Un preclaro Iñaki Gabilondo dejó este miércoles un diagnóstico de presente que conviene atender. Donostiarra, formado en Iruñea y proyectado profesionalmente a Madrid, fue en el Foro Gran Vía de Bilbao donde lo desgranó -no se puede ser más cosmopolita-.

El resumen, sencillo: la incertidumbre es la nueva realidad pero su verdadero riesgo es que resulte paralizante, no saber quién o qué quiere ser uno en ese marco y esperar a que otros la hagan escampar.

Eso lo pueden aplicar a Europa, a la dimensión exterior de Pedro Sánchez, a las alianzas y divergencias de la política vasca, al belicismo de Donald Trump o a la perspectiva de un Gobierno PP-Vox. Y ya, si como él hizo, incluso se puede hilar en el mismo razonamiento a Trump y a Arizmendiarrieta -en polos opuestos, claro- nada parece tan grave.

El éxito de nuestra especie ha sido adaptarse a cualquier clima. Si ahora toca temblar ante la ley del más fuerte, que sea para entrar en calor en torno a los principios.

Curiosamente, casi todos los citados por el periodista -salvo el fundador cura cooperativista- tuvieron su protagonismo en la actualidad de este miércoles. Lo del estadounidense está descontado, pero siguiendo con Feijóo y Sánchez, la suya volvió a ser una estéril pugna de descalificaciones en el Congreso.

Que si el presidente es un perdedor; que si gobernara Feijóo con Vox habría otra foto de las Azores... Todo muy aleccionador. Y, por si faltaba algo, ya salió Isabel Díaz Ayuso, tratando de convencernos de lo malos que eran los aztecas casi exterminados a golpe de civilización porque, para abusos, los que cometían ellos con sus sacrificios humanos.

No comentó las conversiones a fuego de la Inquisición en esa época -y después- porque, si es en nombre de Dios, la patria y el rey, bien quemados están. Pero, lo más revelador es que la presidenta madrileña se limitó a plagiar la columna de Federico Jiménez Losantos que alguien había leído antes. Eso se llama hablar por boca de ganso. Uno grazna y el resto repite.