Mesa de Redacción

Orgullo

09.02.2020 | 08:07
Columnista Igor Santamaria

ANA Botella se quedó cuadriculada -aún más- cuando el 30 de octubre de 2003 Pedro Zerolo le reprochó su cerrazón sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo con un zasca que hoy sería trending topic. "Nos diferencia que en su modelo de sociedad no quepo yo y en el mío sí cabe usted. Pero su voto negativo es solo temporal, los avances sociales son imparables". No le faltó razón al ya fallecido dirigente socialista en tanto que la ley fue aprobada el 3 de julio de 2005 por el primer Gobierno de Zapatero. Anda revuelta de nuevo la turba derechona a cuenta de las celebraciones del Orgullo LGTBIQ+. Ciudadanos, porque, como en Barcelona, traslada sus autobuses para victimizarse -igual que hizo en campaña visitando Euskadi y Catalunya- cuando se le repudia por haber empoderado a partidos que atentan contra la dignidad del colectivo. Vox, porque censura todo roce sexual en las calles de su patria bajo la excusa de que acaban sucias como su alma -como en cualquier fiesta patronal- y llenas de un ruido tan sordo a oídos de la gente como sus ansias en reactivar la normativa de vagos y maleantes. Y el PP, echando mano de su actitud maricomplejín, cediendo a la rojigualda el espacio que Carmena dio a la bandera arcoíris en la fachada central del Ayuntamiento de Madrid. Como en toda reivindicación que busca equiparar libertades, subyace su afán de venganza, amenaza y división. Los derechos no se negocian. Orgullo contra prejuicio.

isantamaria@deia.eus

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