos”, acertó a decir. “Esto es divertido. Qué increíble vista de Taipéi, qué día tan hermoso”, comentó. Lo cierto es que el sol amenazó con sobrecalentar la estructura metálica y hacer más sudorosas y vulnerables sus manos.
Honnold admitió que la épica ascensión fue agotadora. “Estoy muy contento y muy cansado. Todo el edificio es muy físico. Mis brazos están cansados”, expresó. Acababa de llevar los límites del ser humano a cotas insospechadas. Era el primer hombre en escalar el Taipei 101 en solo integral, porque existía un precedente. En 2004, casi un año antes de que el edificio fuera inaugurado, Alain Robert, conocido como el Spiderman francés, escaló el que era el edificio más alto del mundo, pero lo hizo utilizando cuerda y arnés por exigencia de las autoridades taiwanesas, que buscaban promocionar la torre.
El debate ético sobre eventos de este tipo
Precisamente Robert fue uno de los que defendió a Honnold en el debate instaurado en la comunidad escaladora por este desafío retransmitido en directo en el que estaba en juego la vida. “Conozco a Alex. Ya ha planeado sus límites. No hay ni una entre cien posibilidades de que esta sea su última escalada”, manifestó. Cuestionado por el posible trauma de presenciar un accidente, Robert respondió: “Guerras, disturbios y golpes de Estado se transmiten en vivo a diario. La muerte es parte de la vida”.
El debate ético sobre este tipo de escalada en la que no existe lugar para el error se multiplicó el pasado año, cuando Balin Miller, de 23 años y uno de los escaladores más prometedores de Estados Unidos, seguidor a su vez de Honnold, falleció tras una caída mientras retransmitía en directo una ascensión en El Capitán. La preocupación es que actuaciones como las de Honnold inciten a la aparición de emuladores que lleven sus límites por encima de sus posibilidades. Aunque... ¿dónde están los límites del ser humano? Todos los poseen. Incluso Alex Honnold, que esta vez superó el desafío pero plantea la pregunta de ¿hasta dónde está dispuesto a llegar? Desde luego, en ese camino su vida está en riesgo. ¿Es un genio? Seguro. ¿Y un temerario?
