Editorial

Iniciar el duelo

La confirmación del hallazgo en Zaldibar del cuerpo de Alberto Sololuze supone, dentro del dolor, un alivio para la familia y la sociedad, con la esperanza de que pronto se extienda a los allegados de Joaquín Beltrán

20.08.2020 | 00:14

LA minuciosa e intensa búsqueda iniciada hace ya más de seis meses desde el mismo momento en que se conoció la desaparición de dos trabajadores durante el trágico derrumbe del vertedero de Zaldibar el pasado 6 de febrero, ha dado sus primeros frutos. Aunque ya desde que el domingo pasado se conociera el hallazgo de restos humanos en la zona en la que se encontaba la báscula hacía prever que se trataba de los primeros indicios de la localización de al menos uno de los empleados sepultados, la confirmación, gracias a las pruebas de ADN –a lo que hay que añadir diversos objetos de su pertenencia hallados en el lugar– de que se trata de Alberto Sololuze supone, dentro del terrible dolor, un pequeño alivio para la familia y amigos y conocidos. También para el conjunto de la sociedad vasca, que, en un sentimiento colectivo de sincera empatía, lleva todo este tiempo pendiente de que las labores en el vertedero pudieran por fin concretarse en el hallazgo de Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán. Fundamentalmente, porque supone, como ha indicado la familia de Sololuze, que puedan "empezar el duelo como es debido" después de tantos meses de zozobra y sufrimiento. Por ello, la tarea ahora es la de encontrar también el cuerpo de Joaquín Beltrán para que, de igual manera, su familia pueda hacer su duelo. El Gobierno vasco ya ha anunciado que está en ello y que esa es su absoluta prioridad. De momento, la búsqueda se centrará, al menos en las próximas dos semanas, en la misma zona en la que ha sido localizado su compañero, donde hay que retirar unos 2.500 metros cúbicos de tierra y material. Con todo, deben imponerse la prudencia y, sobre todo, la seguridad. Hay que tener en cuenta que el hallazgo del cuerpo de Alberto Sololuze se ha producido a unos 23 metros de profundidad –equivalente a un edificio de ocho plantas– bajo cientos de metros cúbicos de piedras y basura que los operarios han debido retirar y cribar en condiciones muy duras, por lo que no será una labor sencilla. Con todo, el primer objetivo debe ser el de entregar sus restos a su familia. La siguiente e imprescindible gran tarea será el esclarecimiento por parte de la Justicia de los motivos que provocaron el derrumbamiento del vertedero y las responsabilidades de todo tipo que pudieran derivarse tanto desde el punto de vista de la muerte de Sololuze y Beltrán como del medio ambiente.