Transformación o conformismo
SIN olvidar la tragedia de la destrucción de empleo (en su mayor cota desde hace 15 años) o los desahucios de viviendas (también en cifras récord), aún quedan razones para la esperanza. Junto al drama del paro, la pobreza y los cierres empresariales, la crisis también pone al descubierto actitudes y aptitudes humanas que unas reflejan el conformismo de los que maltratan sus propias responsabilidades sin aportar soluciones y creando más problemas, frente a otras que señalan el camino a seguir y las ideas de quienes son inasequibles al desaliento, manteniendo encendida la luz de esa esperanza al final del túnel, aunque sus mensajes apenas encuentren eco mediático.
Es el caso de Pedro Luis Uriarte, vicepresidente y consejero delegado del BBVA hasta 2001, fue con anterioridad consejero de Hacienda y Finanzas del Gobierno vasco en una época durísima (1980-84) afectada por la gran crisis energética que desmanteló gran parte del tejido industrial de Euskadi, pero también lideró las negociaciones con el Gobierno español que culminaron con la restitución del Concierto Económico, cuyas consecuencias positivas se dejan sentir hoy en día, treinta años después, con unas tasas de paro muy inferiores a la media española gracias a la consolidación del sector industrial renovado tecnológicamente y competitivo en el mercado internacional.
También fue el impulsor de la Agencia Vasca de Innovación, Innobasque creada el 5 de julio de 2007. Meses después (octubre 2007) cuando algunos negaban la crisis, ya adelantaba que "la transformación cultural, social y empresarial que exige la Sociedad del Conocimiento es probablemente la más difícil de nuestra historia. Pero no nos queda más remedio que realizarla si no queremos quedar convertidos en el futuro en un simple destino turístico".
A la vista de lo que está cayendo, parece evidente que nadie, entre los actuales responsables, se hizo eco de estas palabras y hoy, después de cuatro años perdidos y empobrecidos por la crisis, Pedro Luis Uriarte mantiene la actitud rebelde frente al conformismo y hace oír de nuevo la voz para criticar como, ante el panorama económico mundial, la clase dirigente española se ha "instalado en la depresión" y expresa una confianza "mínima" en el futuro de España.
También se muestra contrario al modelo de austeridad elegido por la Unión Europea para afrontar la crisis, porque, en su opinión, "está comprometiendo el futuro del euro y la recuperación de la Europa enferma" en referencia a los problemas griegos, irlandeses, portugueses, etc. "Europa está entrando en una especie de círculo vicioso: se entra en un proceso de recesión, aumenta el paro, se incrementa el déficit público (porque disminuyen los ingresos y aumentan las prestaciones), disminuye el gasto público (para intentar reducir el déficit), lo que genera una nueva reducción del PIB y se vuelve a iniciar el ciclo".
La cuestión es saber si alguien, entre los políticos responsables de Madrid o Vitoria, va a ser capaz de alejarse de su conformismo para liderar la transformación que "exige un cambio del modelo económico y social trascendental". No es fácil. Muchos carecen de aptitud y otros, presuntamente preparados, son permisivos con los desmanes cometidos en los últimos años. Así, ahora, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Gobernador del Banco de España, tira balones fuera de su ámbito de responsabilidad respecto a las cajas de ahorro intervenidas tras la ruina provocada por sus ejecutivos que, eso sí, se han dotado de escandalosas indemnizaciones y fondos de pensiones cobrados al marcharse. "La CAM es lo peor de lo peor", afirmaba recientemente.
¿Cómo se pueden admitir y tolerar que los gestores que han arruinado muchas cajas españolas se marchen con suculentos premios monetarios? ¿Cuántos puestos de trabajo se hubieran creado con la millonada de euros que se han llevado? Paradójico e insultante, porque entre las funciones del Banco de España que dirige está "promover el buen funcionamiento y la estabilidad del sistema financiero" y "supervisar la solvencia de las entidades de crédito". Es decir que, como máximo responsable, Fernández Ordóñez tendría que haber trabajado para evitar que esa caja de ahorros u otras cayeran en el pozo sin fondo de la insolvencia.
Por último, una breve mención al inquilino de Ajuria Enea. Su actitud obsesiva con la "normalización" le mantiene anclado en un discurso silente sobre los problemas de empresas vascas, como el ERE en la Acería Compacta de Bizkaia o la agonía de Babcock. Tampoco se sabe nada de sus proyectos para intentar reactivar la economía vasca. Habla poco y, cuando lo hace, el señor López encubre las principales preocupaciones de los ciudadanos vascos con polémicas gratuitas, como inmiscuirse en las competencias de otras instituciones al querer llevar al Parlamento el debate fiscal; como valorar de forma unilateral el coste de ciertas duplicidades o como afirmar en sede parlamentaria (29 de septiembre de 2011) que "España paga las pensiones de los jubilados".