Una persona que paseaba por las inmediaciones de Artxanda, cerca de la perrera municipal de Bilbao, halló sin vida a un perro en el interior de una minúscula jaula. Como si de una rata de cloaca se tratara, su verdugo lo dejó morir de hambre, sed y frío. La imagen, dantesca, difundida por la Asociación Apa Puppy Bilbao para hacer público el caso, refleja el sufrimiento del can que, por su posición -con una pata fuera de los barrotes-, había intentado escapar. A quienes amamos y respetamos a los animales, sucesos como este, que es otro claro caso de maltrato animal, nos remueven las entrañas por su crueldad. Solo espero que la Policía localice al responsable y que el juez le imponga el castigo que se merece, que posiblemente no será el ajustado frente a la atrocidad cometida. ¡El que hace algo así está lejos de ser una buena persona! Nadie nos obliga a adoptar animales, pero si se da el paso hay que hacerlo con todas las consecuencias. Un perro no es un peluche que se usa y olvida en una esquina. Es un ser vivo, que siente y tiene necesidades. Es para toda la vida. Tres de cada diez perros regalados en Navidad son abandonados por sus dueños. Tener un perro o cualquier otra mascota conlleva gastos y responsabilidad y antes de concederle el capricho a nadie es necesario meditar sobre si se podrá hacer frente a largo plazo a esos gastos y esa responsabiliad. La ley de bienestar animal establece multas de entre diez mil y cincuenta mil euros por el abandono. Que se aplique.