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Rojo sobre blanco

Fobias y también filias

Duele caer ante Bordalás y sus fajadores, un equipo con un perfil tan definido como poco sugerente, huérfano de atractivo

Fobias y también filiasEuropa Press

Fue en octubre, después de perder por la mínima en San Mamés con el Getafe, cuando Ernesto Valverde dijo aquello de “la Champions no es nuestra competición, nos quita energía”. Empezaba a percibir que los problemas ya detectados se iban a incrustar en el funcionamiento del equipo. Acertó. Aparte de que duele caer contra José Bordalás y su tropa de fajadores, ser batido por un conjunto con una personalidad tan definida y sin embargo tan poco sugerente; tan huérfano de atractivo que incluso repele.

El máximo responsable del proyecto que, desde que ascendiese por vez primera en 2004, lleva 21 años codeándose en la élite se llama Ángel Torres. No obstante, entre los aficionados al fútbol, la figura del presidente queda en un segundo plano o pasa desapercibida, pues quien concentra toda la atención si el Getafe sale a la palestra es su entrenador. Nacido el mismo año que Valverde, Bordalás acumula más de un millar de partidos oficiales sentado en un banquillo, casi la mitad en categorías modestas, 335 en Segunda y 343 en Primera.

En su carrera constan numerosos éxitos en forma de títulos y ascensos, pero lógicamente la fama le envuelve a raíz de su desembarco en el escalón superior del fútbol estatal. Y aunque en la 2018-19 obtuvo una plaza continental, con el Getafe solo ha podido aspirar al máximo que oposita una entidad modesta: mantener la categoría cada año.

Centro de la polémica

Tipo muy cuidadoso con su aspecto, no lo es tanto al expresarse y obrar con público delante. Podría decirse que lleva mucho tiempo inmerso en el centro de una polémica no estrictamente futbolística, aunque sí conectada al tipo de juego que el Getafe ofrece en competición. Bordalás ha recibido críticas de toda índole, en ocasiones muy agrias y a menudo injustas, ocurre que él, con su personalidad, contribuye a la gresca. Además, siempre resulta más fácil atacar al representante de un club sin apenas relieve mediático.

Pidió refuerzos y le trajeron cinco desconocidos, pero en solo dos meses, febrero y marzo, ha transformado el panorama y mira a Europa

Con frecuencia ha sido señalado como alguien que se mueve con soltura en los límites del reglamento, que no tiene reparos en emplear artimañas varias para sumar puntos como sea, pero no cabe negar que últimamente y de manera paulatina su labor ha merecido cierto reconocimiento. Más que nada por su habilidad para extraer cuanto de positivo le pueden ofrecer las plantillas a su cargo, normalmente diseñadas para sobrevivir con el agua al cuello.

Este curso, Bordalás se ha ganado de nuevo el respeto en ámbitos donde antes era el saco de los golpes. Arrancó de maravilla, como el Athletic, pero fue decayendo, igual que el Athletic, salvo por el hecho de que no tenía personal ni para completar una convocatoria. A Bilbao vino con solo nueve suplentes, varios sin bautizarse en Primera. La cosa es que, entre diciembre y enero el Getafe estuvo ocho jornadas sin ganar, apenas sumó tres puntos y se asomó al abismo, con dos de margen sobre el descenso.

Dramática petición

Tras un contundente 4-0 en casa del Betis, el técnico explotó y exigió refuerzos. Su dramática petición fue atendida. En el mercado invernal aterrizaron hasta cinco novedades: Romero, Vázquez, Satriano, Bosselli y Birmancevic. Ninguno conocido para decir.

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Bueno, pues a Bordalás le ha bastado para transformar el panorama: entre febrero y marzo, el Getafe se ha disparado en la tabla con 16 puntos de 24 posibles y solo cuatro goles recibidos.

Este es el rival que el Athletic visita el domingo. Quien no estará para recibir a los rojiblancos será Bordalás, que debe cumplir sanción por “encararse” con el delegado del campo del Espanyol, su última víctima.