Tras escuchar al cantante portorriqueño que suena como un afilador de los de antes, observo divertido a la derechona muy y mucho española que, tras mostrar admiración por el españolismo de la fiesta norteamericana por excelencia, la Super Bowl, deporte que no consigo descifrar, tuvo que escuchar disgustada a su ídolo D. Trump poner a parir la juerga “por su españolidad, porque no se entendió nada y por repugnante”. Si sabiendo castellano no se entiende, a saber qué comprendió el americano. Desde lo de Venezuela, que les gustó, y lo de Dña. Delcy, que no les gustó, la española derecha ya no sabe si D. Trump es su jefe o su contrario.

Entretanto sigo la evolución estratégica y dialéctica de sus némesis, las gentes de Podemos. Resulta que, tras pactar PSOE y PNV la modificación del decreto antidesahucios para no incluir a propietarios de una vivienda en alquiler, salieron en tromba las dos jefas del partido al que la izquierda les parece poco: Dña. Belarra vociferó que el acuerdo era “criminal” y que mostraba “asco absoluto” sobre el mismo y Dña. Montero pontificó que con ese acuerdo “si gobiernas dando la razón a la derecha, luego no te extrañes cuando ganen”. Solo dos días después, la mismísima Dña. Montero dijo que iban a votar a favor de la medida. Me imagino a los seguidores Podemitas aturdidos tras 48 horas en las que pasaron de tener asco a un acuerdo político a decidir apoyarlo cuando resultaba que, según sus propias jefas, daba la razón a la derecha.

Vistos los extremos, donde la derecha no sabe si Trump es su líder o un adversario que repugna la hispanidad, y que en la izquierda no disciernen si los decretos asquean o hay que aprobarlos, parece que lo mejor es quedarse por el centro, donde parece que las contradicciones y los insultos son menores.