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Telele

Es lucha de poder

Al tándem derecha y ultraderecha le repugna una televisión pública influyente y de ahí el cabreo por la renovación de La Revuelta, de Broncano y su equipo, cuyo contrato ascenderá hasta los 31,5 millones. “¡Que se los den a Barbacid!”, proclaman los fachas en relación con el investigador y sus avances contra el cáncer, como si esto les importara más que atacar a la corporación estatal y, por extensión, a Sánchez. El humorista se lo ha ganado a pulso por seguimiento y su humor surrealista en un país vapuleado por las luchas de poder, que unos quieren conservar a toda costa y otros ambicionan alcanzar a cualquier precio. A eso, para fingir, le llaman polarización.

Créanme: la democracia se la está jugando en televisión. Frente al contraataque de RTVE a base de información y debate, al dúo neofranquista PP y Vox le han temblado las piernas. Ya no tiene claro su éxito electoral. Para ayudar, se ha movido Mediaset otorgando a los espacios de Iker Jiménez y Nacho Abad una virulencia ideológica impropia y donde acuden activistas buleros. ¿A qué juega su presidenta, Cristina Garmendia, exministra de Zapatero, permitiendo este akelarre? El pobre Carlos Franganillo, fichado para prestigiar los noticiarios de Telecinco, ya no sabe qué hacer en esta demencial estrategia.

La Sexta ya no cuenta en la batalla, rebasada incluso por Cuatro. En Atresmedia se fragua un extraño entendimiento de PP con Junts. ¿Y en Euskadi? Que el fracaso de Antena 3 entre los vascos no lo aprovecha ETB. Los teleberris, aun con su sesgo discontinuo hacia EH Bildu, nos aíslan del ruido español y neutralizan la corrosión antivasca aunque menguante de Vocento, entregado al PP; pero no es suficiente. Debería ser más atrevida, como Vaya Semanita, de feliz regreso.