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Rubio de bote

Patxi Irurzun

Curling

CurlingMichael Kappeler

Una de las imágenes más llamativas que dejaron los pasados Juegos Olímpicos de Invierno sucedió durante un partido de curling entre las selecciones de Suecia y Canadá, en el que uno de los jugadores fue acusado de hacer trampa. ¿Qué trampa?

Ni idea, porque desconozco absolutamente la dinámica y las reglas de este deporte, una especie de petanca sobre hielo en la que un jugador desliza sobre la pista un chirimbolo al cual van acompañando en su desplazamiento otros dos individuos con unas mopas que frotan con más o menos intensidad, supongo que para acelerar o frenar, según convenga, el movimiento de dicho chirimbolo. 

Mi ignorancia sobre el curling no impide, sin embargo, que uno de mis sueños sea montar junto con algunos amigos un equipo en Navarra, donde, si no me equivoco, no hay ningún club que participe con esta modalidad en competiciones oficiales. Con lo cual, solo con apuntarse uno ya se proclama automáticamente campeón de la Comunidad.

Me imagino viajando después a los campeonatos de España para jugar, por ejemplo, contra Los Compadres de Málaga, quienes, a juzgar por el nombre, parece ser que se nos adelantaron con la ocurrencia, o a disputar partidos amistosos internacionales, invitados por la Federación de Canadá, donde el curling es considerado deporte nacional. Puede incluso que hagan una película sobre nosotros, como aquella titulada Cool Runnings, que contaba la historia real de la selección jamaicana de bobsleigh, es decir, de trineo, en un país en el que no ha caído un copo de nieve en la vida

Al "chirimbolo" se le conoce como 'stone' o 'rock'.

Claro que no creo que sea tan sencillo, ni que antes no lo haya intentado nadie (de hecho, según me chiva ahora Google, existe algún club de deportes de invierno en Navarra que, ¡mecachis!, ya ha llevado a cabo en alguna ocasión actividades promocionales del curling). Supongo también que mantener un equipo de un deporte tan minoritario como este requerirá un patrocinador, y que uno acabará agotado de llamar a las puertas de Congelados Martínez de Quel, Helados Larramendi, la embajada de Groenlandia o el Ayuntamiento de Yelo

Mi sueño, pues, se desvanece, como tantos otros, dejando en el aire un montón de interrogantes: ¿Hay un Messi del curling? ¿Se lesionan los jugadores de este deporte? ¿Después de los partidos dicen en las entrevistas “El curling es así”? ¿Los partidos se pierden siempre por culpa de los árbitros? ¿Hay árbitros? ¿La mitad de los canadienses son seleccionadores nacionales? Y, sobre todo: ¿todavía queda alguien que utilice la expresión mecachis?...