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Erredakziotik

J.L. Hurtado

Trump, a la irrelevancia

Abordar la violencia política se ha convertido en una exigencia ineludible. El atentado contra Trump del domingo obliga a analizar los factores que conducen a este tipo de sucesos. ¿Es legítimo plantear que el discurso y la práctica política de Trump contribuyen a crear un clima propicio para la violencia? No debe olvidarse que es la tercera vez que se intenta acabar con la vida del dirigente estadounidense. Tampoco puede obviarse que Trump ha recurrido a la violencia de Estado, incluida la eliminación selectiva de adversarios, mediante el aparato militar estadounidense en distintos escenarios internacionales. No es nada nuevo, Trump utiliza la violencia del Estado como arma política. Convierte la amenaza en método y la aplica sin disimulo. Sus objetivos son, para él, sagrados y nada se interpondrá en su camino para alcanzarlos. Ya sea para blindar su apoyo a Israel, para reforzar el control del mercado petrolífero o para asegurarse el acceso a tierras raras esenciales para la industria tecnológica y militar. Por tanto, ¿puede desearse la derrota política de Trump? La respuesta es sí, pero solo por vías democráticas. Trump no es más que el síntoma visible de un problema. Su derrota no supondrá el fin del fenómeno. El trumpismo es el problema. Los 70 millones de votos que obtuvo en las elecciones son la base de un movimiento negacionista y racista que debe ser confrontado. La reacción internacional unánime en contra de esta violencia es digna. Ahora toca relegar a la irrelevancia a Trump y el movimiento que encarna.