LA compra de votos en Melilla y localidades de Almería y Murcia es también la venta de votos de melillenses, almerienses y murcianos. Parece una obviedad, pero no lo es porque para que alguien compre alguien tiene que vender. Y si grave es lo primero, corromper el sistema democrático hasta el punto de pagar por papeleta, lo segundo no lo es menos. Dejar que otra persona decida por ti en unas elecciones es, sencillamente, prostituirse tal y como define el román paladino: “hacer un uso deshonroso de la autoridad generalmente para obtener dinero u otro beneficio”. No hay nada más que decir.