Bilbao - El nuevo entrenador del conjunto barakaldarra había decidido tomarse un año alejado de los banquillos. Una temporada para descansar. Sin embargo, el destino quiso que el técnico vizcaino firmara la pasada semana por el Prosetecnisa Zuazo. La salida del antiguo entrenador rojinegro, Alberto Muñoz, dejó al club un poco a la deriva en medio de su mejor campaña liguera. Y fue entonces cuando sonó el teléfono de Barcenilla, que ya conocía al equipo -le dirigió hace tres temporadas- y que ahora regresa para “llevar a buen puerto el trabajo que llevó a cabo Muñoz”.
¿Por qué decidió embarcarse en este proyecto del Zuazo?
-No tenía intención de entrenar a ningún equipo este año, pero las circunstancias del Zuazo y la amistad que me une a la gente del club me hizo replanteármelo. La marcha de Alberto les dejó un poco colgados y yo conozco al equipo, a las jugadoras y a la categoría. Así que me llamaron y, a pesar de mis reticencias, me convencieron.
¿Se resistió mucho?
-Hubo insistencia. Llego al equipo encantado, pero estaba muy desconectado del balonmano y ahora me tengo que poner las pilas a marchas forzadas.
¿Con qué objetivos llega al banquillo rojinegro?
-Sobre todo quiero hacer bueno el trabajo enorme que ha hecho Alberto e intentar que tenga un buen final. Quiero acabar la temporada con objetivos deportivos reales, es decir, quedar lo mejor posible en la clasificación y aspirar a los puestos que dan acceso a Europa. Se llegue o no, aspirar a competir entre los mejores.
No es la primera vez que entrena al Zuazo, ya lo hizo hace tres temporadas aunque la situación no fue la misma, con el equipo por aquel entonces al borde del descenso.
-Sí, me ha tocado vivir situaciones diferentes. En la primera cogí al equipo con más alarmas en la tabla. Ahora no tenemos el apuro respecto al descenso, lo que da mucha tranquilidad al trabajo diario y las jugadoras pueden dar lo mejor sin el agobio de pensar en la salvación. Sin embargo, jugar con una plantilla donde la mayoría no tiene experiencia en aspiraciones altas es un hándicap porque tienen que aprender a competir para eso. Y en ello estamos trabajando.
El equipo comenzó muy bien la temporada, pero tras el parón invernal pareció desinflarse. ¿Qué cree que pasó?
-En balonmano es muy difícil permanecer arriba todo el rato, incluso el Bera Bera y el Gran Canaria se dejan puntos. Y en nuestro caso estar arriba supone un nivel de exigencia top durante toda la temporada y es normal que las jugadoras se vayan relajando con el tiempo cuando ven que están arriba. Sabemos que no tenemos equipo para ser terceros pero sí para hacer daño a esos tres equipos. A una liga no podemos ganarles, pero a un partido sí.
Comenzó su nueva andadura en el Zuazo con una victoria ante el Oviedo. ¿Cómo vivió el duelo?
-Era un partido donde no teníamos mucho que ganar porque era contra el penúltimo clasificado y una derrota hubiera sido un golpe muy fuerte. No hubiera sido culpa de nadie porque el Oviedo ya no es el equipo de la primera vuelta, se ha reforzado mucho y bien, y yo apenas llevaba dos entrenamientos. Pero sí era importante comenzar esta etapa con victoria para que el cambio sea más rápido y para que las jugadoras tengan seguridad en el nuevo proceso, porque una derrota hubiera generado muchas más dudas.
¿Cómo se va a notar su mano en el equipo?
-Voy a aportar tranquilidad. Para mí el balonmano es diversión, emoción y pasión; y eso es lo que transmito. Necesitamos divertirnos jugando, que las jugadoras no estén agarrotadas por la presión, desde la exigencia máxima de un equipo de División de Honor, claro.
Y el siguiente partido, su segundo tras su retorno, contra el Cleba León. ¿Cómo lo ve?
-Complicado. El León en casa siempre saca puntos, son un equipo muy fuerte con una portería muy buena, jugadoras en la selección absoluta y una defensa que nos pondrá las cosas difíciles. Pero si conseguimos pulir un par de cosas, asentar bien la defensa para tener confianza al atacar, tendremos opciones de competir en igualdad de condiciones. Luego ya dependerá de si las enchufamos o no.