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La sanjuanada de hoy

Una vez al año el sol alcanza la posición más alta en el cielo y empieza el solsticio de verano. El sol parece detenerse. Solstitium, dos palabras: sol y statu, estático. En ese amanecer mágico el tiempo se para. En Stonehenge –el monumento más esotérico del mundo– el sol juega con las rocas y, a las cinco de la mañana, se queda quieto. Los siglos se comen unos a otros y el tiempo se diluye, deshaciendo los días.

Desde la antigüedad, el fuego, representado por el sol, quema todo para que llegue una renovación. Antes, en una fogata muy grande, quemábamos los apuntes del colegio que no volveríamos a usar y recuerdos para olvidar en papeles chiquitos que volaban alrededor del fuego como mariposas nocturnas. Las llamas eran muy altas, tan altas que nos iluminaban y parecía que era de día. Éramos felices en torno al fuego. La cercanía del verano giraba voluptuosa en torno al 21 de junio.

La memoria es pasar por el corazón aquel tiempo y sonreír. Igual que guardamos en carpetas del ordenador música, documentos, libros y hasta películas que no nos cansamos de ver. Este recuerdo entra entre los más bonitos, digno de una carpeta de cristal.

Si los pensamientos tuvieran imágenes, este junio de 2026 tendría llamas que llegarían al cielo con sabor a infierno. Es urgente una sanjuanada. Hay que quemar tanto… Nos vienen a la cabeza nombres: Trump, Gaza, Ucrania y Putin. Hay más de cien conflictos armados en el mundo: Sudán, Libia, Congo, Israel…

Israel, la Tierra Santa donde planté un árbol cerca del Monte del Recuerdo y la Avenida de los Justos. ¡Cuántos árboles quedarán! Yad Vashem, el Holocausto, los campos de concentración. Todo se olvida. Israel, lleno de sangre, no puede flotar ni en el Mar Muerto. ¡Qué dolor! Quiero pensar que Yemen seguirá oliendo a pan recién hecho, a incienso y mirra, y Siria, a especias.

¿Cómo es posible que el hombre pueda deshumanizarse tanto? El hombre contra el hombre. Bombas, balas, drones... los inventos más infernales para destruir. La meta es matar.

Y aquí, a nuestro lado, auténtica mierda que no ha llegado al fuego porque la mierda no arde. Nadie está libre de culpa. Los partidos políticos —todos— se han convertido en lodazales de barro y pegajoso alquitrán negro. Hay que hacer una fogata con los miles de euros encontrados. Una fogata que olería a dinero asqueroso.

Humo de carbón

La corrupción es humo de carbón que convierte en cenizas a nuestros héroes, aquellos que creíamos que vivían en una misteriosa isla en medio de un lago limpio. Allí defendían un ideal que compartíamos muchos. Nos hemos quedado huérfanos de sueños políticos. Ninguno es digno de nuestro respeto.

Nos acostamos con un barullo de nombres que se superponen unos a otros y se hacen cada vez más grandes, y nos despertamos con Leire, ese nombre continuo que nos produce dolor de oídos de tanto repetirlo. Sus grabaciones son auténticas: escuchar para creer.

Zapatero, un ángel que ha transformado su cara en una Gorgona con mil serpientes en la cabeza; si le cortas una, crecen tres mil. Tres mil sucesos peligrosos para Bambi, un cervatillo que aparentaba tener miedo del bosque.

Con ese asqueroso pegamento de corrupción también caen embadurnados en el lodo del país altos miembros de la Guardia Civil, una institución hasta ahora intocable.

El Partido Popular tiene 28 causas abiertas por corrupción y acumula 338 años de cárcel pendientes. En el caso Kitchen, que se celebra actualmente, hay más de 50 políticos del PP imputados por diferentes delitos de corrupción, sobornos, tráfico de influencias y financiación irregular.

Toda una ensalada con Ábalos, el caso Koldo y 40 imputados cerca del presidente; un registro insólito en la sede del PSOE, en Ferraz. El etcétera es larguísimo. De todo ello, el inquilino de La Moncloa no sabe nada de nada. Ha vivido con los apóstoles, pero no cree en Dios. Es como jugar a la gallinita ciega y que quien tiene el pañuelo que le tapa los ojos sea la propia gallina.

El desconcierto es tan grande que da miedo empezar un nuevo día.

Mejor dormir y pensar, como un niño: “Cuatro angelitos cuidan mi cama…”

Buenos días, buenas noches, a todos.