Desde el seno de la London School of Economics, un grupo de académicos aporta una serie de reflexiones encaminadas a propiciar una especie de “nueva tercera vía” que transforme viejos (y casi permanentes) debates entre teorías o ideologías “liberales o neoliberales”, “capitalismo social”, “políticas industriales no proteccionistas”, “la interacción de las políticas económicas y sociales”, el “rol intervencionista, regulador, líder y/o acompañante de los gobiernos”, las “soluciones microeconómicas o macroeconómicas”, las “estrategias para la productividad, competitividad y bienestar” y otros muchos elementos que consideran necesitados de revisión, integración proporcional y espacios de convergencia requeridos. Amplísimo marco de enorme complejidad e inevitable discusión, controversia, más allá de la plasmación articulada de proposiciones de valor, no solamente como guía general, sino, sobre todo, con el intento de conciliar políticas y estrategias mundializadas, estatales, nacionales, regionales... empresariales. Su trabajo, próximo a publicarse, se recoge en lo que han venido en llamar The London Consensus: Economic principles for the 21st Century ( “El Consenso de Londres: Principios económicos para el siglo XXI”).

Sin duda, a lo largo de la historia, resulta casi imposible encontrar una ideología, teoría o traducción práctica pública o público-privada “pura” que no requiera una seria hibridación de ideas y políticas, su adecuación a los tiempos y demandas-anhelos de las sociedades concretas en las que se pretenden aplicar, los condicionantes y determinantes (endógenos y exógenos) que las limitan o facilitan, los liderazgos cambiantes, los recursos y activos estratégicos (disponibles o generables). A los espacios propios de la colaboración, la cooperación en distintos grados, la coopetencia (esquizofrenia de competir y colaborar a la vez entre los mismos actores del sistema para generar una verdadera propuesta estratégica única y diferenciada), la progresiva interacción de necesidades-soluciones económicas y sociales (todo a la vez en todas partes), su redistribución inmediata y no a la espera de la riqueza esperable)... Un apasionante aprendizaje modelando ofertas ideológicas, programas (generalmente de gobierno), modelos y sistemas y una enorme proliferación de “nuevos entes facilitadores” de su aplicación, entrelazando la interacción entre múltiples piezas de puzles diversos y, la más de las veces, de apariencia inconexa o de integración imposible.

En esta ocasión, los protagonistas de este proceso vienen a constatar la evidencia de todo un amplio “catálogo” de insatisfacciones, de éxitos y fracasos (los más) ante grandes objetivos que parecerían inalcanzables y hacia los que buscamos grandes soluciones. Ante ellos, apuntan un buen número de “elementos guía” que pudieran orientar el camino inacabable de este nuevo intento (vivimos rodeados e inmersos en un universo de necesidades, de vías de oportunidad y, quizás, de soluciones), en un momento de gran incertidumbre en el que grandes frases encumbran múltiples elementos que hemos de incorporar a nuestros análisis, soluciones y que utilizamos, en su mayoría, como etiquetas o frases que se supondría entendemos, conocemos, comprendemos todos, sin explicitar ni su alcance real, ni, sobre todo, su verdadero impacto en nuestros proyectos (de vida, políticos, profesionales, país...), sin profundizar en su explicitación (seguramente por temor a no estar hablando todos de lo mismo).

Tecnologías

Frontera geopolítica, geoeconomía, desigualdad, globalización, bienestar, revoluciones y transformaciones múltiples e inevitables para un futurible nuevo mundo del trabajo dominado por las tecnologías frontera, en un espacio y valores en los que el trabajo-empleo-compensación se diluirían, en una desafección creciente por la autoridad, responsabilidad directiva, gobierno-administración pública, liderazgos y lo que se considera empresas ausentes de propósito y generación de impacto real en los avances sociales deseables y la adecuada motivación-conciliación vital, anhelada por sus miembros.

