Por qué se sigue votando a Vox a pesar de su crisis interna
VOX no pierde comba electoral a pesar de haber sufrido lo que para un partido tradicional hubiera resultado letal. La depuración de sus fundadores, dudas sobre su financiación, sometimiento a las tesis trumpistas y un discurso de trinchera.
La razón es que Vox es un partido populista que ha interceptado con una parte importante de la ira de las clases medias. Existen otras ideologías que también han intentado absorber el voto de las clases populares y de ideología izquierdista como Syriza en Grecia, Podemos en España, la Francia Insumisa de Mélenchon o el M5S en Italia, pero el grueso del descontento ha sido captado por las ultraderechas que ahora cuentan con el poderoso empuje del gran profeta de su ideología, Donald Trump.
Los regímenes autoritarios están lanzados en una campaña de impugnación de un orden mundial profundamente defectuoso y bajo el cual se han cometido abusos atroces que amenaza los derechos humanos y la democracia a escala global.
Este proceso tiene varias fechas y razones, el 21 de marzo de 2023, Donald Trump anunció, con un video de tintes tenebrosos, su plan para desmantelar el estado profundo y devolver el poder al pueblo americano. Anunció un decálogo de medidas para debilitar el checks and balances constitucionalizado en USA a través de el despido de funcionarios en los sectores de la seguridad e inteligencia, amordazamiento de la administración de justicia, liquidación de la libertad de expresión controlando y comprando a través de sus amigos multimillonarios medios de comunicación y expoliando los malos instintos identitarios de las clases de menor renta y formación.
Las formaciones nacional-populistas han olfateado el malestar de la clase trabajadora y entendido su desconexión con la clase alta y sin escrúpulos, han aprovechado sus miedos, sus anhelos, manipulándolos con una metódica y genial mezcla de nuevas tecnologías y viejos instintos.
En este contexto nos encontramos con los triunfos del Brexit y Trump en 2016 hasta los de Giorgia Meloni en 2022, Geert Wilders en 2023 y la nueva, poderosa, victoria de Trump en 2024 y junto a todo ello el cepo con el que Vox somete al PP.
En el ínterin la socialdemocracia y su modelo de estado de bienestar no han cumplido las expectativas deseables. Los partidos socialdemócratas occidentales fueron abandonando desde los 90 su perfil de fuerza de contención del capitalismo que los identificó como representantes principales de las clases populares, limitándose a apostar por una modesta redistribución. Por ello han sido ampliamente percibidos como responsables de un sistema que indigna por los excesos del capitalismo, tanto en términos de desigualdad como de su colonización del poder democrático.
Los socialdemócratas intentaron en esta fase convertirse en aglutinadores de una coalición de distintos intereses de grupos discriminados (mujeres, homosexuales, personas trans, inmigrantes) pero esta plataforma no ha tenido una fuerza de cohesión suficiente. La socialdemocracia ha transitado de ser referente de las clases trabajadoras en el siglo pasado a ser el representante de las clases urbanas más formadas, los insatisfechos.
Los insatisfechos, en gran medida, son varones de clase trabajadora que viven en periferias, que han preferido propuestas extremas de derechas que plantean una respuesta tradicionalista y nostálgica en la que estos hombres vivían en una posición de abusiva comodidad.
El problema es que el mundo ha cambiado y han aflorado crisis claras como el Oklahoma de Steinbeck, el cinturón del óxido, fuerzas motrices de la economía globalizada, la división entre ganadores y perdedores estando en este lote desde la España vaciada como una banlieue de París.
Por ilustrar con algunos datos esta situación podemos tener en cuenta diversos factores.
La inteligencia artificial junto a sus grandes promesas conlleva la amenaza de problemáticas consecuencias en el mercado laboral con la desaparición de muchos empleos. Según un informe del FMI de enero de 2024, casi un 40% de los empleos a nivel mundial están expuestos al impacto de la IA. En las economías avanzadas, el porcentaje sube al 60%. A diferencia de otras oleadas de automatización que tuvieron efectos mayores en trabajadores medianamente cualificados esta impactará también en los de alta cualificación.
En el marco de las relaciones sociales dentro de las democracias, el resentimiento es el de las clases populares con las altas. Hay una guerra de clase, sí. Pero es mi clase, la de los ricos, quien la está librando, y estamos ganando, alertó Warren Buffett. Ahora hay una reacción, el resentimiento.
Los nuevos ricos han aprovechado el potencial de las nuevas tecnologías no solo para dar saltos en ingresos, sino también en conocimientos y relaciones. La Organización Mundial del Trabajo calcula que la cuota de salarios en la renta total mundial ha bajado del 53,9% en 2004 al 52,3% en 2024.
Nos encontramos con el descontento de los desfavorecidos en la era de la globalización, de las asombrosas revoluciones tecnológicas, del cambio climático, de un sistema que ha producido la deslocalización de empleos manufactureros estables, una presión salarial a la baja por la competencia de otros mercados, dificultades para acceder a la vivienda y una exigencia de adaptación a transiciones complicadas.
Son tres las referencias que están potenciando esta situación. El discurso de Trump en Waco (Texas), el primer mitin de su campaña para las presidenciales de noviembre de 2024, una siniestra elección, ya que la localidad fue escenario en 1993 de un terrible enfrentamiento entre la secta radical de los davidianos y las fuerzas de seguridad, un choque que se convertiría en una referencia de la extrema derecha estadounidense y de la animadversión contra el estado. Yo soy vuestra venganza, afirmó Trump, la venganza de los que habéis sufridos abusos o habéis sido traicionados.
Por otra parte la reunión entre Putin y Xi Jinping en el Palacio de las Facetas del Kremlin asumiendo el inicio de una nueva era de preponderancia hegemónica, unilateralismo y proteccionismo, en una crítica implícita a Estados Unidos.
En ese torbellino se encuentra Vox que ha sabido catalizar la indignación, podría prescindir de Abascal y seguir avanzando electoralmente al igual que ocurre, por poner un ejemplo, con Viktor Orban el verdadero caballo de Troya de la UE, entre otras razones, porque ha recibido y recibe no solo el petróleo ruso sino diez veces más de inversiones rusas y chinas que las realizadas por la UE. En fin, vivimos en un mundo complejo y caracterizado por fracturas sociales de difícil cristalización.
Jurista
