En Masustegi las paredes siempre han hablado de superación, pero ahora lo hacen con una narrativa artística que dignifica su origen. El nuevo mural, diseñado como una cinta de película analógica que se despliega por el muro de contención, sirve de ventana al pasado para recordar cómo se forjó este enclave único de Bilbao, nacido de la necesidad y la solidaridad vecinal.
El plazo de ejecución del pintado se tuvo que alargar durante quince días, ya que, debido a las condiciones meteorológicas adversas, la obra se vio interrumpida varias veces. La idea del proyecto, como muchos de los murales realizados en los barrios de lucha de la capital vizcaina, nace de la necesidad de transformar "entornos urbanos deteriorados" mediante murales artísticos.
Un burro con carga histórica
La imagen central del mural captura la esencia de los años 50 y 60: dos mujeres junto a un burro cargado con materiales de construcción. En una época donde el asfalto y las máquinas eran inexistentes en estas laderas, la logística recaía en la tracción animal y, sobre todo, en la fuerza física de las mujeres. "Los vecinos que paseaban por la zona mientras pintábamos reconocían al burro. Parece ser que para el barrio es un animal muy importante", explica Luis Olaso, uno de los artistas que ha realizado el mural, en torno al burro que tanta carga histórica tiene en el barrio.
Otro de los paisajes mas épicos que refleja el mural, es el histórico "secuestro" del autobús por parte de los vecinos y trabajadores del barrio. Hartos de que el servicio de transporte público se detuviera a faldas del barrio, dejando a los residentes con extenuante subida a pie, la comunidad decidió pasar a la acción. Según Luis "es interesante" reflejar imágenes e historias que les han compartido los vecinos del barrio y poder demostrar la "fuerza colectiva" de un barrio de lucha.
Arte y Muralismo
La ejecución a cargo de los artistas Martzel do Nascimento y Luis Olaso Garralda, de la empresa Arte y Muralismo de Mungia, destaca por una cuidada estética en blanco y negro que evoca las fotografías antiguas de los álbumes familiares de los vecinos, muchos de ellos de origen gallego. Al recorrer el mural, se observa la evolución de las viviendas: desde las primeras estructuras humildes levantadas "a escondidas" durante las noches, hasta la consolidación de las casas que hoy forman el paisaje de la zona.
La elección del formato de celuloide no es casual; permite leer la historia del barrio de forma cronológica, convirtiendo un muro de hormigón en una cinta analógica cargada de historias. El mural se ha realizado al lado de la ladera en la que se encuentra el recién inaugurado ascensor de Masustegi. “Aquí hubo una construcción de viviendas por parte de gente que venía de otras zonas del Estado y la zona del ascensor era un lugar lleno de esas estructuras, donde la gente tiraba la basura y vivía mal”, afirma Fernando, un asiduo paseante de la zona.
Inversión en identidad
El Ayuntamiento de Bilbao ha destinado 14.370 euros a esta intervención, una cifra que supone el reconocimiento oficial a una historia que durante décadas fue invisible para la capital vizcaina. Junto al moderno ascensor que finalmente ha vencido la pendiente del barrio, este mural sirve para que las nuevas generaciones no olviden que cada ladrillo de Masustegi tiene una historia detrás.
Como dictan los fotogramas de la obra, el barrio ya no solo mira al futuro con mejores accesos, sino que abraza con orgullo un pasado construido a pulso y comunidad. “Imágenes del pasado que dialogan con el presente y forman parte de la memoria colectiva del barrio”, es el mensaje que queda grabado en las paredes de Masustegi.