Rojo sobre blanco

Partidos que hay que ganar

El Athletic malgastó una gran ocasión para hacer un estropicio, sería porque no está habituado a jugar tan cuesta abajo

04.01.2022 | 00:53
Iker Muniain conduce el balón ante Budimir y Dani García.

qUÉ fácil es el fútbol... cuando el balón entra. El derbi con Osasuna fue coser y cantar para el Athletic. Ejerció una superioridad impensable quizás, pero que cobró forma gracias al modo en que resolvió sus acciones ofensivas y, en última instancia, a la inspiración y calidad de Sancet, un chico al que en su tercer año en el equipo se le siguen regateando los minutos de manera incomprensible. Quién sabe si anoche no hubiese aparecido en la alineación de hallarse Raúl García en condiciones. La reflexión viene a cuento, pues es lo que ha pasado en bastantes jornadas. Bueno, fue titular y firmó una reivindicación en toda regla. Sin ser un hombre de área exhibió fundamentos de tal en los tres goles que anotó y acarició uno más.

Hasta la fecha podría decirse que más bien estaba peleado con la portería, lo cual no quita para que posea recursos de sobra para voltear ese déficit de protagonismo. Quizá nunca repita lo de ayer, pero no será porque carezca de potencial para realizar grandes cosas. Este tipo de gestas son excepcionales para la inmensa mayoría de los jugadores y Sancet no ha nacido para romper registros rematadores. Lo suyo es más bien generar fútbol, mejorar cada lance, favorecer las opciones de los compañeros. En definitiva, poner su clase al servicio del colectivo con intervenciones que aportan soluciones, luz al juego.

Se llevó los honores Sancet, pero no es menos cierto que se benefició del funcionamiento colectivo. Se insistía mucho en subrayar el salto observado en bastantes de las actuaciones más recientes del Athletic. Ante el Madrid, en dos ocasiones, el Sevilla o el Betis, se asistió a una versión más sugestiva que de costumbre, que sin embargo apenas rentabilizó: un triunfo y tres derrotas. Le penalizó la impericia en los metros decisivos que le caracteriza, pero en el balance seguro que influyó el hecho de que tuvo delante conjuntos punteros, que con muy poco inclinan de su lado los compromisos, incluso en tardes grises. El auténtico problema del Athletic, el origen de sus males y de su discreta posición en la tabla, no son esos duelos de altura sino el resto, que son muchos más al cabo de la temporada.

El de Osasuna es uno de los que entra en esa categoría de partidos donde el Athletic debe imponer su ley, si de verdad pretende codearse con los de arriba, si se cree en serio que le corresponde participar en el reparto de premios a la conclusión del campeonato. El calendario avanzaba y no había sido capaz de desplegar sus argumentos ante adversarios cuyo repertorio no es equiparable al suyo. Los rojillos pueden ser temibles si no se les dice a la cara que lo van a tener crudo y que lo más probable es que sean derrotados. Sin sentirse intimidado, Osasuna puede darle un disgusto a cualquiera, como ocurrió en los minutos iniciales. Pero en cuanto un bloque como el Athletic activa sus resortes, muestra firmeza atrás y vocación de construir con sentido, dinamismo y decisión a fin de plantarse en el área y hacer daño, ahí el de enfrente, Osasuna por ejemplo, está abocado a sufrir.

Si a la intención y el criterio se le agregan las dosis necesarias de puntería, el asunto queda liquidado. Fue la impresión que flotó nada más subir el segundo gol al marcador, que los puntos volarían a Bilbao. Era cuestión de no perder el hilo, seguir concentrados y golpear a la mínima. Afloraron sin remedio las carencias del cuadro local y, para decirlo todo, el Athletic malgastó una formidable ocasión para hacer un estropicio. Añadió un tercer tanto tras el descanso, pero pudieron caer el cuarto, el quinto, el sexto... Sería porque no está habituado a este tipo de escenarios, a jugar tan cuesta abajo.

En el repaso al notable trabajo coral, es justo hacer una mención al oficio de los laterales, encargados de impedir que los dos arietes de Osasuna tuviesen suministro en el área. El gol en contra nació en una desatención de Muniain que dejó a Balenziaga vendido ante dos rivales. Berenguer tuvo de todo en su afán por salir del túnel. Iñaki Williams fue importante hasta que se empeñó en sumarse a la fiesta de Sancet y la pareja de medios hizo una labor impagable para dejar en evidencia la escasa imaginación con pelota del oponente.

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