Ni los más visionarios de los tontos y tontas hubiese imaginado, ni en sus predicciones mas optimistas, un mundo en el que sus tonterías tuvieran tanta relevancia como en la actualidad.

Me cuentan que en la gira que ha dado un bocazas telepredicador de extrema derecha en algunas universidades, les vociferaba a los allí presentes lo de la meritocracia, dándose el caso de que la mayoría de los que le estaban escuchando, eran de futuro asegurado por el mérito que tiene de haber nacido en unas determinadas familias, y también les deleitaba con las explicaciones de que si no se tiene dinero es porque no quiere, “porque si dejaras de tomarte el pintxo y la cañita en el bar de la uni a media mañana en 3 años te puedes comprar ese descapotable al que le tienes echado el ojo, pero para eso se tienen que hacer sacrificios y la gente es muy cómoda y no los quiere hace”. 

Y sorprendentemente la gente le jaleaba y le aplaudía muy entusiasmada, aunque la estupidez que había dicho era de dimensiones colosales, pero para eso había que pensar un poco, algo que los muy escasos universitarios que habían acudido a su cita, lo deben tener como asignatura pendiente.

Y que demuestra que se puede ser inteligente para abordar una carrera universitaria pero muy tonto por hacer tonterías y creerte qué por ahorrarte 3.000 euros en 3 años en pintxos y cañas, te puedes comprar el coche de tus sueños.

Son datos como estos por lo que decía que la tontuna ha alcanzado cotas en la sociedad inimaginables, incluso llegando a la universidad e infravalorando, algo que es muy habitual cuando los más inútiles, engreídos y mediocres de la sociedad hacen acto de presencia.