vARIOS organismos han publicado nuevos datos sobre la mejora de competitividad de la industria, vinculándola a la tecnología y la reducción de costes. Gracias a ambos puntos, la industria creció en el Estado por primera vez desde 2007, un 1,4% en 2014 (tal como muestra el Índice de Producción Industrial (IPI) dado a conocer hace unas semanas). El mundo del automóvil destaca entre todos los ámbitos, convirtiéndose en la locomotora de la producción. En 2014, la fabricación de vehículos subió un 11% y, a tenor de las últimas noticias del motor, este crecimiento va a proseguir. Las plantas españolas de las multinacionales tienen garantizada la producción para los próximos cinco años y compañías como Renault y Ford tienen previsto aumentar sus inversiones. De nuevo, la flexibilidad laboral y la potente industria auxiliar española han sido claves en esta apuesta.
La industria parece, pues, salir poco a poco del túnel, aunque tímidamente, en buena parte por la competitividad en precios y la mejora de la calidad de sus productos. A ello hay que añadir que el estado español obtuvo en 2013 superávit en su balanza tecnológica: 6.600 millones de euros, un 20% más que en 2012, según datos del índice de Comercio Exterior del INE. Dependemos tecnológicamente menos de otros países y, por ende, el uso de nuestras patentes es cada vez mayor. Sin embargo, el gasto en I+D que realizan las empresas sigue siendo del todo insuficiente para conseguir el ansiado cambio de modelo productivo. Según datos del INE, el gasto en I+D en porcentaje del PIB sufrió durante 2013 el cuarto descenso anual consecutivo, así como el empleo en actividades de I+D, situándonos por debajo de la media de la UE. Se hace pues imprescindible impulsar la I+D si queremos, no solo ser más competitivos a nivel global, sino también generar empleo de calidad en el medio y largo plazo.
Si tenemos en cuenta que la mayor parte de nuestras exportaciones son productos industriales, indefectiblemente necesitamos políticas tecnológicas que potencien una industria innovadora. No olvidemos que los actuales datos de mejora de la competitividad de la industria son fruto de inversiones en I+D realizadas en el pasado y que, aunque estamos en una buena dirección, para contar con una industria con base y competitiva a nivel internacional, la inversión en I+D es clave.
Estamos recogiendo hoy el esfuerzo inversor en I+D realizado en el pasado, pero si no interiorizamos las consecuencias de no mejorar tecnológicamente, perderemos el pulso a la economía de mercado. Nunca antes las pymes innovadoras han tenido a su disposición mayor financiación, tanto a través de deducciones-Cash Back y bonificaciones por personal investigador, como de financiación directa.
Las bonificaciones a la Seguridad Social por personal investigador son una buena alternativa. Puede obtenerse una bonificación del 40% en las aportaciones empresariales a las cuotas de la Seguridad Social por contingencias comunes, manteniendo además la compatibilidad con otras ayudas. Actualmente existen registradas 16.119 empresas con actividades innovadoras, según datos del INE, que podrían utilizar este incentivo como apoyo a la contratación de personal investigador. El número de puestos de trabajo de nueva creación en tres años que se prevé gracias a este incentivo es de 500, con una bonificación media por trabajador de 2.360 euros.
En cuanto a la financiación directa que pueden conseguir las pymes para innovar en la actualidad, el programa Horizonte 2020 ofrece a las empresas una nueva modalidad orientada a proyectos de innovación con alto potencial para el crecimiento, desarrollo e internacionalización de la pyme. Está dotado con 2.700 millones de euros y sufraga el 70% de los costes subvencionables. Los beneficiarios pueden ser una pyme o un consorcio de pymes. Los resultados publicados por la Comisión Europea ponen de manifiesto la gran aceptación que está teniendo. En la primera fase, la Comisión Europea eligió a 71 pymes de todo el Estado como beneficiarias y en la segunda, doce; lo que demuestra nuestro alto potencial innovador. Es momento, pues, de no cejar en el intento de innovar, de aprovechar todos los recursos existentes para mejorar nuestra competitividad, y hacer realidad la reindustrialización.