No hay nada más cómico que ver hacer el ridículo a alguien que quiere robar. En la sección de sucesos he leído a lo largo de los años situaciones rocambolescas de algunos ladrones de poca monta que acaban sus fechorías con auténticas chapuzas. Me acuerdo de uno que se quedó a dormir un ratito y le pillaron in fraganti, o aquel que se olvidó la cartera con el carné de identidad. Otro robo chapuza que se hizo viral fue la hazaña de dos ladrones que pretendían romper un cristal de una joyería. Uno de ellos cogió impulso para lanzar un ladrillo, pero justo en ese momento, su compañero pasó por delante recibiendo el fuerte impacto del ladrillo, lo que le dejó traspuesto en el suelo. Para más inri las cámaras de seguridad lo grabaron y la historia se hizo viral. ¡Qué vergüenza debieron pasar! Cada año se sabe de algunos de estos ladrones que acaban frustrados y avergonzados, dignos de ilustrar una viñeta de cómic. Pero a lo de ayer no sé muy bien qué explicación darle. Un hombre de 29 años de edad amenazó con una navaja a un viandante en Balmaseda para sustraerle el teléfono móvil, después de obligar a la víctima a tomarse un selfi con él con el mismo terminal. Una vez tomada la autofoto, el asaltante huyó del lugar, aunque poco después fue arrestado por la policía. Aquí en la redacción hay quien le ve un punto de estrategia para hacerse pasar por amigo de la víctima en caso de detención. Yo creo, después de pensarlo, que era un insustancial.
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