Aquí ante ustedes una persona sin transistor que el pasado lunes estaba teletrabajando y a las 12.33 se quedó sin conexión remota. Alejado del catastrofismo y de las teorías conspirativas, hasta media hora después no reaccioné y salí a la calle para comprobar la magnitud del apagón. Cuando llegué a la redacción, Bilbao ya había recuperado la luz. La primera señal fue la de los semáforos funcionando, luego la de los negocios a pie de calle y todo parecía resuelto. Un susto sin mayores consecuencias. La crisis, sin embargo, continuaba en muchas ciudades de Euskadi y prácticamente en todo el resto del Estado y en una reunión de urgencia organizamos una sección especial de 15 páginas sobre el incidente que no se cerró hasta al filo de medianoche por la constante actualización de los datos de otras comunidades. En ninguna de las informaciones de aquel día apareció el más mínimo reproche político. Y en los especiales en televisión los tertulianos destacaron ese hecho y que la naturalidad con la que varias comunidades, incluida Madrid, había solicitado la intervención del Estado. Tal vez hemos aprendido algo de la dana de Valencia, coincidieron. Al día siguiente, con la vuelta de la electricidad al último rincón de la piel de toro empezó a funcionar también la maquinaria de la reconquista de los populares. Esa estrategia de luces cortas cuyo único interés es el poder, que se basa en el ruido e impide conocer el proyecto del PP, si es que lo tiene.