Un Athletic para el futuro

15.05.2022 | 00:50

Uno, como tantos miles, es del Athletic desde que nació. No tiene más mérito siendo además de Bilbao y gustándole el futbol, aunque parezca que a veces el deporte y el equipo, el futbol y el Athletic, sean contradictorios, sobre todo después de las dos últimas finales y de los finales de las últimas temporadas. No tanto por perder, sino por autolimitarse, por no poner toda la carne en el asador, por no competir.

No obstante, puede que a lo largo de nuestra vida cambiemos de trabajo, de coche, de mascota, de casa, de voto, de pareja, pero nunca dejaremos de ser del Athletic. Y es que es una emoción, un sentimiento muy profundo, que además nos viene de lejos - lo vamos transmitiendo por generaciones- y nos hace sentir, aunque tengamos muchos decenios a cuestas, eternamente niños. Esto, me dirán, que no es original, que también ocurre con todas las aficiones del mundo. Pero estarán conmigo, en que aquí lo insólito es que los que han jugado, juegan o jugaran, han sido, lo son o serán, nuestros familiares, amigos o vecinos. ¿Ocurre esto en algún equipo profesional de primer nivel en cualquier deporte en el mundo?

Uno que es de finales de los cincuenta del siglo pasado y que vivió de chaval cerca del Ayuntamiento de Bilbao, recuerda cómo iba con la cuadrilla a ver el recibimiento al Athletic y cómo salía el equipo a saludar - ahora mismo les estoy visualizando a Iribar, Sáez, Etxeberria, Aranguren, ...- mostrando la Copa recién conquistada; y lo que hacíamos al final del acto era quedar con otras cuadrillas para el año siguiente en el mismo sitio, ya que ver al Athletic campeón nos parecía lo más natural del mundo.

El futbol, que apareció por estos lares a finales del siglo XIX como un juego entre amigos, tan sencillo como entretenido, en el que podían jugar chicos grandes y pequeños, chavales lentos y rápidos -Albert Camus, premio Nobel de literatura y guardameta en sus tiempos mozos, decía que un hombre no se podía sentir mejor que en un estadio- se fue complicando con el paso de los años. Con el profesionalismo, con las normativas permisivas con jugadores de otras galaxias, con el manejo ilimitado de fondos, con los peculiares repartos del maná televisivo, con los representantes, con los comisionistas, con la amenaza de una superliga europea, con la irrupción de fondos de inversión, ...

Y en este contexto se mueve un club tan singular que sigue jugando en plan romántico, enfrentándose a selecciones mundiales, con las armas de los sentimientos, en un deporte que perdió hace mucho las esencias de la sana competición. La financiarización de la economía, el cortoplacismo, la prevalencia del objetivo crematístico, el fin que justifica los medios, ... son características del mundo actual y el futbol, visto como una gran caja registradora que mueve miles de millones, no queda ajeno a esta visión.

Ante este panorama y como en breve tendremos cambio de directiva, me atrevo como athletizale, a realizar unas sugerencias.

La primera que, aunque me encantaría que todo el Athletic fuese del Casco Viejo como Pichichi y con 64 apellidos vascos como presumía su tío Unamuno, considero que hay que seguir contando en exclusiva con los nuestros siempre que den el nivel que exige ser competitivo en un deporte de élite y si no hay que ir abriendo gradualmente el abanico sin por ello perder la preponderancia de la filosofía de cantera. La competencia espabila, mejora la producción y ajusta los costes.

La segunda, que fijemos a la consecución de objetivos no solo personales sino de equipo (títulos, puesto en liga, participación en competiciones europeas, ...) el cobro de los emolumentos de los jugadores (cuantiosos para el común de los mortales).

Me encanta la filosofía. La palabra viene del griego y etimológicamente significa amor por la sabiduría. Aunque algunos dicen que es algo inútil, sirve para abrir la mente, para tener pensamiento crítico, para poder cambiar de opinión de una forma razonada y educada. Y en definitiva es lo que propongo, que vayamos adaptando nuestra peculiar filosofía a los nuevos tiempos. Que seamos ambiciosos. No me quiero conformar con seguir simplemente transitando en primera división. Quiero volver a ser niño, volver a ver a un Athletic campeón (o al menos que lo intente de verdad) y poderlo compartir con los hijos y con los nietos. A un equipo que se deje la piel, no solo con los más grandes sino con todos. A unos profesionales que estén dispuestos a no exigir cobrar por encima de su valor de mercado.

Por último, si queremos seguir otros 125 años en la élite, saliendo de la mediocridad y no dejar escapar títulos sin jugarlos, deberíamos generar ilusión como una empresa moderna, con Planificación Estratégica y Planes de Acción. La mejor afición del mundo se lo merece. l

* Analista

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