La corrupción tiene muchos y diversos efectos colaterales. Uno de ellos, en absoluto banal, es que sobrealimenta el creciente descrédito de las instituciones sean estas cuales sean, es decir, no exclusivamente las políticas. Ahora estamos viendo los casos del Barcelona y el vicepresidente de los árbitros y el de altos mandos de la Guardia Civil dentro del caso Mediador. No es solo que la corrupción política y económica pura esté casi asumida, es que ya si quienes deben ser neutrales y garantes de las normas como los árbitros y los policías nos traicionan y roban, poco queda en lo que confiar.
- Multimedia
- Servicios
- Participación