Para un contexto de estas características, la invitación a un “nuevo consenso” nos lleva a repensar lo que proponen como “El bienestar más allá del dinero” que es todo un desafío general que exige redefinir e identificar lo que el mundo (y cada una de sus piezas) habría de producir, cómo hacerlo, con qué tipología de empleo-capacitación-formación, al servicio de qué necesidades sociales (y para quienes y cuándo), el rol de los poderes públicos (antes, durante y después de su intervención), y su redistribución (previa a su capacidad generadora de valor). Su búsqueda, obliga a apostar por el crecimiento, pero con un replanteamiento temporal y no solo oferta de punto final de llegada, realista, que considere en dónde provocarlo o facilitarlo pensando en un desarrollo compartible a lo largo del mundo. Conlleva una profunda mención de conceptos, objetivos relacionados con la creación de empleo in situ, de los salarios asignables, de las políticas y arquitectura fiscal, de la reconfiguración de los servicios, activos y desarrollo comunitario y la pregunta-solución clave: ¿para todos?, ¿con qué alcance y límite? Es en este espacio en el que ellos mismos se auto preguntan: ¿qué tipo de Estado debe y puede proteger, regular, proporcionar y asegurar lo que llaman “el último recurso” y apuntando su decidida apuesta por un rol positivo de los gobiernos, pero limitando el papel omnipresente del brazo único y ejecutor del Estado? Aquí, una rápida llamada a algo que parecería obvio, sin embargo, desmentido por la realidad observable: No hay una buena economía sin una buena política y viceversa. Renovado reclamo de un soñado “Estado Emprendedor, Innovador, Estratégico”, con una dirección política acostumbrada al riesgo, eficiente-eficaz en sus responsabilidades, toma de decisiones, con verdadera vocación de servicio, cumplidor absoluto (fondo y forma) de las leyes, reglas, compromisos y en/desde/por valores, ética y, siempre, sujeto a controles democráticos reales y, por supuesto, bajo el dilema permanente del debate gasto-inversión-endeudamiento. (Es todo lo necesario contra aquello posible en cada momento).

Todo un enorme camino a “proseguir y no a inventar de cero”. No todo ha de ser exnovo. Partimos de amplias bases (positivas) sobre las que avanzar y transitar un largo y siempre inacabable camino. Hemos de recorrerlo no hacia una utopía de escasa convicción, sino construible, paso a paso, desde el pragmatismo optimista y creíble.

¿Y quién lo va a hacer?

¿Estamos, todos (en especial las nuevas generaciones y todos quienes hoy mismo asumen responsabilidad y posiciones clave en las que están en marcha) dispuestos al esfuerzo comprometido para construir un mundo y sociedad deseable o renunciamos a aportar (no solamente a recibir) en este largo proceso de co-creación permanente de valor (individual y colectivo)?

Hoy Londres y su renovado consenso. Como un sinnúmero de iniciativas, foros, grupos de debate y generación de propuestas y buenos propósitos, desde diagnóstico de elevada calidad. Disponemos, como nunca, de instrumentos, foros, organismos, empresas, instituciones, medios, experiencia y conocimiento-curiosidad-creatividad, generadores o facilitadores de potenciales soluciones para acometer oportunidades cuasi ilimitadas al servicio de las demandas, siempre cambiantes e infinitas de nuestras sociedades. A la vez, somos conscientes de las barreras que nosotros mismos nos hemos creado, día a día, para imposibilitar la aplicación de las iniciativas que las hagan posible. Creemos dar voz, ilimitada y no contestar a cualquier altavoz, de modo que parecería renunciamos a decidir y actuar desde nuestras responsabilidades y legitimidad, obtenidas.

¿Quién, cuándo, dónde, cómo se llevan estos principios clave a la acción en estrategias únicas de valor debidamente articuladas? Seguramente, empezando por no esperar al consenso absoluto, sino desde las decisiones responsables y comprometidas de quienes tienen (tenemos) la capacidad y encargo recibido para hacerlo.