Los nubarrones vuelven a cernirse sobre la azotea de Anboto Dorrea, el edificio de viviendas más alto de Euskadi, con 119 metros de altura y 35 plantas, llamado a ser otro icono del nuevo Bilbao en constante expansión y que parece haber entrado en un bucle de riesgo para su continuidad. Vusa, la centenaria empresa de Galdakao que gestiona la construcción de la quinta torre de Garellano, valora estos días muy seriamente la posibilidad de abandonar la obra que reactivó cuando la primera compañía asignada dejó a medias el proyecto.
La dejará, aseguran a DEIA fuentes de toda solvencia, si los promotores, una cooperativa de algo más de 160 socios gestionada por el Grupo Arrasate, no renuevan “en los mismos términos que hasta ahora” el contrato que les vincula y que expiró en noviembre del año pasado, sin que se haya acordado aún su ampliación. Al parecer, el obstáculo principal es precisamente la posible penalización a la constructora si se registran más retrasos en la entrega. Vusa no puede poner la mano en el fuego en este sentido, aunque garantiza termina las obras este año, y quiere mantener el blindaje que ha tenido hasta ahora.
Demanda de un “soporte legal”
“No podemos seguir trabajando sin un contrato, sin un soporte legal”, aseguran desde Vusa, empresa que asumió la gestión de la edificación en junio de 2023, tras la forzada salida de la anterior constructora.
Ayer, viernes después de día festivo de San José, se registró escasa actividad en la obra, previsiblemente por la fecha, porque durante las últimas semanas el ritmo de trabajo ha sido el habitual. Por su parte, el Grupo Arrasate tiene una oficina a escasos metros del tajo y este diario intentó sin éxito ponerse en contacto con sus responsables a medio día, cuando tuvo conocimiento del nuevo problema que surge para la conclusión del ambicioso proyecto. El local cerró, según constaba en la web, a las 14.00 horas hasta el próximo lunes, pero 45 minutos antes las llamadas al teléfono fijo aparentemente eran rebotadas a otro número que no respondía.
A la espera de conocer la versión del Grupo Arrasate –DEIA intentará el lunes volver a ponerse en contacto– y el resultado de la inminente reunión de los cooperativistas, en caso de producirse, la paralización de la obra se trataría del enésimo contratiempo que sufriría la construcción de este edificio: la pandemia, el incremento de precios por la invasión rusa de Ucrania, cambios en obra, lentitud en la toma de decisiones, la marcha de la anterior constructora... Ya van para seis los años que han transcurrido desde el inicio de la obra en el barrio bilbaino de Basurto, en septiembre de 2020.
Entregar la obra en plazo
En todo caso hay aspectos que juegan a favor de un entendimiento. A día de hoy, es “perfectamente factible” que, si la promotora renueva “en los mismos términos que hasta ahora” el contrato que les vincula, adaptando el plazo y terminando de decidir las cuestiones técnicas pendientes por parte de la cooperativa, la entrega de las llaves de los 166 pisos que contempla el proyecto se produzca a lo largo de 2026, según afirma una persona que conoce de primera mano el proceso de edificación.
La estructura exterior ya está terminada y la tarea se centra en estos momentos en el acondicionamiento a medida del interior de los pisos. La constructora estima que esa actuación se puede acometer de aquí a diciembre siempre que cuente con el aval del contrato.
Sobrecostes en la construcción
Anboto Dorrea se promueve en régimen de cooperativa. Los cerca de 160 socios-compradores han podido diseñar cada vivienda a su gusto. Son estos mismos socios quienes han tenido que ir asumiendo los sobrecostes que han ido surgiendo en el proyecto, los últimos este mismo año. “La posición de Vusa no tiene nada que ver con estas demasías, pues todas ellas han sido siempre aprobadas por los cooperativistas entre varias alternativas”, aseguran las citadas fuentes.
“Lo que no va a asumir Vusa es ningún tipo de responsabilidad o penalización futura por los retrasos que se han acumulado, pues no es responsable de ello, al no haber tenido en la práctica ningún margen de maniobra, ni capacidad de decisión en la toma final de decisiones que han afectado directamente a los plazos de ejecución de la obra”, añaden.
