El sacacorchos

Lo que queda prohibido

10.07.2021 | 00:19
Lo que queda prohibido

LA historia sobre la que se apoya la reflexión de hoy es conocida en según qué ámbitos. Contaba Stephen Hawking que cuando estaba en su tercer año de universidad, en Oxford, se dio cuenta de que se estaba volviendo más torpe: "Me tropecé y me caí dos o tres veces sin motivo alguno". ¿Le daría usted importancia a algo así? Seguramente, no mucha. Él tampoco se la dio, pero su padre sí, y le llevó a un especialista. Así comienza la triste y hermosa aventura del más célebre ser humano que ha padecido una enfermedad degenerativa, "Después de todo aquello no me dijeron qué tenía, excepto que no era esclerosis múltiple y que yo era un caso atípico", explicó en una entrevista tiempo después, cuando ya se sabía que su mal se apellidaba ELA.

Les cuento la anécdota por el descarte de la misma. "No era esclerosis múltiple". Ese ha sido, durante años y años, uno de los miedos más pavorosos en cuanto aparecen los primeros síntomas. Es un viejo demonio que se pasea por los hospitales y al que hay que combatir con uñas y dientes, a brazo partido. Una enfermedad en cuya defensa se propagó un evento, Mójate, por medio mundo. Entre nosotros se ha celebrado en 24 ocasiones y no hay permiso para que se frene la batalla del chapuzón, si es que se me permite decirlo así.

Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidadtus sueños. Se diría que Pablo Neruda escribió aquellos versos para alentar a la gente que padece ese mal, la esclerosis múltiple; para sus acompañantes en la lucha, para los médicos que se enfangan en la batalla. Valga este edicto del poeta como ley inquebrantable, habida cuenta de la cantidad de hombres y mujeres que padecen una enfermedad dura como el pedernal, la esclerosis múltiple; habida cuenta de la cantidad de hombres y mujeres que investigan y realizan un increíble trabajo de campo con noches en vela hilados a días agotadores con los pacientes; habida cuenta de la cantidad de hombres y mujeres que acompañan a sus familias, a sus amistades afectadas; habida cuenta de los políticos que gestionan los recursos para que no cese la noria de la investigación, la esperanza más viva que nos queda para ponerle freno y marcha atrás a un mal contra el que se quiere levantar un muro en el que leer No pasarás.

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