Cagarrutas de mosca
Tras una primavera tan penosa como la crisis que sufrimos, Rajoy abre la puerta al verano con un mensaje esperanzador y declara que estamos en la primera página de la recuperación. No es nueva esta narrativa monclovita en color rosa que busca cambiar el clima anímico de la sociedad empobrecida e indignada, sin perjuicio de que, estando al inicio de una semana crucial para el futuro de las pensiones, se intente maquillar el escenario con atisbos alentadores que pongan sordina a las exigencias del Ecofin que refrendan el estricto calendario de reformas impuestas por la CE a cambio de dos años de prórroga en el déficit.
Y, como quiera que estamos ante un complicado e incierto puzle, el Gobierno español quiere ir con pies de plomo a la hora de ir poniendo las piezas en su sitio y evitar, como ocurriera hace unos años, que los atisbos de hoy corran la misma suerte que la expresión virtual de brotesverdes acuñada por Zapatero y Salgado, que nació como una esperanza y terminó siendo maldita cuando la economía real entró en recesión a finales de 2011. Así las cosas, las manifestaciones del presidente del Gobierno español y de sus escuderos más relevantes, como los ministros Cristóbal Montoro y Luis de Guindos, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde o el presidente del BBVA, Francisco González, desbordan prudencia.
Todos coinciden en destacar la existencia de atisbos alentadores que anuncian el "preludio de la recuperación" (Montoro) y el "punto de inflexión" (Luis de Guindos) que nos permitirá salir del túnel, pero reconocen que son muy frágiles. Francisco González (BBVA) va un poco más lejos y nos deja una frase que ya hemos oído muchas veces en los últimos años: "Estamos en el principio del fin de la crisis", pero condiciona para que fluya el crédito que termine "cuanto antes" la privatización de las tres entidades nacionalizadas (Bankia, Catalunya Banc y Novagalicia Banco) y el gobernador del Banco de España trata de romper el muro social del escepticismo con una frase que puede pasar a la historia: "No son cagarrutas de mosca".
Tan solo el presidente de la CEOE, Joan Rosell, parece desmarcarse de este clima optimista y declara que "no voy a hablar de brotes verdes, de ninguna de las maneras. Es cierto que empiezo a ver datos positivos, pero de momento solo son impresiones". Claro que lo suyo, como representante de una patronal insaciable, responde al deseo de nuevas reformas y mayores recortes. Como se puede comprobar, cada uno va a lo suyo. Políticos, banqueros y empresarios sólo miran sus intereses y las orejeras de la intolerancia les ciega la visión de una sociedad empobrecida y sin futuro.
Los datos oficiales, por su parte, son otra cosa. El Ministerio de Economía señala que la recesión se cobrará este año el 1,3% del PIB, frente al 1,4% en 2012, mientras que la tasa de paro superará el 27%, dos puntos más que en el pasado ejercicio. Dicho de otro modo, no hay recuperación en el corto plazo y, en el mejor de los casos, la creación de empleo se sitúa en 2015. Es lógico que la sociedad muestre su escepticismo porque depositar nuestras esperanzas en el medio plazo no soluciona los problemas actuales ni sus consecuencias. La situación no está para alegrías gratuitas e infundadas en un escenario en el que las noticias de la economía real sólo invitan a la depresión y a la indignación, como ocurre con la falta de consenso en el Ecofin para avanzar en la necesaria unión bancaria europea, la incertidumbre que se vuelve a crear en torno al futuro de Grecia o la falta de créditos para empresas y familias.
Se mire por donde se mire, el panorama es desolador. Con los datos del INE en la mano es difícil ser optimista porque la demanda interna de consumo sigue en clara recesión y el mercado laboral cuenta con 6,2 millones de parados que no ven síntomas alentadores en tanto sigan sin trabajo y porque la narrativa monclovita carece de credibilidad al insistir en considerar a las exportaciones como el camino para salir de la crisis, cuando el único sector exportador, el industrial, apenas representa el 11,5% del empleo, mientras el sector servicios (76% del empleo) no es exportable salvo el turismo.
En consecuencia, si no estamos ante nuevas cagarrutas de moscas, como asegura Linde, hay que calificar como estrategia de maquillaje y distracción el cambio de discurso de Rajoy y los suyos al pretender declarar como finalizada la realidad económica que sigue destruyendo empleo. Maquillaje y distracción en clave veraniega para hacer frente a la reforma de las pensiones que, bajo la exigencia del Ecofin y la Comisión Europea, tendrá un calendario, previsiblemente, este próximo fin de semana en el transcurso del Consejo Europeo.
Todo parece indicar que hay urgencia a la hora de diseñar la reforma de las pensiones. Esta misma semana se cerrará el turno de comparecencias en el Congreso de los Diputados de los expertos que han formado la comisión redactora del informe preliminar. También se informará a los sindicatos al objeto de que Rajoy pueda acudir a la cita de Bruselas con los deberes hechos (información de la reforma). Después llegará el momento de su redacción definitiva para su presentación el próximo 26 de julio y se iniciarán los correspondientes trámites parlamentarios para lo cual, si fuera necesario, se puede habilitar agosto.
Comprenderán ustedes que, para los intereses del Gobierno español, es mejor que el escaso debate social que pueda darse sobre la reforma de las pensiones se realice en un clima optimista aunque sea tan irreal como el cuento en el que la ranita (datos oficiales de consumo y desempleo) se convierte en un príncipe (atisbos alentadores), aunque a medio plazo podría ocurrir como en otro cuento infantil (La Cenicienta) que, dadas las doce de la noche, la carroza de la esperanza se transforma en la calabaza de las cagarrutas de moscas.
Nos vamos de vacaciones con el alma en vilo, pero, pese a todo, con esperanza.