Lo cierto en cualquier caso es que todavía hoy se han de tomar decisiones importantes por parte de la cooperativa que afectan directamente al plazo de ejecución. El reto que tiene ahora es despejar el camino con un acuerdo con la constructora que evite otro parón.
Retrasos
Cuando Vusa asumió la obra tras la salida de la anterior constructora, situaba el fin del tajo en noviembre 2024. Dicha fecha no se cumplió por los cambios incorporados en aspectos esenciales de la obra, siendo los más relevantes el cambio de diseño de la fachada, el retraso mayúsculo en el proceso de personalizaciones de todas y cada una de las viviendas y la elección de las ventanas, entre otras.
“Vusa ya informó entonces que los ventanales elegidos en el proceso de personalización incumplían la normativa técnica y de seguridad, por lo que hubo que plantear nuevos ensayos y diseños, lo cual se tradujo en nuevos retrasos y sobrecostes aprobados por la cooperativa”, informan las fuentes consultadas por este periódico.
Pero la crisis actual nada tiene que ver con los materiales, ni con la construcción propiamente dicha, sino con la cobertura legal. Desde que Vusa asumió la gestión de la obra en 2023, la constructora y la cooperativa han ido actualizando su vinculación y la han ido plasmando en una ampliación o adenda al contrato. El último que ambas partes firmaron expiró en noviembre de 2025, es decir, hace ya cuatro meses.
Complejidad de la obra
En febrero pasado faltaban aún de tomar importantes decisiones por parte de la cooperativa a nivel técnico y de calidades. Otro reflejo de la complejidad de la obra, agravada por el tortuoso camino por el que ha transitado el proyecto casi desde su puesta en marcha.
El motivo por el que este nuevo contrato no se ha renovado es la negativa de la cooperativa a mantener en el mismo la cláusula que se incorporó en la renovación anterior y que eximía a Vusa de toda responsabilidad en cuanto a los plazos. Y es esa negativa la que lleva a la constructora vizcaina a meditar muy seriamente la opción de abandonar el tajo. Según ha podido saber DEIA, los cooperativistas celebrarán “en cuestión de días” una asamblea en la que abordarán este asunto, por lo que la decisión que adopten puede decantar la decisión final de Vusa en un sentido o en otro: rematar la obra en 2026 o, por el contrario, abandonarla tal y como está.
Años de desgaste
Una situación a la que ninguna de las partes implicadas quiere llegar, pero que hoy por hoy no se puede descartar. En ese caso, un gigante abandonado de miles de toneladas de cemento rascaría el cielo de Bilbao a la espera de otra iniciativa que lo reactive, cientos de familias volverían a ver comprometido su futuro y la promotora tendría que buscar de nuevo una solución para evitar un fracaso mayúsculo.
Se puede decir que todas las partes están condenadas a entenderse, pero hay una variable que presiona con fuerza en este proceso: El desgaste que conllevan tantos años de retraso, parones y situaciones que básicamente alimentan la desconfianza. Y sobre todo, ver que el horizonte no está despejado. Al contrario, la tormenta vuelve a acechar y frenarla está como en ocasiones anteriores básicamente en el tejado de los futuros inquilinos de la torre, que se enfrentan de nuevo a una prueba de fuego.
Así las cosas, las garantías legales amenazan con forzar otro parón y, en consecuencia, un nuevo retraso en la finalización del edificio de viviendas más alto de Euskadi. Un Anboto Dorrea cuya construcción comenzó en septiembre de 2020 con su cimentación; en febrero de 2023 se produjo el abandono del contratista forzado por la Cooperativa; en junio de 2023 llegó la adjudicación de la gestión de la obra a Vusa; y en abril de 2024 el edificio hizo cima al alcanzar los 119 metros de altura. Casi dos años después, en marzo de 2026, el techo de Garellano está otra vez en el alero, en una situación de inestabilidad que amenaza su futuro.