Rojo sobre blanco

¿Paso adelante?

29.12.2020 | 01:00
José Luis Artetxe

CUANDO la Asamblea se posiciona como hizo este domingo, más que conveniente se antoja inaplazable, obligatorio, urgente, de puro sentido común, realizar autocrítica, reflexionar y escuchar. Perder todas las votaciones, las tres, y dos de ellas por márgenes tan abultados, es suficiente motivo para pararse a pensar y tratar de analizar a fondo los porqués de semejante desenlace. Cierto es que 24 son pocas horas para asimilar lo ocurrido y que el ánimo puede no ser el idóneo para profundizar en el contenido o el desarrollo de la reunión, pero al escuchar el lunes a Aitor Elizegi queda la impresión de que apenas ha recapacitado y sigue metido en su mundo, enfrascado en esa particular visión de lo que sucede en torno a su persona que es la que, en definitiva, le ha conducido a la delicada situación que hoy vive en calidad de presidente del Athletic.

Nadie esperaba que de buenas a primeras se desdijese y cuestionase la bondad de las iniciativas tumbadas en las urnas, pero de ahí a calificar la negativa a su proyecto de grada de animación como "un paso adelante" hay un largo trecho que solo cabe recorrer echándole mucho valor. Denota una absoluta ausencia de perspectiva y, desde luego, una nula predisposición a ejercer la autocrítica que enarboló en el arranque de la rueda de prensa. Llegó incluso a reconocer que no sabía si "técnicamente" era viable volver a someter este asunto concreto a una nueva votación, quizá en la Asamblea Extraordinaria, pero no descartó dicha posibilidad porque "es un proyecto del club, no de nadie". Ya.

Respuestas de este cariz, junto a otras varias donde resultó difícil discernir si subía o si bajaba, enlazan con tantas intervenciones que han ido salpicando su mandato. Por escoger otra de las perlas que soltó ayer, ahí queda la relativa a la marcha deportiva del primer equipo: "Hay cosas por mejorar, pero pensamos que cada partido hay que afrontarlo para ganar, es normal que nos exijáis esto, es el camino". Pues vale, como mensaje institucional no tiene precio.

Por supuesto, admitió que la directiva ha cometido errores, sin especificar, y está abocada a convencer al socio con un presupuesto distinto, o eso se dedujo de alguna de sus intervenciones. No obstante, evitó posicionarse sobre el tema de "la cuota social", no dejó claro si estimaba que pudiera presentarla de nuevo o se decantaría por una fórmula distinta. "Se abren todos los escenarios", señaló.

Lo que sí expuso con total nitidez fue su confianza en que la directiva cerrará un acuerdo con los jugadores para que cedan parte de sus ingresos. De hecho, así puso el punto final a su comparecencia. Previamente, alabó la implicación de la plantilla, su "comprensión" y "visión de club", catalogó a los capitanes de "ejemplares" y dijo que llevan tiempo hablando. El pasado verano la plantilla cedió un 6% de sus ganancias al club (4,6 millones de euros) y Elizegi pretende que ahora repita el gesto dejando de percibir un 10%.

Salta a la vista de que a la hora de pedir esta directiva es partidaria de recurrir a los porcentajes. El sistema se lo aplica al socio y también al futbolista. Si el primer colectivo ha interpretado como improcedente la medida, tampoco sería de extrañar que en el segundo fuese mal recibida, habida cuenta las enormes diferencias existentes en las fichas y en la duración de los contratos. Pero más allá de este detalle, la estrategia seguida para conseguir que prospere esta idea orientada a paliar las pérdidas no parece muy acertada. De un lado, ha habido tiempo de sobra, pues la Asamblea se retrasó dos meses, para consensuarla y no se ha hecho. De otro, al hacer públicas las conversaciones, incidiendo en la trascendencia de su resultado para la economía de la entidad, la directiva está haciendo un uso de la misma que coloca sin rubor el foco sobre los jugadores. Esta forma de ejercer presión bien podía haberse eludido canalizando el intento por la vía privada, pero está visto que la discreción no figura entre las virtudes de la directiva.

Y para terminar, una pregunta que en realidad es una forma distinta de entender la gestión de Elizegi: ¿sin pandemia hubiese ingresado el Athletic los 35 millones que ahora le faltan?